MIAMI.- Actualmente existe una amplia variedad de tamaños y diseños, en función de los objetivos del dispositivo. (Archivo)
MIAMI.- Estos dispositivos que combinan aeronáutica y robótica fueron desarrollados inicialmente con una visión militar pero sus múltiples aplicaciones pueden convertirlos en aliados cotidianos
MIAMI.- Actualmente existe una amplia variedad de tamaños y diseños, en función de los objetivos del dispositivo. (Archivo)
Belén González
Especial
Los drones podrían considerarse a simple vista un juguete, pero en realidad se trata de sofisticados dispositivo con múltiples aplicaciones. El término correcto para referirse a ellos es vehículo aéreo no tripulado, y su desarrollo es resultado del trabajo conjunto en dos importantes campos de la ciencia: la aeronáutica y la robótica.
Estas aeronaves, se controlan de forma remota y no llevan tripulación, razón por la cual se emplean en tareas que pueden resultar peligrosas para una persona o en aquellas que requieren un nivel de exactitud que solo es posible usando tecnología de punta.
El desarrollado de esta tecnología se inició tras la Primera Guerra Mundial, pero fueron usados por primera vez para entrenar a los operarios de los cañones antiaéreos durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no fue sino hasta finales del siglo XX que, gracias a los avances tecnológicos, se convirtieron en las herramientas prácticamente autonómicas que son hoy en día.
Sencillos y automatizados
Los vehículos aéreos no tripulados, según los materiales y equipos de alta tecnología con que se fabriquen, son capaces de volar a una altitud mucho mayor que una aeronave común, pudiendo incluso evadir radares. Actualmente, existe una amplia variedad de tamaños y diseños, que en función de sus objetivos cuentan con herramientas como: sensores térmicos e infrarrojos, cámaras de alta resolución, controles de radares, GPS, visión nocturna, entre otros.
En líneas generales estos mecanismos llamados “vigilantes del cielo” están compuestos por dos sistemas: el vehículo volador, propiamente dicho y un sistema de control en tierra que domina su acción de forma remota, aunque ciertamente mucho de estos vehículos cuentan con un cierto nivel de autonomía, por lo que se les considera más bien un robot aéreo. El centro de intercambio de datos entre ambos se ubica generalmente a cientos de kilómetros de distancia y se produce a través de una conexión con un satélite.
Los drones suelen económicos a nivel operativo, prácticamente no requieren de insumos o combustibles y no ponen en peligro las vidas de quienes lo pilotean.
Múltiples posibilidades
Cuando se habla de aplicaciones para estos dispositivos es imperativo reconocer que los drones son hoy en día los protagonistas del mundo de la defensa y ataques específicos, pues su capacidad tecnológica permite no sólo investigan, sino que también atacar. Tienen el poder identificar objetivos de forma precisa, y por ende, la capaces de bombardear blancos con mayor exactitud que un avión normal, una realidad que ciertamente no está exenta de fallos.
Ahora bien, los drones están ganando cada vez más fuerza en otros terrenos, por ejemplo, se usan para crear mapas exactos, obteniendo imágenes y coordenadas confiables y de alta resolución. También son extremadamente útiles para el control de incendios forestales, la geología, la agricultura, la construcción, y el control de tráfico en las grandes ciudades.
En materia atmosférica su capacidad para acercarse a tormentas y huracanes, permite recopilar información muy valiosa. Estos pequeños equipos también se han utilizado para el rescate de personas, y sus aplicaciones comerciales están a la vuelta de la esquina, de hecho, varias cadenas de comida rápida están planeando usar drones para las entregas a domicilio, e incluso Amazon, uno de los líderes mundiales del comercio en línea, está poniendo a prueba esta tecnología para la entrega de paquetes, aunque el proyecto aún no cuenta con la aprobación de las autoridades que regulan el espacio aéreo en Estados Unidos.
Las posibilidades a futuro de los drones son innumerables, por eso no extrañaría que, lo que en algún momento se consideró ciencia ficción este por convertirse en parte de la vida cotidiana.
Para uso personal
No solo los gobiernos y las grandes corporaciones pueden tener un dron, pues el mercado ofrece una interesante variedad para uso personal con un rango de precio que oscila entre los 1.000 y los 99 dólares. Entre ellos destacan el DJI Phantom GPS Drone, un dispositivo capaz de cubrir un rango de 300 metros a la redonda equipado con cámara de alta resolución y que gracias a su sistema GPS, puede volar sobre posiciones previamente establecidas.
Otra posibilidad es el Walkera QR Infra X Smart Drone, calificado como uno de los más económicos, es más bien pequeño y está equipado con diez sensores de colisión y dos ultrasónicos que le permiten subir escaleras, ajustando su altura mientras avanza. El Lehmann LA100 GoPro Drone, diseñado para portar una videocámara portátil, debe ser lanzado por el usuario para lograr elevarse, siendo capaz de alcanzar una distancia de hasta cien metros sobre el suelo.
El Extreme Fliers Micro Drone, está diseñado para dar vueltas pronunciadas y hacer giros de 360 grados, para lo cual cuenta con cuatro rotores, y aunque no cuenta con mayores herramientas es posible anexarle una cámara de alta resolución. Y finalmente, el A. R. Parrot Drone 2.0 es el más llamativo pues puede controlarse a través de cualquier smartphone o tablet, además incluye una cámara HD que envía las imágenes directamente al dispositivo de control.
