Cosas que me gustan de Hillary Clinton: el aplomo que demostró cuando su esposo, siendo presidente, la humilló, teniendo sexo oral con una becaria en la casa de gobierno: no actuó como una mujer despechada, sino como una estadista; la fortaleza de carácter que puso en evidencia cuando perdió las primarias con Obama y no se retiró de la vida política; que no sea rencorosa ni mala perdedora y terminase sirviendo en el gobierno del hombre que le aguó la fiesta el 2008; que sea una firme defensora de los derechos de la mujer; que le quepan las complejidades del mundo en la cabeza; que estuviese a favor de invadir Pakistán de madrugada para dar de baja a Bin Laden y aconsejase a Obama en tal sentido, contrariando a Biden, que sugería no entrar porque el riesgo era muy alto; que esté a favor del libre comercio; que sea inequívoca en condenar los abusos de Putin; y que, como apuntó su rival en un debate, nunca tire la toalla y sea una guerrera indesmayable.

Cosas que no me gustan de Hillary Clinton: que destruyese sospechosamente tantos correos electrónicos que debió entregar a las autoridades y sin embargo prefirió borrar, dando la impresión de que algo malo ocultaban; que usase su cargo como secretaria de Estado para hacer favores políticos a los gobiernos, individuos y bancos que donaban cuantiosas sumas de dinero a la fundación Clinton; que permitiese que su marido, el expresidente, a cargo de la fundación, recibiera dinero de gobiernos despóticos que oprimen a las mujeres y las privan de sus derechos, lo mismo que a las minorías sexuales; que no sea transparente y honesta y no se ciña a las reglas y protocolos, como ocurrió cuando usó un correo personal para leer secretos de Estado; que, por un lado, sea capaz de perdonar a su marido por ser un mujeriego, y, por otro lado, sea capaz de demonizar a su rival al punto de describirlo como un asaltante y depredador sexual, por ser un mujeriego; que considere racistas, tontos, prejuiciosos, ignorantes y deplorables a los hombres y mujeres que piensan votar por su contrincante, gentes a las que no les va bien y sueñan con que alguien las redima de sus frustraciones; que haya sido primera dama y virtual copresidenta durante ocho años y, sin embargo, eso no le parezca suficiente y el ego le pida al menos cuatro años más durmiendo en la Casa Blanca; que, si gana, su marido vuelva a ocupar la Casa Blanca, un honor que no sé si merece, después de las fechorías que cometió en ella; que haya sido blanda, complaciente, incluso amigable con la dictadura de Cuba, dándoles oxígeno a los Castro; que no haya sido severa con la dictadura de Venezuela; que pida un aumento de impuestos para todos los que ganan más de doscientos mil dólares al año; que propugne un incremento de impuestos a todos los que ganan más de un millón al año; que sueñe con convertir a su país en una suerte de Estado de Bienestar europeo, donde los individuos y las empresas terminan pagando en impuestos casi la mitad de lo que ganan; que no haya hecho lo suficiente para impedir que el matarife Assad mate centenares de miles de personas en la guerra civil siria, sin ordenar que la aviación estadounidense destruya a su par siria antes de que la aviación rusa tome control de la conflagración y continúe diezmando a la población civil inocente; que se oponga a hacer públicas sus conversaciones privadas en los correos que destruyó y, al mismo tiempo, use para fines políticos las conversaciones privadas que le grabaron a su rival, jactándose de ser un mujeriego indelicado; que, durante su mandato como canciller, un embajador estadounidense fuese emboscado y asesinado por los terroristas, sin contar con la protección adecuada que debió dársele aun si él se oponía a ella; y que a pocos días de las elecciones esté siendo investigada por el FBI por posible conducta criminal.

Cosas que me gustan de Donald Trump: es un capitalista que sabe crear riqueza y dar empleo; ha tenido éxito como conductor de televisión, siendo la televisión un negocio despiadado donde es muy arduo tener éxito; ha gastado decenas de millones de dólares de su propia fortuna en su aventura política; no le tiembla el pulso para tomar decisiones difíciles, por ejemplo declararse en quiebra para luego reflotar su imperio; paga exactamente el mínimo de impuestos que la ley le obliga, y no el máximo que podría pagar; sabe mandar; tiene el ego como un rascacielos, de otro modo no se sobrevive en política; entiende que la política es una guerra y no un juego de ajedrez y por consiguiente es brutal y despiadado con quienes le atacan; es un prodigioso vendedor de sí mismo; es un hombre de negocios curtido en el arte de pedir cien para firmar setenta; y es un ganador que no pide perdón por serlo.

Cosas que no me gustan de Donald Trump: que sea tan ignorante; que sea un patán; que tenga un carácter tan explosivo; que no sea capaz de entender que los millones de inmigrantes indocumentados son una fuerza positiva que enriquece la economía y el tejido social, salvo los criminales que por supuesto merecen ser deportados; que insista en construir un muro en la frontera sur, lo que sería una pérdida de tiempo y dinero; que no parezca entender las complejidades de la política global y las simplifique de un modo un tanto pueril; que elogie a un dictador enemigo de este país como Putin; que esté en contra del libre comercio y sea proteccionista; que instale entre sus partidarios el culto a la personalidad y la adulación exenta de crítica; que no parezca tener una mínima curiosidad intelectual para aprender las muchas cosas que ignora; que insulte indiscriminadamente a la prensa; que pierda el tiempo peleando con personas con las que no debería enemistarse, como un héroe de guerra, la familia de un soldado caído en el campo de batalla, o una ex reina de belleza que engordó unas libras; que a menudo parezca un caudillo latinoamericano y no un político refinado del primer mundo; que ataque a sus enemigos con mezquindad y grosería, por ejemplo enrostrándole a su rival los desafueros sexuales que cometió su esposo, el expresidente; que convierta la verdad en una elástica goma de mascar que estira, mastica y escupe cuando se le acaba el azúcar; que no sepa pedir disculpas cuando se equivoca; que exagere tanto sus virtudes y minimice sus defectos; que no sea siquiera creíble como un caballero o una persona de honor; y que sea capaz de confundir el botón nuclear con un pezón.

Hechas las sumas y las restas, me temo que no puedo votar por ninguno de los dos. Votaré, creo, por el libertario Gary Johnson. Será un voto de protesta.

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