LONDRES.-dpa
Los duques de Cambridge quieren criar a sus hijos lejos del ajetreo real en Londres
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La pequeña localidad de Amner, en el este de Inglaterra y muy próxima a la costa, es un lugar apacible del Reino Unido. En esta población, el príncipe Guillermo, de 32 años, y su esposa Catalina, de 33, quieren criar a sus hijos, lejos del ajetreo real en Londres.
Sin embargo, a solo pocos días de la llegada de la pareja con el pequeño príncipe Jorge, de casi dos años, y la princesa Carlota, recién nacida, está claro que no es tan fácil encontrar la protección de un ambiente rural aislado cuando se trata de la familia más famosa del país.
Los duques de Cambridge se vieron obligados a recordar a algunos representantes de los medios de comunicación que también una familia tan expuesta a los focos públicos tiene derecho a una vida privada. Lo hicieron pidiendo la ayuda de la policía del condado de Norfolk, que repartió cartas dirigidas a los fotógrafos que, en opinión de Guillermo y Catalina, se pegan demasiado a los duques y sus hijos. El escrito advierte a los fotógrafos de que deben dejarles en paz y "poner fin al acoso y a la violación de la esfera privada" de la familia.
"Estamos repartiendo las cartas por encargo del Palacio de Kensington", dijo una portavoz de la policía en Norfolk a la agencia dpa en Londres. Según el escrito de los duques, algunos fotógrafos intentaban sacar con teleobjetivos fotos de primer plano de Guillermo, Catalina y sus hijos.
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"Es necesario encontrar un equilibrio entre el interés cariñoso y comprensible por la familia real y los duques de Cambridge y su derecho a una vida familiar privada. Esto es especialmente importante para una familia con hijos pequeños", señala la carta del Palacio de Kensington, que no fue distribuida masivamente sino solo entre algunos representantes de la prensa. La carta agrega en tono cortés pero firme que "la residencia de Sandringham confía en que no será necesario tomar medidas que vayan más allá de llamar la atención sobre estos puntos".
Los duques de Cambridge abandonaron Londres el pasado miércoles para dirigirse a Norfolk. Para poder acoger a la familia de ahora cuatro miembros, la mansión Amner Hall, que se encuentra en el terreno de la finca de Sandringham de la reina Isabel, fue reformada por nada menos que 1,5 millones de libras (2,3 millones de dólares). La reina había regalado la residencia a Guillermo, supuestamente su nieto favorito, y a su mujer.
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No hace mucho los contribuyentes británicos tuvieron que digerir la renovación por otros millones de libras del Palacio de Kensington, la residencia de Guillermo y Catalina en Londres, donde supuestamente ocupan en el número 1A cuatro plantas y 20 habitaciones.
Según medios británicos, Catalina pasó gran parte de su embarazo supervisando la instalación de una nueva cocina en Amner Hall. El edificio de ladrillos rojos tiene diez dormitorios, una piscina y una cancha de tenis. El tejado fue renovado por la cantidad de 500.000 libras (770.000 dólares). La familia real habría pagado de su propio bolsillo la mayor parte de los costes de la reforma.
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