LUCERNA.- TANIA QUINTERO
ESPECIAL

Cuando en 2004 leí las declaraciones de Canek Sánchez Guevara en la revista mexicana Proceso, no paré hasta entrevistarlo. Entonces él vivía en Oaxaca y yo en Lucerna, y a pesar de que no era de contestar emails, logré que respondiera mi cuestionario. 

La entrevista, inédita, se la propuse a varios medios, pero finalmente el 13 de abril de 2007 la subí a mi blog. Su título inicial era "Me aburre ser nieto del Che", pero como ya para esa fecha Canek y yo éramos amigos y le conocía bastante, decidí ponerle "Adoro el anonimato".

Porque Canek, quien acaba de fallecer en México a los 40 años, como consecuencia de una complicación por una cirugía cardiovascular, era un tipo que odiaba la fama y no le gustaba que lo encasillaran. Quería pasar inadvertido, aunque físicamente no lo tenía fácil: medía cerca casi dos metros. Salió alto a su padre, el mexicano Alberto Sánchez Hernández. Su madre, la peruana Hilda Guevara Gadea, la hija mayor del Che, era bajita.

Insultos contra él

Canek fue quien me editó el libro Periodista, nada más, que  se puede leer en mi blog. También fue quien en 2005 me animó a escribir mis recuerdos de los primeros años de la revolución. En formato word le envié un largo testimonio y me propuso cuatro títulos: Melón y revolución, Verde como las palmas, Del PSP al PCC y Harry Potter y la revolución escatimada, que así finalmente se tituló. Una versión de ese testimonio se publicó en tres partes en DIARIO LAS AMÉRICAS con el título Una revolución verde por fuera y roja por dentro.

Entre 2005 y 2008, a través del correo electrónico, Canek y yo intercambiamos puntos de vista y escritos suyos o míos. El 3 de enero de 2006 me contaba: "Tania, por mis constantes discusiones con la izquierda procastrista ya he tenido el gusto de recibir insultos varios, incluyendo uno de mi querida tía Aleida, quien en una gira en Italia se topó con un compa italiano, y cuando éste le hizo saber que estaba de acuerdo con mi crítica al socialismo de Estado, ella respondió que yo era un verdadero imbécil y que no tenía una puta idea de lo que decía. En fin, es sólo una de tantas anécdotas, a las que a veces respondo iracundamente, a veces con guante blanco y a veces con el silencio más rotundo, según el ánimo".

Al día siguiente, el contenido de su email era muy distinto: "El fanatismo es una cierta predisposición, y quien es un fanático religioso fácilmente puede serlo en lo político también (el mejor ejemplo, lo intuyes bien, es el del islamismo radical; pero el bushismo opera de forma similar -hay que escuchar a Bush para comprender lo que es ser un enajenado de verdad- como Fidel). La fe no es un peligro (ni la ideológica ni la religiosa) el único peligro está en el Absoluto, en el fanatismo, en la negación de todo lo demás".

El enemigo de Fidel

El 15 de enero de 2006 me decía: "Ya el martes estaré en Burdeos, Francia, así que te escribiré con calma". Y me adjuntaba La transición, "un texto pensado para leer desde adentro (no sólo en Cuba, sino dentro de la discusión cubana en general) no utilizo el tono habitual de la denuncia o la divulgación de lo que ocurre en Cuba. Aún a pesar de mis vísceras he omitido lo más visceral de mi vocabulario en aras de un entendimiento mutuo... a ver qué ocurre"

Aquel artículo escrito por Canek hace ocho años empezaba así: "Fidel Castro tiene un enemigo en sí mismo, más poderoso que el mercado y el capital, más eficaz que cualquier disidencia y tan inevitable como la vida misma. No morirá porque así lo deseen sus furibundos enemigos, ni por anuncio de babalao alguno, mucho menos por envenenamiento o bala; será la muerte quien acabe con él, cerrando, simplemente, su ciclo vital. Morirá porque todos hemos de morir; morirá en cama, arropado por el Aparato, mimado por los órganos de propaganda. Claro que sería muy inteligente, tanto en términos prácticos -inmediatos- como en aquellos históricos que tanto obsesionan al Comandante, que iniciara él mismo las necesarias reformas políticas, económicas y culturales que Cuba requiere".

Solía pedirme mi opinión sobre sus textos, se las daba y con los buenos modales que siempre le caracterizaron, no demoraba en agradecerlo: "Querida Tania, gracias miles por tus acotaciones, todas muy correctas. Por lo demás, no te inquietes, a mí no me ofenden las palabras, y las tuyas siempre las recibo con cariño".

En 2007 se le metió en la cabeza hacer una web sobre Cuba, con el nombre de El Cubo, donde se publicarían Cubonews, un servicio noticioso que yo haría. La literatura también tendría espacio: "La verdad es que tengo más de mil libros en formato electrónico (word o pdf) y otros tantos ensayos de distintas épocas que he ido copiando por ahí, pero como soy tan desorganizado me cuesta 'un huevo' encontrar algo en ese caos. Y me río, porque a pesar de trabajar con bases de datos no he sido capaz de hacer una para organizar todo eso. En fin, algún día lo haré", me decía el 20 de abril de 2007. 

En sus palabras

Tendría mucho que contar sobre los más de tres años intensos de amistad con Canek Sánchez Guevara (La Habana 1974-México 2015), un cubano-mexicano-peruano que demasiado pronto se ha ido. Prefiero despedirme y recordarlo con sus propias palabras: 

"Mi madre, mi hermano Camilo y yo nos fuimos a vivir a La Habana en el verano de 1986, e inmediatamente después, entré a la secundaria Carlos J. Finlay, en Línea y G, en pleno Vedado. Honestamente, fue un choque tremendo. No tanto por las diferencias tangibles, materiales, como por las otras, las incorpóreas, las no-cósicas: de ser la revolución una utopía o una conversación, se convirtió para mí en una realidad absoluta. 

Entendámonos, yo no entendía un carajo de la revolución, tan sólo intuía que era el núcleo de nuestra vida (de la vida que yo había vivido con mi familia) y que se trataba de algo de lo que sólo se hablaba en voz alta cuando se estaba en confianza. De hecho, mi relación familiar con Ernesto Guevara nació en Cuba, donde irremediablemente fui bautizado como El Nieto del Che, y eso ya a los doce años.

"Me costó mucho aprender a lidiar con esa suficiencia revolucionaria tan llena de carencias, con ese discurso que se contradecía al abandonar el aula y con la maldita obsesión de algunos de mis profesores con que yo tenía que ser el mejor.

"Ser El Nieto del Che fue sumamente difícil; yo estaba acostumbrado a ser yo, a secas y de pronto comenzó a aparecer gente que me decía cómo comportarme, qué debía hacer y qué no, qué cosas decir y qué otras callar. Imaginen, para un preanarquista como yo, eso era demasiado. Por supuesto, me empeñé en hacer lo contrario".

 

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