Llegaron las primarias al estado de la Florida y sucedió lo que algunos habíamos anunciado, no porque nos agradara, sino porque saltaba a la vista si se examinaban fríamente los datos.  Donald Trump se impuso de manera apabullante sobre Marco Rubio y, gracias a esa circunstancia, arrojó al joven senador fuera de la carrera por la nominación. 

A fin de cuentas, si Rubio no podía garantizar ni siquiera el apoyo de su estado es porque no tenía la menor probabilidad de conseguir el de otros de relevancia. Hubiera podido seguir en el pugilato por la nominación, pero sin la menor posibilidad de imponerse. 

Contra Rubio se han lanzado motivos de descrédito en el curso de los meses anteriores. En algún caso, como el de su juventud, los ataques eran absurdos siquiera porque a su edad JFK llegó a la Casa Blanca.  En otros, como al señalar su poca concreción o su visión de la política internacional, podían resultar más sólidos. 

Sin embargo, en realidad, Marco Rubio se ha caído de la confrontación por otro tipo de razones. La primera es que el bushismo y todo lo asociado con él está acabado políticamente.  Si no ha permitido mantenerse en pie al mismísimo Jeb Bush que era el heredero natural, menos iba a servir a Marco Rubio.  El bushismo comenzó a morir, muy posiblemente, cuando, durante su presidencia, estalló una pavorosa crisis económica y ha seguido su agonía a medida que la nación no ha logrado salir de Afganistán ni de Irak.  Dado el mal registro que dejó George W. Bush, salvo en algunos lugares como Texas, nada parece indicar que pueda resucitar su visión.  Si acaso irá enterrando, poco a poco, a sus partidarios. 

La segunda razón es que el partido republicano no renuncia a confirmar la desastrosa línea seguida por Romney de considerar a los hispanos como gente de segunda fila, cuyo voto es casi, casi prescindible.  Puestos a elegir entre un personaje como Donald Trump – que no es precisamente un amigo de los hispanos – o un cubanoamericano como Rubio, los votantes republicanos se quedan con el primero hasta en Florida. 

No lo hacen sólo los blancos y anglosajones. También siguen esa línea no pocos hispanos que, poseedores ya del pasaporte norteamericano, ansían cerrar la puerta por la que ellos entraron a los que se acercan al sueño americano. 

Finalmente, hay que referirse a una tercera razón y es el extremismo que desde hace tiempo se ha apoderado del Partido Republicano empujándolo a la crisis que sufre en la actualidad.  Rubio no es precisamente un centrista ni un moderado, pero, dentro de la creciente radicalización del partido republicano, parecía pálido y desvaído cuando se lo comparaba con un vociferante Trump.  Resultaba demasiado educado y cortés, demasiado humilde y amable como para gustar a los votantes de las primarias.  Así, a fin de cuentas, Rubio ha caído víctima de una crisis que está causando un inmenso daño al Partido Republicano, tanto que no son pocos los que entre sus votantes y sus políticos comienzan a mirar a Hillary Clinton como una alternativa más que deseable frente a Trump.     

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

Deja tu comentario