Es una cuestión que no parece tener una solución positiva a corto y mediano plazo. Trump trancó las fronteras, en especial con México. No hay inmigración ilegal. Es cierto. Pero eso no resuelve la profunda crisis humanitaria que impulsa la inmigración.
La cuestión de los inmigrantes
Millones de venezolanos han emigrado. No por buenas razones sino por malas
En Europa occidental la situación es más grave. En varios países hay una declinación del índice de natalidad. Los trabajos de menor escala se suplen con inmigrantes. Según las proyecciones de la ONU en Nigeria habrá un millardo de personas en el año 2050. Si eso es cierto, ¿Cómo se evita una inmigración avasallante hacia Europa?
La respuesta teológica de la Iglesia es verdadera. Pero el drama continúa. Además, las naciones históricas de Europa no quieren la inmigración porque estiman que perderán su identidad nacional.
Todo ello es una fragua para los extremismos ideológicos y para el apoyo de las políticas derivadas.
Millones de venezolanos han emigrado. No por buenas razones sino por malas. No se ha escuchado con fuerza la denuncia internacional al respecto. ¿Por qué? ¿No tenemos el mismo valor humano de los que llegan a las islas mediterráneas de Italia?
La cuestión debe plantearse con realismo. En el fondo es una tragedia social y cultural. Y esta cuestión no debe ser atendida como la lavada de manos de Poncio Pilatos, o con conferencias y declaraciones hermosas. No.
Debe ser encarada como un desafío a la paz. Ya la humanidad tiene muchos riesgos en el presente. La cuestión de la inmigración es esencial para despejar el futuro.
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