“Es hora de que Maduro se vaya”, ha expresado este martes la embajadora norteamericana ante Naciones Unidas, Nikky Hayle. Pareciera que esta diplomática entiende lo que algunos políticos venezolanos no. Que los ciudadanos hemos llegado al límite del aguante, que queremos que se vayan todos los que forman parte del narco-estado que ha hundido al país en la más estruendosa de las miserias, convirtiendo a esta tierra, otrora ejemplo de democracia y desarrollo, en un país que por la naturaleza del régimen, amenaza la paz y seguridad de todo un continente.

Estas declaraciones se producen al día siguiente que el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, nos recordara desde la sede de la Organización de Estados Americanos que la era Obama se acabó y llegó la de Trump con una política distinta que ha puesto a raya a Corea del Norte, puso fin al acuerdo con Irán, canceló el acercamiento con Cuba y ahora con fuerza… presiona a Venezuela, calificando al régimen de Maduro como lo que es: un Estado forajido y éstos –ha dicho– no tienen frontera, sus acciones afectan al resto, por lo tanto Venezuela supone una amenaza a la seguridad de todos.

Maduro está rodeado, acorralado. El régimen se sabe despreciado y derruido. No hay luz ni agua, tampoco medicinas ni alimentos. PDVSA está quebrada, el PSUV dividido, perdieron el apoyo popular. Lo único que les queda es infringir miedo, persiguiendo, encarcelando y asesinando con la participación de algunos uniformados que hasta se encapuchan para no ser reconocidos, porque saben lo que les espera cuando esto termine.

“El pueblo venezolano ya no tiene gobierno, es solo la víctima renuente de un narco-estado”, recalcó la señora Hayle, y es así. 20 años llevamos los venezolanos enfrentando a esta banda que tanto dolor ha sembrado en un pueblo que se reconocía por su cordialidad y amplitud para recibir a todos en su tierra y que ahora huye aterrado de ella.

Maduro no es presidente desde el 9 de enero del año pasado cuando la Asamblea Nacional emitió una sanción política por abandono del cargo. El 9 de abril de este año, el Tribunal Supremo de Justicia legítimo designado por los diputados, acordó su separación del cargo de presidente, inhabilitación como candidato y orden de captura por presuntos delitos de corrupción, quedando ratificado posteriormente el 3 de mayo, cuando el TSJ solicitó al Parlamento “iniciar el procedimiento de transición”. El secretario de la OEA, Luis Almagro, ha dicho que: “Desconocemos cualquier acción o expresión de Nicolás Maduro a partir de la suspensión de su investidura por parte del TSJ. Pedimos sanciones para acabar con la dictadura sin indulgencia y sin dudas”.

El 20 de mayo, de concretarse la farsa, se urdirá el mega fraude calificado así por las democracias del planeta. Pero no hay duda, esa puesta en escena no detendrá el cambio que viene. El cambio que queremos los venezolanos, que necesita la región y que el mundo apoya. El basurero de la historia será el lugar en el que quedarán para siempre quienes evadieron su responsabilidad y jugaron a la complicidad… y no lo olvidaremos.

@NituPerez
pereznitu@gmail.com

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