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Análisis

Puntos de confluencia geográficos: habilitadores en la paz, estranguladores en la crisis

La vulnerabilidad de estos puntos se manifiesta hoy a través de tres dimensiones: la seguridad militar, la estabilidad climática y la resiliencia logística

Por LEONARDO QUIJARRO SANTIBÁÑEZ

Comercio marítimo global y puntos de estrangulamiento estratégicos

La globalización, ese fenómeno que a menudo imaginamos como una red etérea de datos y satélites, descansa en realidad sobre una base material sorprendentemente vulnerable: los océanos. El 90% del comercio mundial se mueve por mar, y ese flujo masivo de energía, alimentos y manufacturas depende de una serie de pasajes estrechos conocidos como chokepoints o puntos de estrangulamiento; puntos de confluencia naturales o construidos por el hombre, cuya disponibilidad es esencial para el normal tráfico marítimo mundial.

En estos nodos geográficos se podría hacer la analogía de que son los tendones que mantienen unido el cuerpo de la economía global. En tiempos de estabilidad, actúan como habilitadores, optimizando rutas y reduciendo costos; sin embargo, en tiempos de fricción geopolítica o de crisis, se transforman en estranguladores, capaces de paralizar naciones enteras y desencadenar crisis inflacionarias globales.

Importancia geopolítica de los estrechos marítimos

Un chokepoint no es solo un accidente geográfico; es un centro de gravedad geopolítico. El Canal de Suez, el Estrecho de Ormuz o el Estrecho de Malaca no son simplemente rutas; son palancas de poder. La historia reciente, en el Mar Rojo, nos ha recordado con una asombrosa crudeza que la libertad de los mares es un concepto frágil.

Factores actuales de riesgo en los chokepoints

La vulnerabilidad de estos puntos se manifiesta hoy a través de tres dimensiones: la seguridad militar, la estabilidad climática y la resiliencia logística. Cuando uno de estos aspectos falla, el efecto dominó es inmediato. Lo vimos con el encallamiento del Ever Given en 2021, y lo vemos hoy con la amenaza que han planteado los hutís en el Mar Rojo.

Disrupciones recientes en el Mar Rojo

La situación en el Estrecho de Bab el-Mandeb es un caso de estudio sobre cómo actores no estatales pueden desafiar el orden mundial. Los ataques hutíes han forzado a las principales navieras a evitar el Mar Rojo, desviando el tráfico alrededor del Cabo de Buena Esperanza.

Este desvío no es solo una cuestión de evitar llegar tarde; implica añadir 10 días de navegación y un incremento masivo en el consumo de combustible y emisiones de carbono. La crisis en el Mar Rojo refleja una verdad incómoda: la seguridad de los chokepoints ya no depende solo de grandes flotas navales, sino de la capacidad de neutralizar amenazas asimétricas (drones y misiles de bajo costo) que pudieran llegar a cerrar una arteria vital con una fracción del costo que requiere mantenerla abierta.

Geografía marítima estratégica de América Latina

América Latina ha sido tradicionalmente vista como una periferia de los grandes conflictos euroasiáticos. Sin embargo, su geografía contiene dos de los puntos de confluencia más estratégicos del mundo occidental: el Canal de Panamá y el Estrecho de Magallanes.

Desafíos operativos del Canal de Panamá

A diferencia del Canal de Suez, que es un canal a nivel del mar, el de Panamá es una maravilla de la ingeniería que depende de agua dulce para funcionar. Cada tránsito requiere millones de litros de agua provenientes del Lago Gatún. En este contexto, el cambio climático ha dejado de ser una predicción para convertirse en una amenaza constante al ciclo operativo. Las sequías prolongadas obligaron a la Autoridad del Canal de Panamá a reducir el calado de los buques y el número de tránsitos diarios los años 2023 y 2024 (27 tránsitos), recuperándose en 2025 para llegar casi a las 36 pasadas diarias de 2022. Lo ocurrido es factible que se vuelva a repetir dada la realidad climática del planeta, por lo que podríamos ser nuevamente testigos de:

El Estrecho de Magallanes en el sistema marítimo global

Es aquí donde el Estrecho de Magallanes emerge no solo como una alternativa, sino como un habilitador estratégico de primer orden. Mientras el Canal de Panamá sufre limitaciones de tamaño (incluso tras su expansión) y de clima, el Estrecho de Magallanes ofrece una ruta de aguas profundas, bajo soberanía chilena, que conecta los dos océanos más grandes del mundo.

El Estrecho de Magallanes es el único paso natural que permite la navegación de naves de gran calado que no pueden cruzar por Panamá (los múltiples buques aún más grandes que Post-Panamax, o los grandes portaaviones). En un escenario donde el Canal de Panamá se vea comprometido, ya sea por sequía o por una crisis que pudiera inhabilitar sus esclusas, el estrecho que cierra el continente americano por el sur se convierte en el seguro de vida del comercio hemisférico occidental.

Consideraciones estratégicas adicionales

Además, su importancia se ve potenciada por:

Cooperación internacional en seguridad marítima

La seguridad de estos puntos no puede garantizarse de forma aislada. La crisis en el Mar Rojo ha demostrado que incluso las grandes potencias necesitan coaliciones (como la Operación Prosperity Guardian) para mantener las rutas abiertas.

Para el hemisferio occidental, América Latina y Chile en particular, esto implica una responsabilidad mayor. Mantener el Estrecho de Magallanes como una ruta segura, eficiente y tecnológicamente avanzada no es solo un interés nacional, sino una contribución a la estabilidad hemisférica y global.

Implicaciones para la estabilidad regional y global

Los chokepoints son los puntos donde la geografía dicta la sentencia de la economía. El cambio climático en Panamá y la inestabilidad geopolítica en el Mar Rojo han sacado al mundo de su complacencia. El mundo es más pequeño y más frágil de lo que pensábamos.

En este contexto, el Estrecho de Magallanes se posiciona como un actor fundamental. No debe ser visto solo como una ruta de emergencia, sino como un pilar de la resiliencia hemisférica y global. La capacidad de mantener estos puntos como habilitadores en la paz dependerá de nuestra visión estratégica hoy. Si no somos capaces de proteger estas arterias mediante alianzas sólidas y una gestión sostenible, el riesgo de que se conviertan en estranguladores en la crisis será una realidad que veremos reflejada en el incremento de la cuenta del supermercado o en el precio de la energía.

La geografía es destino, pero la gestión de esa geografía es, en última instancia, una decisión basada en una mirada estratégica de beneficio geopolítico.

Contraalmirante (R) Leonardo Quijarro Santibáñez, miembro sénior, MSI²

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