Debo decir que si algo me ha molestado todas estas semanas previas a un nuevo proceso electoral en una Venezuela guarida, ha sido la agresividad de muchos contra los ciudadanos que con absoluto derecho decidieron no votar. Esta columna se leerá después que se hayan realizado las elecciones regionales para escoger gobernadores de 23 estados y aunque estoy segura que la mayoría de los electores son opositores al régimen canalla de narcochoros dependientes de la Cuba comunista y de sanguijuelas insaciables como las de Rusia, China e Irán, por difícil que muchos imaginen la posibilidad de un fraude, éste puede darse como se ha dado en varias otras oportunidades y el descaro y el atropello de quienes han tomado Venezuela por asalto, la han saqueado y destruido volverá a presentarse para desespero de una ciudadanía que ve el tiempo pasar y nada cambia. Que ve morir de hambre y enfermedad a cientos de miles, que ve presos de conciencia encerrados –muchos de por vida- en cárceles infectas, que no comprende cómo se permite la destrucción de un país que fue ejemplo de democracia, alternabilidad política, movilidad social, y hoy no es más que una pocilga de la que millones han huido y otros quieren hacerlo. Un Narcoestado donde se padece y no se vive, donde aún en la espantosa destrucción, todavía queda dinero para que se repartan choros empoderados y cómplices disfrazados de opositores.

Cuando lean lo que aquí escribo quizá ya sabremos los verdaderos resultados de la contienda regional, o estemos nuevamente denunciando fraude y repitiendo lo que ya hemos dicho en otras elecciones o en otros atropellos contra nuestra voluntad.

Aseguraba Francis Bacon celebre filósofo y político inglés que “Si un hombre comienza con certezas, terminará con dudas. Pero si se contenta empezando con dudas, terminará en certezas”. Yo transito desde hace tanto la duda, y no por gusto ciertamente, la transito porque los hechos no me dejan otra opción. Frente al presente de Venezuela dudas son las que abundan, dudas nada gratuitas, porque cómo esperar reacciones en un país que nos lo destruyeron, que por millones lo han abandonado quienes temen que su destino sea el mismo de la ruinosa y opresiva Cuba o hasta peor… Que elegimos por ejemplo un gobernador y simplemente lo inhabilitan o le montan encima lo que los narcodéspotas llaman “Autoridad única”; que masivamente salimos a votar para escoger un parlamento acorde al sentir opositor de la mayoría y la canalla castrocomunista literalmente lo anula y crea una repugnante “Asamblea constituyente” que nos burla, nos desespera, nos amenaza más y más. “Asamblea constituyente” que no es una posibilidad sino una certeza. Horrible certeza de donde malvivimos y a qué nos someten y quiénes…

Certeza también que dejamos hace mucho de ser una nación digna y democrática, que no reaccionamos –por ejemplo- cuando ya el mundo entero nos define como una colonia de la Cuba castrocomunista. Que leemos lo que dice –entre otros muchos- el diario británico Financial Times al respecto de que sin contar con esa Cuba repulsiva con sus 58 años de tiranía no tenemos posibilidades de cambio… Que el tirano Raúl Castro y la nomenclatura hamponíl que lo acompaña son mediadores y sin ellos pareciera no haber posibilidad alguna de una transición más allá de Maduro.

Que cual colonia sumisa, ya muchos países y sus representantes y lo copio textual: “…cortejan a Cuba como intermediario para la transición de Venezuela, ya que la cercanía entre ambos gobiernos podría servir de facilitador en lugar de ser un obstáculo para alentar una transición lejos de Maduro”. Que “Se entiende que los agentes cubanos controlan puestos militares importantes, ayudando así a prevenir un golpe interno contra el señor Maduro” y esa Asamblea Constituyente mamotreto ideado e impuesto desde Cuba no la podemos obviar nunca y menos hoy, cuando quién sabe qué pasará con los votos y la voluntad de la mayoría, como tampoco debemos obviar que hoy no somos otra cosa más que una carta cubana en las negociaciones vitales que tratan de tener con el gobierno de Trump. Y que como asegura el Portal digital Caracas Chronicles, somos “un peón en un juego de ajedrez… entre potencias exteriores”.

Así que con esa realidad no hay motivos para el optimismo y sí para la vergüenza. Y con la incertidumbre como constante, y la desconfianza como compañera, por esto y más me aferro al pensamiento aristotélico que aconseja: "Es de importancia para quien desee alcanzar una certeza, el saber dudar a tiempo".

ebruzual@gmail.com / @eleonorabruzual / www.gentiuno.com

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