A principio de abril pasado, luego de varios intentos, el Congreso de Florida derogó finalmente una ley vigente desde 1868, que penalizaba hasta con 60 días de cárcel y una multa de 500 dólares la convivencia carnal de dos adultos sin haberse casado.

Todavía existe buena tanda de antiguas ordenanzas en varios estados de la Unión, muchas de las cuales ponen en tela de juicio la seriedad de un país de leyes.

¡Ojo! En Florida hasta el Sol de hoy, ¡es un crimen tener sexo con un puerco espín!

Si somos cabales con el sentido común, todo estatuto legal ha de estar al ritmo de la vida para que se cumpla su función reguladora. Y al respecto, en ciertos dictámenes de tránsito ya no se hace justicia.

Es de preguntarse -cuando el tráfico lo permite-, ¿quién va por la 826 a 55 millas por hora, como indican las señales de máxima velocidad? ¡Esa norma no la respeta ni la policía!

La celeridad cotidiana ha implantado que lo oficioso sea 5 o 10 millas más. De tal modo, lo dispuesto no funciona.

Mientras vivimos a la carrera, la implantación de nuevos códigos viales tiende andar a paso de jicotea. Y tal lentitud crea en muchas ocasiones desigualdades en la aplicación de las reglas.

De tal modo, es cuantiosa la multa aplicada al chofer que la autoridad sorprenda circulando sin el cinturón de seguridad. Pero numerosos motociclistas parecen escapar a diario de toda sanción, al corretear a sus antojos por las autopistas del condado, y para colmo, ¡sin cascos!

También faltan leyes para enfrentar otras realidades palpables. Según el oficial Cubela, de la unidad motorizada de Miami-Dade, no hay nada que le impida a un automovilista ir escuchando música a volúmenes de escándalo, vibrando puertas, ventanas y hasta la tapa del maletero.

El guardia reconoce que tantos decibeles embriagan. “Tampoco dejan oír ni las sirenas de ambulancias o patrulleros” -se lamenta.

La conformación de nuevas disposiciones no debiera ser difícil. Al integrar un mundo globalizado, se pudieran imitar las experiencias de otros países en contextos similares originados por la modernidad.

Cuando sabemos que el gobierno de Holanda, por ejemplo, está a punto de prohibir tajantemente el uso de celulares a los ciclistas al tripular sus bicicletas, no queda de otra, sino calificar de insuficientes los preceptos aplicados a los conductores en nuestros entornos, sólo si se les atrapa en marcha escribiendo textos en sus teléfonos.

Ante todo lo anterior y más, es de esperar que nuestros representantes estaduales sean más diligentes en legislar cuantas leyes se precisen, y así establecer el orden en calles y carreteras con la lógica de cada tiempo nuevo.

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