MIAMI.-BELÉN GONZÁLEZ
@mbelengg
Especial
El daño de ciertas células cerebrales provoca este trastorno del movimiento que afecta a más de un millón de estadounidenses
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El parkinson es un trastorno degenerativo del sistema nervioso central que afecta el movimiento muscular, y se caracteriza por la aparición de temblores, rigidez y problemas de equilibrio. Se trata de una condición crónica y progresiva, que se inicia por lo general a partir de los 55 años de edad y que afecta a más de 10 millones de personas en el mundo.
Datos de la Fundación para la Enfermedad de Parkinson de Estados Unidos indican que en el país existen alrededor de un millón de personas con este trastorno, y que anualmente, se confirman unos 60 mil nuevos diagnósticos. Aunque afecta por igual a ambos sexos, las estadísticas muestran además una prevalencia mayor en el caso de los hombres.
Ciertamente se desconoce el origen exacto de este trastorno del movimiento también llamado mal de parkinson o enfermedad de parkinson. Se ha establecido un nexo, en algunos casos especialmente en los de inicio temprano cuando la enfermedad se hace presente antes de los 50 años de edad, con ciertas mutaciones genéticas específicas, pero no se le considera una enfermedad de carácter hereditario.
Investigaciones recientes indican que se trata de la suma de una cierta predisposición genética con determinados factores medioambientales. De hecho, se considera que los radicales libres funcionan como desencadenantes por su capacidad para destruir algunas células nerviosas.
Y es que la enfermedad de parkinson se produce cuando se dañan o mueren las células nerviosas, o neuronas, localizadas en el área cercana a la base del cerebro llamada “sustancia negra”, donde se produce la dopamina, mensajero químico responsable de transmitir información necesaria para que se produzca el movimiento.
Más que descontrol
Este trastorno neurodegenetarivo se caracteriza por la presencia de cuatro síntomas principales. En primer lugar está el temblor rítmico, usualmente hacia adelante y hacia atrás, con una velocidad de entre cuatro y seis latidos por segundo, que suele comenzar en una mano, en un pie o en la mandíbula.
El segundo de estos síntomas es la rigidez o resistencia al movimiento, caracterizado por la presencia de músculos tensos y contraídos que provocan dolor. Luego está la bradicinesia, como se conoce a la disminución del movimiento espontáneo y automático con el que realizamos las actividades cotidianas como el aseo personal, y que provoca además una disminución de las expresiones faciales.
Y finalmente, el cuarto de estos síntomas principales es la inestabilidad postural o deterioro del equilibrio, que provoca un encorvamiento de la persona y las caídas frecuentes. Estas señales de la enfermedad se inician por lo general en un lado del cuerpo y pueden ser muy sutiles, pero avanzan inoxeroblamente con el paso del tiempo.
Los pacientes con parkinson suelen desarrollar además otros síntomas asociados con el deterioro neuronal como: depresión; cambios emocionales, que van desde el miedo y la inseguridad hasta la irritabilidad; dificultad para tragar y masticar; cambios en el habla: problemas urinarios o de estreñimiento; insomnio; demencia u otros problemas cognitivos; hipotensión ortostática como se conoce a la caída súbita de la presión arterial que se produce cuando una persona se pone de pie tras estar acostada o sentada; calambres musculares y distonía; dolor en músculos y articulaciones; fatiga y disfunción sexual.
Paliando los síntomas
Si bien no existe una cura para el parkinson, la expectativa de vida promedio de los afectados es el mismo que para quienes no la padecen, y la enfermedad, responde de forma positiva a varios tratamientos.
En primer lugar, está el apoyo farmacológico con tres categorías de medicamentos: los que permiten aumentar el nivel de dopamina en el cerebro, los que actúan sobre determinados neurotransmisores, y los que controlan los problemas no motores relacionados con este trastorno, como los antidepresivos.
Están también las técnicas quirúrgicas desarrolladas en las últimas décadas, especialmente la palidotomía y talamotomía. La primera mejora considerablemente el temblor, la rigidez y la bradicinesia, mientras que la segunda, permite el control del temblor excesivo, atacando directamente el tálamo.
Otra opción de tratamiento es la estimulación cerebral profunda a través de la implantación de un electrodo para bloquear las señales que causan los síntomas motores, un procedimiento aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos. Adicionalmente resultan muy útiles las terapias de apoyo como las técnicas fisioterapéuticas, ocupacionales y de lenguaje, así como una dieta balanceada, el ejercicio regular, los masajes, el yoga y la acupuntura.
