El esfuerzo por transmitir severidad en un escenario militar no logró borrar la melosa carta que Nicolás Maduro envió a Donald Trump rogándole ser atendido.
El dictador no tiene honoris
El escenario del nuevo show madurista fue la Universidad Militar Bolivariana, ente alejado del rol educativo al decidir otorgarle el doctorado honoris causa, reconocimiento hecho a la medida del ego del dictador
El escenario del nuevo show madurista fue la Universidad Militar Bolivariana, ente alejado del rol educativo al decidir otorgarle el doctorado honoris causa, reconocimiento hecho a la medida del ego del dictador.
No es el primer tirano que se inventa este tipo de distinciones. Fidel Castro, Daniel Ortega, Benito Mussolini, Francisco Franco, Adolf Hitler, Idi Amin, Robert Mugabe son algunos de los que a falta de estudios han saciado su ego con doctorados impuestos por subordinados, sin poseer méritos académicos genuinos. En el caso de Maduro, incluso está en duda que haya terminado el bachillerato.
No es casual que esta distinción de laboratorio haya sido ejecutada por la Universidad Militar Bolivariana; visto está, que últimamente rodearse de hombres armados pareciera que le reduce a Maduro el miedo de un ataque militar, aunque probablemente su cálculo esté errado porque tal vez sean miembros de la FANB los primeros en entregarle en esa circunstancia.
En todo caso, Maduro no pudo evitar pedir a los oficiales presentes que evitaran las debilidades y las dudas.
Es francamente ofensivo que a Maduro se le otorgue este doctorado, así como ha de resultar repugnante a lo que queda de institucional de la Fuerza Armada, ver disfrazado de militar al jefe del Cártel de los Soles.
Pero es que en nuestro país todo está torcido. La amoralidad de quien detenta el poder es invasiva con los venezolanos, a quienes el régimen impone la ruta ilegal como única alternativa de sobrevivencia.
De esta manera, una universidad entrega un doctorado a quien nunca estudió. ¿Y qué lo hizo merecedor de esa distinción? Sostenerse en el poder “con resistencia y destreza para sortear las amenazas militares y presiones externas”.
La entrega del título fue simultánea con un baboso acto militar con toga y medallas que hizo evidente el esfuerzo de simbolizar fuerza institucional y de minimizar la ausente formación de Nicolás Maduro que además de jefe del cártel resultó en un asaltante de votos que lleva 14 meses usurpando la presidencia de la República, burlando la decisión de la enorme mayoría del pueblo venezolano.
El doctorado honoris causa es la máxima distinción académica que una universidad puede otorgar. Se entrega a personas que han hecho aportes excepcionales al conocimiento, la ciencia, la cultura, el arte, la sociedad o la humanidad. Todo lo que ha destruido Maduro.
Visto el reciente destinatario de esta distinción de la universidad militar, podemos imaginar lo que sale egresado de esas aulas. Es posible incluso que este evento sea parte de un plan para desvalorizar otros centros educativos, para restarle fuerza y prestigio al resto de las universidades del país que con esfuerzo y sacrificio resisten ante la asfixia económica y la persecución política que ha llegado a las aulas.
La distinción es igualmente un instrumento de propaganda y es también, en el caso específico de Maduro, una desesperada forma de procurar la legitimación interna de la que carece.
No hay en este doctorado la presencia de una institución respetable que clarifique las razones del honor. La única respuesta indubitable es la urgencia de Maduro por legitimar su ilegal presencia en Miraflores y tratar de reparar su merecido aporreo mediático ante el mundo que a pesar de inmensas cantidades de dinero invertidas no han logrado borrar su imagen de dictador, traficante de drogas y violador de los derechos humanos.
Es evidente que para Maduro es urgente legitimarse, especialmente ante los militares; su problema es que el país sabe que esa distinción le fue otorgada por un ente controlado por el Estado que carece de reconocimiento local e internacional y que preside uno de sus subordinados de la Fuerza Armada.
Toda la puesta en escena ha resultado ofensiva para la gente decente. Es demasiado cinismo que un jefe del narcotráfico utilice un centro educativo para tratar de hacer desaparecer sus grandes carencias y para hacer politiquería. Pero la escogencia no es casual; las universidades siempre han sido germen de grandes debates intelectuales y corazón de libertades. Claro, eso no es aplicable a esta universidad militar que diseñó este acto para Maduro, enmarcado en el nacionalismo, tratando inútilmente de desacreditar la verdad: que el jefe del Cártel de los Soles es todo lo contrario a un ser honorable.
En todo caso, se trata de dinero perdido en el foso de la adulancia. Fondos que tanta falta hacen a las universidades del país que han sido castigadas, deliberadamente asfixiadas por la dictadura.
Porque la educación igual que la información son para Maduro una amenaza.
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