viernes 3  de  abril 2026
Venezuela

Venezuela o el mito de Kap Dwa

El propio día en que Juan Guaidó se proclamó "presidente encargado", los bonos soberanos de Venezuela subieron un 7% en Wall Street, alcanzando su máxima cotización en los últimos seis meses
Diario las Américas | EDUARDO MORA BASART
Por EDUARDO MORA BASART

Kap Dwa, el gigante de 3.5 metros de altura y dos cabezas que vivió en la Patagonia, es de esos seres que trascienden por su extraña mezcla de mito y realidad. La alegoría a este personaje, puede sintetizar el escenario venezolano actual, estando el país dirigido por dos presidentes: Juan Guaidó y Nicolás Maduro.

El primero estaba al frente de la Asamblea Nacional y se apoyó en el artículo 233 de la constitución, que alude a faltas absolutas del presidente de la república. Su posición respondió a las demandas del legislativo quien, el 10 de enero, declaró a Maduro como usurpador del cargo. Guaidó tiene como su principal misión, guiar al país hacia un proceso electoral, -supervisado por la comunidad internacional-, que retorne a la senda democrática y saque a Venezuela de la peor crisis económica y social de la historia.

Posee el apoyo de naciones como Estados Unidos, Argentina, Chile, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Perú, Paraguay, Canadá, Dinamarca, Honduras, Brasil y de la Organización de Estados Americanos (OEA), organismo que, no sólo recibió con beneplácito, como manifestó Luis Almagro, la elección de Guaidó, sino la designación de un nuevo embajador en ese organismo regional.

El militarismo continúa proyectándose como el principal instrumento de legitimidad chavista. Más allá del manifiesto descontento exteriorizado en las Fuerzas Armadas, su ministro, Vladimir Padrino, hizo pública su convicción de arremeter contra quienes se opongan al régimen, no descartando el inicio de una guerra civil. En entrevista ofrecida a la periodista de Noticias Univisión, Patricia Janiot, Guaidó no desechó la posibilidad de ofrecer una amnistía a Nicolás Maduro luego de la transición en Venezuela, aun cuando es protagonista de la mala gestión económica actual y artífice de la ola de corrupción acentuada desde el 2013.

Después de que Juan Guaidó asumió como presidente, ipso facto, Maduro anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, ofreciendo 72 horas al personal de esa embajada para abandonar el país. Rusia ripostó, asegurando, que no admitirá una intervención militar en Venezuela, ni se quedará cruzada de brazos - insinuando que enviará tropas para apoyar al actual régimen -. El Director para el Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad y asesor del presidente, Mauricio Claver-Carone, acotó: "Todas las opciones están en la mesa", en momentos en que parece cosa del pasado, cuando fue rechazada una intervención militar por varios líderes latinoamericanos -agosto de 2017- al usar Donald Trump ese propio lenguaje.

Si el gobierno de Estados Unidos deslegitimó a Maduro como actual presidente, acatando a Guaidó como líder legítimo de ese país, bajo ningún concepto deberá admitir la salida de la embajada de Estados Unidos de Venezuela. Si eso sucede, el régimen apelará a la fuerza para expulsar a los diplomáticos - existe la experiencia histórica del Irán de Jomeini -una postura que deberá recibir una respuesta enérgica del país norteño. Diosdado Cabello dijo: “El cuerpo diplomático americano dice que no se va, porque no reconocen a Nicolás. Que se queden allí. A lo mejor se va la luz en esa zona, a lo mejor se va el gas”. De igual modo, Guaidó -como hizo en el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA)-, deberá nombrar a un nuevo cuerpo diplomático que suplante al que inició su retirada de territorio estadounidense.

La situación venezolana deviene motivo de desestabilización en el área. Una organización no gubernamental como el Foro Penal Venezolano, contabiliza ya 26 muertos y 407 detenciones. Los antiguos bastiones del chavismo comienzan a desmoronarse, cediendo ante la nefasta situación económica y la crisis de legitimidad. Más de cuatro millones de venezolanos abandonaron ese país -15% de la población-, impactando en naciones como Colombia y Ecuador, donde han desatado reacciones xenófobas censuradas por el Foro de Lima.

El propio día en que Juan Guaidó se proclamó “presidente encargado”, los bonos soberanos de Venezuela subieron un 7% en Wall Street, alcanzando su máxima cotización en los últimos seis meses, sintomático de la confianza ante el advenimiento de un cambio político. Una de las primeras acciones de un nuevo gobierno, es muy probable, será solicitar un préstamo al FMI para iniciar el proceso de recuperación económica.

Súmese que, más allá de los 20 millones de dólares ofrecidos por Estados Unidos como aporte inicial al país, el gobierno estadounidense descongelaría los millones de dólares en activos, por las sanciones impuestas al régimen de Nicolás Maduro. El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, aseguró, que todos los bienes, serán administrados por Juan Guaidó: incluyendo el dinero en los bancos, las propiedades filiales de Citgo y, añadió, que el gobierno de su país responderá, si se expulsa al personal diplomático en Venezuela.

El Tribunal Supremo de Justicia, brazo “armado” del chavismo contra la constitución, pidió este miércoles arremeter contra los artífices de lo que califican como un golpe de estado, mientras el pasado 21 de enero, declararon ilegítima a la Asamblea Nacional. No obstante, se reafirma el quiebre de la dominación de Maduro, acentuándose la tendencia a la ingobernabilidad.

Juan Guaidó prometió este viernes a los venezolanos en el exterior que regresarán pronto. Diosdado Cabello lanzó sus bravuconerías contra Estados Unidos, mientras el Banco de Inglaterra bloqueó a Venezuela el retiro de 1.200 millones de dólares en oro de esa institución financiera, una parte de los 8.000 millones de la reserva chavista.

La oposición se volcó a las calles sorprendiendo a muchos. Naciones como Nicaragua, Rusia o Cuba, viven, minuto a minuto, la zozobra venezolana, a sabiendas de que su caída será un duro golpe al proceso político que pretendió entronizarse en la región, siendo testigos de la debacle de un proyecto, que quiso presentarse como un cambio de época en la América Latina, al tiempo que la mayoría augura, el advenimiento de una época de profundos cambios en Venezuela.

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