miércoles 1  de  abril 2026
ANÁLISIS

El doble rasero de Barack Obama

¿No es lógico que el dictador venezolano se sienta guapo y apoyado teniendo a sus espaldas a Raúl Castro, mientras Barack Obama decide enfrentarse a Israel?
Por ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA

Por primera vez desde que existe el Estado de Israel, los Estados Unidos dejan de alinearse junto a él en las resoluciones que sobre la región han adoptado las Naciones Unidas. En este caso, una resolución presentada al foro mundial por el gobierno egipcio condenando el establecimiento de colonos israelíes en territorio palestino. Ha logrado con ello el aplauso de las naciones árabes que cercan, acechan y quisieran destruir al Estado de Israel. Único Estado verdaderamente democrático, que representa los valores occidentales en la región y ejerce una transcendental función de tampón sobre la permanente amenaza que surge de la inestabilidad existencial de una cultura autocrática, confesional, belicista, guerrera y confrontacional, a la que se deben los graves desajustes en política internacional que vivimos desde el 11S. Una zona que presiona sobre Europa tras la sombra de la Hégira y que pareciera decidida a no descansar hasta terminar por dominar Europa y el mundo. ¿O nos olvidaremos de las angustias expresadas hace más de una década por la gran periodista y escritora italiana Oriana Fallaci, quien constataba con horror que en la cuna de la cristiandad los minaretes habían desplazado en número a los campanarios?

Por lo visto, sus orígenes lo traicionan. Pues ¿cómo explicarse su interés en condenar a Israel por establecerse en territorio supuestamente ajeno, mientras asiste impávido al control que ejerce la tiranía cubana sobre todo el territorio venezolano, con la insólita resultante de la devastación del mismo? ¿Por qué le disgustan los colonos judíos en Palestina y no lo alteran los generales cubanos en Fuerte Tiuna? ¿Cuántas millas más próxima a Washington se encuentra Caracas que Tel Aviv como para preocuparse por su destino? ¿Tan poco le preocupa a Obama y a los demócratas norteamericanos la suerte del que fuera su principal abastecedor de petróleo y aliado incondicional en toda circunstancia? ¿Postrarse ante los árabes y despreciar olímpicamente a los venezolanos? Aberrante.

¿No es lógico que el dictador venezolano se sienta guapo y apoyado teniendo a sus espaldas a Raúl Castro, mientras Barack Obama decide enfrentarse a Israel? ¿Quién, qué poder mundial apoya a los demócratas venezolanos?

Para fortuna de Israel, son patadas de quien está de salida. Y puede dejar de lado todo sentido de la responsabilidad para hacer lo que sus ancestrales determinaciones tribales le dictan, no lo que debiera dictarle la razón de Estado. Si bien el efecto sobre el Departamento de Estado no ha podido ser más nefasto. Kerry, su segundo de a bordo, a quien jamás le vimos u oímos un solo reclamo sobre la invasión de Cuba a Venezuela ni una gota de simpatía hacia el pueblo venezolano, empujado por el gobierno de Cuba y sus hombres a padecer una horrenda crisis humanitaria, ha montado en cólera y ha decidido soltar todo su odio contra el asediado Estado de Israel. Un Estado admirable, que ha sobrevivido y se ha fortalecido bajo la permanente amenaza de la invasión, la destrucción y el terrorismo. Un Estado que bien podría servirnos a los venezolanos de ejemplo como prueba de la superación de los horrores sufridos por la infinita maldad y crueldad del totalitarismo. El mismo que hoy se ceba sobre nuestro pueblo.

¿Deberemos agradecer los venezolanos y darnos por satisfechos ante la decisión del pueblo norteamericano de derrotar a los demócratas de Barack Obama y haber elegido a un republicano, único político estadounidense en condenar la malhadada resolución de la ONU y solidarizarse plenamente con Israel? ¿Debemos esperar su solidaridad ante la aviesa invasión de las tropas cubanas a nuestro territorio?

Comienza un nuevo ciclo en política internacional. Para nosotros, los venezolanos, no puede ser peor. Ya estamos en medio de la catástrofe. Es de esperar que la política republicana aparte la complicidad de los demócratas con la tiranía cubana. Y los valores democráticos vuelvan a reinar por sus fueros.

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