MIAMI. – Mientras se prepara para subir al escenario del Jersey City Jazz Festival, donde se presentará el 30 de mayo a las 4:00 p.m., Melvis Santa repasa una trayectoria marcada por cambios constantes. La fundadora de Sexto Sentido y exintegrante de Interactivo reconoce que abandonar una carrera consolidada en Cuba para comenzar desde cero en Nueva York fue una de las decisiones más difíciles de su vida, pero también una de las más transformadoras.
De La Habana a Nueva York: la reinvención artística de Melvis Santa
La fundadora de Sexto Sentido y exintegrante de Interactivo repasa el camino que la llevó de La Habana a Nueva York, habla sobre los desafíos de comenzar de nuevo lejos de Cuba y comparte los proyectos con los que continúa explorando nuevas fronteras musicales.
La músico habanera llegó por primera vez a Estados Unidos a través de Miami acompañando a Interactivo y a Roberto Carcassés. Aquel viaje le permitió encontrarse con una comunidad cubana que hasta entonces conocía únicamente desde la distancia.
“Tenía mucha expectativa, no sabía con quién me iba a encontrar, pero sí quería conectar con el público”, recuerda durante una entrevista concedida a DIARIO LAS AMÉRICAS en u mas reciente visita al sur de Florida, “Fue mucho amor, mucha energía. Yo sentí que esta era una ciudad donde me gustaría regresar”.
Sin embargo, cuando llegó el momento de emigrar, eligió un destino distinto al que suelen escoger muchos cubanos.
“Fue una historia de amor”, explica. “Pero además me gusta mucho la música jazz y quería estar en esa ciudad para poder aprender, estudiar de cerca y conocer otra parte de la diáspora cubana”.
La decisión implicó dejar atrás una trayectoria profesional reconocida para aventurarse en un entorno completamente nuevo.
“Si ya voy a dejar mi tierra, si voy a dejar mi gente y lo que estoy acostumbrada, mejor lo hago todo de una vez y empiezo por lo más difícil”, afirma.
Aquella apuesta vino acompañada de incertidumbres, desafíos y momentos de adaptación.
“No fue para nada fácil”, reconoce. “Pensar que todo se pierde de alguna manera, pero no. Es una nueva puerta que se abre”.
Más allá de la dimensión profesional, la intérprete describe el proceso como un aprendizaje personal.
“Lo lindo también está en encontrar la paciencia, en darte la oportunidad de explorar, de estar incómoda para poder crecer y tener más oportunidades”.
Según explica, el principal reto no fue demostrar sus capacidades musicales, sino encontrar la manera de reconstruir espacios que antes había conquistado.
“Es un choque emocional. Tú no dudas de ti, pero tienes que encontrar una manera que nunca has tenido que usar”.
Uno de los momentos que marcó esa transición ocurrió cuando se presentó por primera vez en Minton’s Playhouse, histórico club considerado uno de los lugares fundamentales en el nacimiento del jazz moderno.
“Cuando uno está formando parte de un nuevo contexto cultural, algo se activa, algo se despierta”, comenta. “Entonces entiendes que no debes llorar por lo que ya no es, sino integrarte y formar parte de esa nueva realidad”.
Mucho antes de aquella experiencia, Santa ya había construido un nombre dentro de la música cubana gracias a Sexto Sentido, agrupación nacida durante sus años de formación académica y convertida posteriormente en referencia para varias generaciones.
Cuando se le pregunta qué palabra resume esa etapa, responde sin vacilar: “originalidad”.
La cantante recuerda que el proyecto surgió de forma espontánea, sin estrategias comerciales ni objetivos empresariales.
“No hubo intención de crear un producto. Fue todo espontáneo”, relata. “Éramos naturalmente cuatro amigas que nos encantaba cantar, reírnos y hacer todo tipo de maldades juntas”.
Lo que comenzó como una actividad escolar dio un salto decisivo en 2001, cuando el cuarteto obtuvo el primer premio en el concurso JoJazz y pasó a trabajar bajo la tutela del maestro Chucho Valdés.
“Tuvimos la oportunidad de viajar, grabar y conocer muchos artistas internacionales. Eso nos abrió muchísimas puertas”.
Con el paso del tiempo aparecieron nuevas inquietudes creativas que terminaron llevándola a Interactivo, una de las agrupaciones más innovadoras de la escena musical cubana contemporánea.
“Dinamismo”, responde cuando intenta definir esa otra época.
La vocalista considera que Roberto Carcassés desempeñó un papel fundamental en su evolución artística.
“Roberto siempre fue un gran mentor”, asegura. “Abría espacio para voces diferentes y te obligaba a descubrir cosas que quizás ni tú misma sabías que tenías”.
A diferencia del trabajo colectivo que caracterizaba a Sexto Sentido, aquella experiencia le permitió desarrollar una voz propia como creadora.
“Me ayudó a explorar mis posibilidades individuales. A entender qué tenía para decir por mí misma”.
Hoy, más de una década después de establecerse en la Gran Manzana, asegura encontrarse en uno de los momentos más fértiles de su recorrido.
“Uno no debe sentirse como que ya llegué o que ya hice”, afirma. “Para mí es importante mantenerme curiosa y seguir empujando nuevas ideas”.
Esa filosofía quedó reflejada en Jazz Orishas, álbum publicado en 2024 gracias a una beca otorgada por el Estado de Nueva York destinada a respaldar a mujeres independientes vinculadas a las artes.
“Fue una gran oportunidad porque me permitió reunir a músicos con los que siempre quise tocar y escuchar mis composiciones desde otras perspectivas”.
Disponible en plataformas digitales, la producción fusiona elementos de la tradición afrocubana con el lenguaje del jazz contemporáneo.
“Encontré un sonido que me identifica. Y eso es algo maravilloso”.
La propia compositora considera la grabación como una especie de testimonio de la evolución experimentada desde que inició su vida fuera de Cuba.
“Es el testamento de esa evolución, de esa conexión”, explica.
La agenda actual de Santa también incluye Gata Jazz, un trío integrado por la cubana al piano, una baterista dominicana y una bajista estadounidense. Aunque proceden de contextos distintos, las tres comparten raíces caribeñas y una experiencia común como mujeres dedicadas a la música en Nueva York.
El nombre del proyecto surge de la expresión inglesa jazz cat, utilizada tradicionalmente para referirse a músicos vinculados a ese género.
La propuesta combina composiciones originales con arreglos inspirados en creadoras latinoamericanas que, a juicio de la artista, merecen una mayor visibilidad. Entre ellas figuran Mayra Caridad Valdés y Merceditas Valdés, esta última ligada a recuerdos familiares muy especiales.
“Mi abuela era peinadora y Merceditas iba a peinarse con ella”, recuerda. “Son historias que forman parte de mí y que ahora vuelven convertidas en música”.
La presentación en el Jersey City Jazz Festival forma parte de esa etapa de constante actividad artística, que combina actuaciones, proyectos educativos y nuevas propuestas creativas.
Paralelamente, ha impartido clases de piano, trabajó en el Conservatorio de Brooklyn y ha desarrollado iniciativas culturales dirigidas a niños, jóvenes y adultos con el propósito de acercar la música cubana a nuevas audiencias.
Toda esa experiencia acumulada también influye en su visión sobre la realidad actual de la isla.
“He tenido el privilegio de viajar por todo el mundo y ver diferentes situaciones económicas y sociales”, comenta. “Lo que me pasa con Cuba es que siento que hay un estancamiento tan grande”.
A su juicio, el país necesita una mayor apertura y una integración más profunda con el resto del mundo.
“¿Por qué no podemos integrarnos al mundo?”, se pregunta. “Hay que abrirse, hay que integrarse. No se puede estar de espaldas al mundo”.
La habanera considera que ningún crecimiento auténtico puede producirse sin asumir cambios profundos.
“No se puede tapar el sol con un dedo. La transformación es necesaria”.
Pese a las dificultades, mantiene una mirada optimista.
“Con tanta energía y con tanto que se ha puesto en favor de esa evolución que todos buscamos, siento que sí, que va a pasar”, asegura.
Y concluye con una frase que resume tanto su historia personal como su visión de futuro sobre la libertad de la tierra que la vio nacer.
“Está más cerca”.
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