El actual desarrollo tecnológico es tan rápido y exponencial que da vértigo. La sociedad no ha tenido tiempo para adaptarse a algunas tecnologías cuando llegan inventos superiores. La nueva era de la inteligencia artificial y el Internet de las cosas, hace colapsar a los tiempos del motor de combustión y la televisión. Silicon Valley deja de ser un experimento exclusivo y aislado para convertirse en un sistema replicable, en el “motor impulsor” , esta vez sin gasolina, hacia el nuevo sueño americano. Google, Intel, Hewlett Packard, Tesla, Ebay , Cisco Systems, Amazon y muchas más lo demuestran.

La era de los coches eléctricos es la realidad que se impone con más fuerza en nuestros días. Algunos científicos plantean que en 15 años se habrá sustituido el parque automovilístico de combustión por vehículos totalmente eléctricos y posiblemente autónomos. Ser conductor será cosa del pasado, las máquinas simplemente tendrán el trabajo de llevarnos, de forma segura, allá donde vayamos.

A lo largo de su historia el hombre se ha ido transformando en la medida que incorporó los avances tecnológicos a su alcance. Primero fue porteador, transportaba mercancías ayudado por cuerdas y estructuras de madera que fijaba a su propio cuerpo. En esa época cargaba a pie lo que sus fuerzas le permitían. Cuando se inventó la rueda surgieron los cocheros. Uno solo de ellos podía hacer el trabajo de cien porteadores. Más tarde, con el motor de combustión, el cochero fue sustituido por el camionero con vehículos cada vez más grandes, más potentes y más veloces. Ahora este camionero se ve amenazado por el camión eléctrico autónomo que borrará de la ecuación del transporte al chofer y al combustible.

Este ejemplo de lo que sucede en el transporte se ve reflejado en todas las facetas de nuestra vida, en la comunicación, la medicina, la educación y las industrias que tienen asociadas.

El modelo económico basado en el petróleo tiene los días contados. Las grandes compañías petroleras serán sustituidas por pequeñas y diseminadas empresas eólicas y solares. Los nuevos edificios incorporarán células fotoeléctricas y sistemas de aspas en sus techos, cristales y estructuras que extraerán la energía solar, del mar y del viento para convertirlas en energía eléctrica.

El sistema de distribución y creación de electricidad será más democrático. Detrás quedarán los días en que las gigantes empresas petroleras podían dictar los precios del combustible y condicionar el resto de la vida del planeta.

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En la actualidad, 45 factorías están produciendo más de 10 millones de vehículos al año utilizando las nuevas tecnologías.
En la actualidad, 45 factorías están produciendo más de 10 millones de vehículos al año utilizando las nuevas tecnologías.

Toda revolución industrial trae reacciones contrarias, movimientos de oposición, unas veces son pacíficas y otras no tanto, como fue el caso del movimiento ludita del XVIII en Inglaterra, cuando los obreros perjudicados por los adelantos industriales arremetieron contra las máquinas de los sustituían. Pero nada pudo frenar el desarrollo. Y, a pesar de que la máquina de vapor, la electricidad, el motor de combustión, la radio, la televisión, los primeros ordenadores y el internet fueron vistos como amenazas a los modelos económicos existentes en cada momento del desarrollo humano porque hicieron desaparecer empleos, cada uno de ellos fue el campo abonado sobre el cual se crearon nuevos y mejores trabajos.

Lo más importante es que nada pudo detener el desarrollo. La etapa superior siempre se abrió camino y terminó imponiéndose.

El hombre, con esa manía de domesticarlo todo, ha logrado convertir al sol en su más fiel sirviente. Lo ha transformado en el combustible total al cual todos estaremos conectados sin tener ningún intermediario. Los actuales avances tecnológicos permiten que toda fuente de energía espontánea esté en función del hombre.

Las nuevas tecnologías, los sistemas interconectados, la inteligencia artificial y la masificación de las nuevas energías nos llevará a formas superiores de organización social.

La preocupación no debe ser si las fábricas que producen autos contaminantes abandonan el país. La alarma total debe sonar si las grandes empresas tecnológicas comienzan a emigran hacia lugares donde les brinden mejores oportunidades de desarrollarse.

Tenemos que usar la imaginación, sin perder el ritmo de estos tiempos, para ayudar a quienes queden detrás. Las nuevas tecnologías producen riquezas exponenciales capaz de garantizar el bienestar social. Aferrarnos al pasado sería bajarnos del carro del desarrollo.

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