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Miami Beach

El año que Miami Beach cerró sus playas

Pandemia, cierre de hoteles y negocios, protestas, ese es el panorama en la ciudad balneario en 2020
Por CÉSAR MENÉNDEZ

MIAMI.- La Ciudad Balneario, con una población de 91.000 personas, comenzó el año haciendo gala de su buena salud económica, con un superávit en el presupuesto de 16.4 millones de dólares. Sus negocios habían proliferado, se habían construido nuevos parques y seguía estando entre los destinos preferidos de los turistas de todo el mundo.

Sin embargo, en el discurso de Fin de Año 2019, el alcalde Dan Gerber fue algo premonitorio cuando, hizo suyas las palabras pronunciadas por John Roberts, presidente del Tribunal Supremo, años antes en una graduación de estudiantes de secundaria, y dijo: “Espero que les traten injustamente, para que lleguen a conocer el valor de la justicia. Espero que sufran una traición, porque eso les enseñará la importancia de la lealtad. Lamento decirlo, pero espero que se sientan solos de vez en cuando para no dar por sentado a los amigos. Les deseo nuevamente mala suerte a veces, para que sean conscientes del papel del azar en la vida y comprendan que su éxito no es del todo merecido y que el fracaso de los demás tampoco es del todo merecido. Y cuando pierdan, como lo harán de vez en cuando, espero que de vez en cuando, sus oponentes se regodeen por sus fracasos. Es una forma de comprender la importancia de la deportividad. Espero que les ignoren para que conozcan la importancia de escuchar a los demás, y espero que tengan el dolor suficiente para aprender a ser compasivos. Tanto si deseo estas cosas como si no, sucederán. Y si se benefician de ello o no, dependerá de su capacidad para ver el mensaje en las desgracias”.

Pues el año 2020, le trajo a la ciudad bastantes desgracias, soledad, fracaso, mala suerte y una enfermedad que puso a prueba sus límites.

En febrero, el debate de los políticos de Miami Beach era alrededor del horario de la venta de alcohol en Ocean Drive, querían revisar el referendo de 2017 en el que los votantes rechazaron con fuerza limitar la venta de alcohol hasta las 2.00am. Todo transcurría con normalidad.

El 28 de febrero de 2020, el alcalde de la ciudad observaba que, aunque no había ningún caso de coronavirus en Miami-Dade, “una ciudad como Miami Beach, que recibe millones de visitantes cada año, debe estar alerta ante el desafío sanitario que constituye la amenaza del COVID-19. Sería irresponsable asumir que seremos perdonados”.

Otra preocupación de la Ciudad era la temporada de influenza, que se extiende de enero hasta la primavera, “Sobre todo porque los síntomas de la gripe y el coronavirus son similares”, explicaba Gelber.

El 6 de marzo, Miami Beach trabajaba con normalidad. El alcalde confesaba que estaban monitoreando de cerca el COVID-19 y que la ciudad estaba en constante comunicación con los funcionarios de atención médica y de manejo de emergencias locales y federales.

Explicaba que, a esas alturas y con los datos que se tenían a disposición, Miami Beach no prohibía los eventos comunitarios ni cancelaba las reuniones. “Sería difícil seguir ese camino sin el asesoramiento informado de los profesionales. ¿Cancelamos todos los eventos de la arena donde se reúnen grandes grupos de personas, tenemos que suspender los juegos de baloncesto de la NBA o todos los conciertos en Arsht o Fillmore? ¿Qué pasa con los cines y las escuelas públicas? ¿Cerramos hoteles y restaurantes, que reciben diariamente decenas de miles de visitantes? Nuestra toma de decisiones debe basarse en la experiencia en atención médica y manejo de emergencias. El pánico no debería ser parte de nuestro libro de jugadas”.

Sin embargo, el 18 de marzo el alcalde declaró el Estado de Emergencia y reconocía el desafío que tenían por delante. “Si hay una comunidad que no está familiarizada con el distanciamiento social, es la nuestra. Toda nuestra industria hotelera está diseñada para alentar el baile, los abrazos y las reuniones en lugares importantes, sin distanciarnos unos de otros”.

Pero el edil dejó claro que toda esa forma de comportamiento en la ciudad debía cambiar. “Este virus es mortalmente serio y debemos responder de la misma manera”.

La Ciudad cerró las playas y todas las instalaciones de los parques de recreación incluida las piscinas. Solo se permitía el uso de las áreas al aire libre. Se prohibieron las reuniones de diez personas o más. Se exigió el cierre de todos los centros de terapia de masajes y spas, incluidos los gimnasios y centros de fitness, de conformidad con la Orden de emergencia 03-20 del condado de Miami-Dade.

“Nuestra ciudad ha cerrado muchas de las formas en que nos conectamos entre nosotros. Los restaurantes, bares, todos nuestros lugares de entretenimiento y clubes de salud ya no estarán abiertos para reuniones públicas. Y cualquier reunión al aire libre, incluso en nuestras hermosas playas o en nuestros fabulosos parques, debe ser de menos de 10 personas”, sostenía Gelber en marzo.

A la vez instó, “aunque los restaurantes están cerrados, se puede comprar comida para casa. Y de esa forma ayudar a los negocios locales”.

Gelber advertía que debían “esperar que promulgaran aún más medidas en los próximos días y semanas”.

El día 20 marzo dio la orden de cerrar todos los hoteles y se impuso un toque de queda de 12.00 de la noche hasta las 5 am. “Por favor, quédese en casa”, esa era el mandato.

El 26 de marzo, cuando en Miami-Dade se registraron los primeros fallecidos por coronavirus, se anunciaba la apertura de los primeros centros de pruebas en Miami Beach, mientras se ordenaba la suspensión del transporte público.

El 31 de marzo se cerraron todas las piscinas y los gimnasios dentro de los condominios privados.

En abril, ante el aumento del número de casos, la ciudad y el cuerpo de ingenieros del ejército comenzaron la preparación para levantar un hospital de emergencia en el Centro de Convenciones de Miami-Beach.

Ocean Derive Miami Beach

Vista parcial de Ocean Drive, en Miami Beach, con hoteles y locales comerciales cerrados.

Ya en esta época había 3.000 casos en el condado y 24 personas habían fallecido.

El 4 de abril, Miami Beach instó a los dueños de pequeños negocios a solicitar los programas de ayudas PPP, creados por el Gobierno federal para aliviar los daños de la pandemia.

El día 7 de abril se llamó a llevar mascarillas “cuando se visiten los locales comerciales tanto los trabajadores y clientes” y dos días después era obligatorio en los transportes públicos y taxis.

La Ciudad, que tiene un presupuesto operacional de 669 millones de dólares anuales, comenzó a verse afectada financieramente, empezó a perder unos 3.6 millones semanales en concepto de parking, impuestos por estancia en los hoteles, servicios de agua y otras mermas.

A finales de abril, abrieron los parques para que las personas pudieran caminar y pasear. Seguían las restricciones de practicar ejercicio.

El 20 de mayo, comenzó la Fase 1 de reapertura. Los hoteles y negocios podían abrir, excepto los restaurantes, que lo harían una semana después. Se exigía el uso de mascarilla, distanciamiento social, se limitaba el aforo a los locales comerciales al 50%, entre otras medidas restrictivas. Hasta la fecha habían perecido en el condado 589 personas debido a la pandemia.

El 28 de mayo comenzaron las protestas en muchas ciudades del país, incluida Miami Beach, por la muerte en Minneapolis de un hombre afroamericano identificado como George Floyd que falleció a manos de un policía. Lo que causó que se pospusiera la reapertura de las playas una semana más.

Finalmente, se abrieron las playas y se levantó el toque de queda. Una medida muy bien recibida por el sector turístico, muy afectado por el COVID-19 y que constituye uno de los principales motores económicos de la ciudad.

Sin embargo, en junio se experimentó una subida brutal en el número de casos. Lo diferente era que la mayoría de los nuevos infectados eran jóvenes. La edad promedio de los hospitalizados bajó hasta los 39 años.

El alcalde Gelber hizo un llamado a los jóvenes a que cumplieran las medidas creadas por el Centro de Control de Enfermedades para prevenir el virus, además de conminarles a examinarse de COVID.

A finales de junio, el uso de máscara era obligatorio en todo el municipio. Estas medidas comenzaron a dar fruto con la entrada del verano.

En octubre, los casos de contagio se estabilizaron e incluso comenzaron a descender.

El año de la pandemia cambió el rostro de la ciudad balneario. Sus calles se vaciaron, sus hoteles se quedaron sin huéspedes, los múltiples negocios de la ciudad apagaron sus luces y quedaron a la espera de tiempos mejores. La “mala suerte” deseada por el gobernador a la ciudad en su discurso de fin de año, “para que supieran valorar el papel del azar en la vida”, tiene que haberles enseñado a todos los vecinos que el infinito mar azul, el eterno sol, la hermosa arquitectura, la música y el estilo de vida de la ciudad es una bendición divina.

cmenendez@diariolasamericas.com
@menendezpryce

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