El juicio convocado por la Asamblea Nacional contra el presidente venezolano Nicolás Maduro es uno de los últimos recursos pacíficos con los que cuenta la oposición para recuperar la dignidad de esa nación.
El juicio de la dignidad contra Maduro
Poco a poco se les han ido cerrando todas las vías democráticas a su alcance y llevar a Maduro a rendir cuentas ante los representantes del pueblo es una cuestión de dignidad para una población que ha visto cómo le violan sus derechos y se le exige que respeten las leyes cuando quienes tienen el poder son los primeros que las incumplen.
Venezuela necesita un cambio, pero uno que llegue sin derramamiento de sangre. Esto es lo que lleva por mucho tiempo intentando la oposición, pero el régimen chavista no lo permite de ninguna manera, algunas veces utilizando pretextos y otras valiéndose de la “lealtad incondicional” de algunos funcionarios que ignoran que su compromiso es con la democracia y no con ningún partido político o gobernante.
Nicolás Maduro debe responder ante la justicia de su país y la de varias naciones del mundo por diferentes motivos: por abuso de poder y por cómo ha manipulado a las instituciones del Estado incluyendo al Tribunal Supremo de Justicia, por los crímenes políticos cometidos bajo su visto bueno, entre ellos el encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López.
La corrupción se ha enraizado a tal punto en Venezuela que hoy se encuentra extendida a todos los niveles de poder mientras la escasez de productos esenciales afecta la calidad de vida y hasta la supervivencia de millones de personas. Nicolás Maduro debe responder por las muertes de personas que fallecieron a consecuencia de la falta de medicamentos, por aquellos que cayeron víctimas de la violencia a causa de la pésima situación económica y por las expropiaciones a empresarios y personas de bien.
El mandatario venezolano debe ser llevado a juicio y responder ante la justicia de los hombres y la de Dios. Sus mentiras y su proceder no han de llevarlo muy lejos.
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