jueves 2  de  abril 2026
ESCRITOR CUBANO

Saltar diferencias y avanzar en lo que nos une

En la sociedad contemporánea nadie posee verdades ni soluciones absolutas, por eso necesitamos valorar las razones de los otros, sus intenciones e intereses, los éxitos y fracasos; comprendiendo que ese es el mundo en que vivimos, saturados de desequilibrios y contradicciones

Diario las Américas | EUGENIO RODRÍGUEZ BALARI
Por EUGENIO RODRÍGUEZ BALARI

Vivimos tiempos diferentes a los de la segunda mitad del siglo XX, época caracterizada por el influjo de la terminación de la segunda guerra mundial y la derrota del fascismo, aunque en aquel momento se produjo un nuevo reparto geopolítico del mundo. Luego surgió una desenfrenada carrera armamentista, guerras locales y la expansión de nuevas doctrinas político/sociales.

El mundo se polarizó entre las ideas del capitalismo y el socialismo pero también por ansias independentistas, nacional liberadoras y un desarrollo no sólo en democracia y libertades individuales, sino también de amplia justicia social. Durante años pugnaron dos sistemas político/económicos, que como las teorías argumentaban fueron antagónicos y se repelían; además los dos estados líderes se encontraban saturados de armas convencionales y nucleares.

Aquella histórica época quedó identificada como los años de la guerra fría y muchas son las cuestiones de interés que de ella se pueden extraer o divulgar para comprender mejor el presente y considerar el futuro. El siglo XXI se presentó como heredero de los conflictos que arrastraba el XX, aunque en nuevas circunstancias políticas al desaparecer la URSS y sus aliados europeos, lo que hacía suponer que el mundo entraría en una favorable etapa de distención y cooperación internacional.

No sucedió así porque poco tiempo después se manifestaban con mayor inquietud e intensidad un numeroso grupo de conflictos, que aunque detectados, no se logró prever todo su alcance ni las consecuencias que tendrían. Continuó agudizándose el conflicto Israel/Palestino, hubo mayor inestabilidad en el mundo árabe tras las ambiciones petroleras de occidente, hasta desembocar en las guerras contra Irak y Afganistán; se acrecentó el terrorismo internacional y a ello súmese la crisis de la economía mundial, el crecimiento demográfico, las grandes oleadas migratorias, la preocupante situación de los problemas ecológicos y podemos afirmar, que la herencia del XX al XXI es verdaderamente compleja, insegura y como para inquietarnos a todos.

Catorce años después de la segunda guerra mundial y tras varios de insurrección armada en Cuba contra la dictadura existente, triunfa la inicialmente llamada revolución “humanista y verde olivo”. Ella surge en momentos en que aún diversos países del tercer mundo no habían logrado desatar los lazos del sistema colonial, o la telaraña del nuevo colonialismo, que significó una forma más eficiente de mantener los intereses del viejo sistema opresivo.

Las ideas diseminadas por el mundo se habían proyectado hacia la consecución de las libertades individuales, los derechos humanos y la democracia como sistema político; lógicamente dentro de marcos jurídicos e institucionales, que los países según su idiosincrasia y características consideraron apropiados para ellos. Sin embargo las naciones poderosas del planeta continuaron interesadas en obtener recursos a partir de las ventajas que disponían; imposibilitando a la mayoría de las anteriores colonias, ubicadas fundamentalmente en África, Asia o América Latina,  distanciarse del atraso y la pobreza.

Las diferencias económicas y los influjos políticos que emanaron de la 2a guerra mundial, dieron lugar durante las décadas del 50 al 80 de luchas anticolonialistas o antiimperialistas; que exacerbaron sensibles contradicciones en diferentes áreas del mundo, pero muchos países alcanzaron su liberación e independencia. En aquellas circunstancias internacionales triunfa en 1959 la revolución cubana, influida por las ideas que florecieron al concluir la contienda bélica de los 40; pero también por las diferencias entre Cuba y los EEUU dadas las viejas ambiciones de anexión.

Existían resquemores políticos, ante todo por la participación de EEUU en la guerra hispano/cubana, luego la intervención durante 1898 a 1902 y el inicio de la república, con su Constitución y el desafortunado apéndice de la Enmienda Platt, que convirtió al país más que una república en un protectorado de EEUU. A lo que más tarde se sumaron las intervenciones militares de EEUU en 1906, 1909 y 1912; contribuyendo a reforzar sentimientos políticos adversos hacia la nación del norte. 

La victoriosa insurrección cubana de fines de los 50 y más tarde las posiciones asumidas por los dirigentes revolucionarios (que según algunos analistas se vieron forzados a adoptar); muestran el antagonismo histórico entre los deseos independentistas de los cubanos y el afán de anexión o control del país de parte de ciertas cúpulas de poder en los EEUU.

Los acontecimientos profundizaron las diferencias sobre las formas del relacionamiento entre Cuba y los EEUU y surgieron los conflictos, con independencia de las simpatías que se profesaban los dos pueblos. Sin embargo en la actualidad se aprecian cambios y deseos de normalizar las relaciones, aunque aún no se encuentren solucionados los nudos principales de sus impedimentos, pero no obstante se puede vaticinar el éxito del proceso.

La oportunidad es única e invita a dejar atrás reservas y construir cordiales y fructíferas relaciones de cooperación y solidaridad entre las dos naciones; tales circunstancias aconsejan el mayor respeto a lo que cada quien representa y a afinar el sentido patriótico entre los cubanos; colocando a un lado resentimientos u otros  obstáculos político/ideológicos, que limitan aprovechar la actual coyuntura aunque sin necesidad de hacer concesiones a principios.

Los cubanos que viven en el país como los de fuera, debemos reflexionar equilibrada y racionalmente sobre los cambios en Cuba y la reciente visita del presidente Obama y al hacerlo comprender; no sólo las diferencias existentes, lo que dijo o dejó de decir, sino la conveniencia de saltarlas y continuar avanzando en lo que nos une y fortalece, en la cooperación y amistad, siempre y cuando esta sea respetuosa y transparente.

EEUU y su presidente como bien dijo, no deberá inmiscuirse, influir o tratar de imponer un cambio de gobierno en la Isla y las autoridades de EEUU deben ser consecuentes en ello, porque se trata sencillamente de un asunto entre cubanos.

Comprendo que en su visita a la Habana esa frontera era difícil de delimitar y te puedes pasar de la raya; pues no es fácil proceder cuando te encuentras en medio de fuego cruzado, tus mismas ideas no coinciden o comprenden las del país anfitrión y te encuentras tratando de limar asperezas, cooperar y normalizar relaciones. Pero lo fundamental son las ideas de Obama sobre el fracaso de las políticas de confrontación y su presencia en la Habana le otorgó un nuevo impulso al proceso de normalización de relaciones; el resto de lo dicho por este no debe sorprender, porque se enmarca en el esperado reto para Cuba que se avecinaba desde Diciembre del 2014.

En los actuales momentos lo que no se vale entre cubanos, es aferrarse a políticas fracasadas, provengan de donde sea; lo que hace recordar la frase, de que “no hay peor sordo que quien no quiere oír, ni peor ciego que quien no quiere ver”.

En los contextos geográficos donde radican y se manifiestan los cubanos; es tiempo de discriminar nuestros asuntos y valorar las conveniencias de las que no lo son y además, no dejar más que se nos manipule. En la sociedad contemporánea nadie posee verdades ni soluciones absolutas, por eso necesitamos valorar las razones de los otros, sus intenciones e intereses, los éxitos y fracasos; comprendiendo que ese es el mundo en que vivimos, saturados de desequilibrios y contradicciones, por lo que es necesario ser tolerantes y consecuentes, dejando de atizar odios y enfrentamientos ciudadanos.

Durante la visita de Obama a La Habana, poniendo a un lado manipulaciones e incidentes (organizados o espontáneos); esta fue positiva y en verdad lo creo; incluso más allá de analizar lo que debiera haber dicho o no dijo y si su intervención fue un guion provocador o sugerente hacia la sociedad cubana, como lo valoran diversos analistas en Cuba y otros países.

En consideración que no ha habido vencedores ni vencidos, salvo en la retórica o rebuscados argumentos de algunos pocos y que la mayoría de los compatriotas coincidimos en la defensa de la patria, soberanía, libertades, derechos humanos, justicia social y la democracia; tenemos ahora la ocasión de desbrozar el camino de la reconciliación entre cubanos y consolidar la amistad con los EEUU; luego los historiadores valorarán lo ocurrido y las futuras generaciones sacarán sus propias conclusiones.

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