En medio de las continuas disputas políticas en Washington, sobre la conveniencia de erigir o no un muro en la frontera con México, la construcción de la infraestructura continúa desafiando la oposición del partido Demócrata.

Se está proporcionando financiamiento gubernamental, firmando contratos y hay ingenieros calificados trabajando en uno de los programas nacionales más controvertidos del presidente Donald Trump.

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La semana pasada, por ejemplo, hubo una serie de movimientos cruciales, entre ellos, la decisión del jefe de Estado de nominar finalmente a Pat Shanahan, el secretario de Defensa en funciones, como reemplazo oficial del general Jim Mattis, quien renunció en enero por desacuerdos políticos con Trump.

Shanahan ha demostrado ser un verdadero entusiasta del muro del mandatario, desplegando tropas para respaldar a la patrulla fronteriza y asignando fondos del departamento de construcción militar del Pentágono para financiar la construcción.

El nuevo titular de Defensa le dijo al Congreso la semana pasada que ahora hay suficiente dinero para construir alrededor de 3.169 kms de muro y que durante los próximos seis meses se instalará el equivalente a unos 0,805 kms diarios de muro nuevo.

Shanahan sostuvo que, desde el pasado octubre, hay 4.364 soldados militares en la frontera, incluidos los que realizan servicio activo y la Guardia Nacional, levantando barreras, brindando funciones de logística y transporte y otras actividades en apoyo de Aduanas y Protección Fronteriza a la par que enfatizó "No nos vamos a ir hasta que la frontera esté segura”.

En realidad, no todo el dinero asignado a la construcción viene del Pentágono. El Departamento de Seguridad Nacional y el Tesoro también están contribuyendo.

Es igualmente cierto que todavía hay un largo camino por recorrer, si se va a construir un muro fronterizo a lo largo de toda la frontera, que se extiende desde el océano Pacífico en el oeste hasta el Golfo de México.

Un muro de 3.169 kilómetros de largo costaría al menos 21.000 millones de dólares, según el Departamento de Seguridad Nacional, aunque un informe de la bancada demócrata en el Senado, publicado en 2017, estimó que el precio sería tres veces mayor, incluyendo el mantenimiento anual de unos 150 millones de dólares.

Es poco probable que el Congreso apruebe estas enormes sumas, al menos mientras los demócratas sean mayoría en la Cámara de Representantes.

En todo caso, mientras Washington se concentra en temas de política exterior, como la guerra comercial con China, la confrontación con Irán, la posibilidad de negociar un paquete de desnuclearización con Corea del Norte o los esfuerzos de sacar a Nicolás Maduro del poder en Venezuela, el muro fronterizo avanza en consonancia con el anuncio de Trump cuando declaró el estado nacional de emergencia en febrero pasado.

Una fuerte señal se dejó sentir la semana pasada, cuando el general Joseph Dunford, presidente del Estado Mayor Conjunto, le dijo al mismo subcomité del Senado que el Pentágono estaba trabajando en un programa de dos años para desplegar tropas en servicio activo y personal de la Guardia Nacional para desempeñar tareas fronterizas.

Esto significaría la presencia de guarniciones militares en la frontera sur, durante lo que resta del primer mandato de Trump.

El costo de la contribución de las tropas se estimado en más de 530 millones de dólares a principios de septiembre.

Con esta construcción en marcha (el Cuerpo de Ingenieros del Ejército está muy involucrado), el Presidente sin duda sentirá que su promesa se está cumpliendo, aunque a un ritmo más lento de lo que le hubiera gustado.

Para apoyar la afirmación de Trump, de que la frontera mexicana representa una grave amenaza de seguridad para los Estados Unidos, la Casa Blanca hizo uso de los comentarios de la jefa de la Patrulla Fronteriza, Carla Provost, quien dijo ante el subcomité judicial del Senado que el número anual de los últimos diez años de detenciones en la frontera sur había sido superado en sólo siete meses.

De esas detenciones, el 64% eran grupos familiares o niños no acompañados.

Provost dijo que los contrabandistas estaban explotando a menores para que los migrantes cruzaran la frontera.

Independientemente de que sea o no un muro la respuesta al problema migratorio, es evidente que hay una posible crisis humanitaria en la frontera que el Congreso tendrá que abordar.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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