El Consejo para la Transición Democrática en Cuba compartió este lunes una declaración frente al incendio que azota a Matanzas. La noche del 5 al 6 de agosto fue terrorífica para muchos cubanos vecinos de los repartos Dubrocq y Versalles, de la ciudad de Matanzas.

Al producirse la descarga eléctrica que incendió el tanque de combustible 52 de la Base de Supertanqueros de la zona industrial, se dispararon las alarmas entre los residentes en las comunidades cercanas. Pero a las 4:00 de la madrugada, cuando estalló el segundo tanque de combustible, el 51, se produjeron verdaderas escenas de pánico. Desde entonces, muchos han abandonado la zona.

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A continuación, la declaración completa

La catástrofe en progresión en los supertanqueros de Matanzas del pasado 5 de agosto implica y agrega, entre otros, un problema humanitario más para nuestro país. El Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC) se une a las voces que desde dentro y desde fuera han ofrecido sus condolencias a los familiares de las personas desaparecidas, incluyendo a los bomberos de quienes se desconoce su situación y que acudieron al cumplimiento del deber. El CTDC desea, asimismo, una pronta y satisfactoria recuperación a quienes resultaron heridos en este siniestro. Propone, además, un día de duelo nacional cívico en homenaje a su determinación y coraje.

Esta catástrofe es eminentemente política. Compromete tres cuestiones ligadas al nivel, la capacidad y el estado político de un país. En primer lugar, el flujo de información, el estudio sistemático y el análisis de la infraestructura crítica, vinculado a la existencia de una prensa libre y a la responsabilidad autónoma e incentivada de los responsables y funcionarios del Estado. En segundo lugar, la capacidad acumulada de recursos de respuesta ante situaciones de emergencia o de urgencia estructural y, en tercer lugar, la capacidad para determinar y asignar recursos en una sociedad.

Afrontar con cierta eficacia estas cuestiones cruciales depende del modelo político de una nación. El de Cuba, cerrado y totalitario, solo puede seguir garantizando la degradación progresiva, permanente y total de un país que ha venido acumulando capas de problemas irresueltos: desde la economía, la vivienda para damnificados por los ciclones u otros golpes de la naturaleza, pasando por la ineficiencia e insuficiencia en sistemas tan preciados como los de la salud o la alimentación hasta los problemas con la generación y distribución de energía. Problemas que ya son todos estructurales.

Cuba es un Estado fallido porque no conoce, controla o maneja adecuadamente la información concreta sobre el estado del país, reprimiéndola allí donde empieza a fluir con transparencia, porque la acumulación de recursos materiales y tecnológicos está desbordada por la acumulación de fallas e insatisfacciones sociales, y porque la designación de recursos está dirigida a la economía oligárquica del turismo, en complicidad con el capital extranjero, a la reproducción pública de una retórica violenta desconectada de la realidad y a las instituciones represivas del Estado.

Un país con más prisiones que hospitales, como más patrullas policiales que ambulancias y con más balas que alimentos no se dirige a ningún puerto seguro. Menos en manos de un gobierno de incompetencias aseguradas que llama a la unidad de los marxistas del mundo cuando es incapaz de garantizar la viabilidad de una nación.

Los problemas de la realidad están dando golpes definitorios y definitivos al gobierno de la continuidad. Ha sido positivo en este sentido que las autoridades hayan hecho un llamado a la comunidad internacional y aceptado la ayuda inmediatamente ofrecida por el gobierno de los Estados Unidos.

Sería tanto más importante y positivo que el duro golpe en Matanzas, un golpe para toda la comunidad de cubanas y cubanos, dentro y fuera del país, sirva al gobierno para cambiar los enfoques y el rumbo. Las tensiones, que no son solo emergentes sino también acumuladas, requieren de todas las energías creativas de las y los cubanos sin distinción alguna, dejando a un lado esa inmadurez permanente del Estado de resolver un conflicto de argumentos con la descalificación y el encarcelamiento de quienes tienen otros puntos de vista, otros enfoques y conciben otros rumbos para el país.

El CTDC aprovecha para reiterar la solidaridad, para adelantar la necesidad de un robusto plan humanitario hacia Cuba, y para que se posponga el referendo del Código de Familia previsto para el 25 de septiembre. El estado psicosocial y de zozobra de la sociedad así lo requieren. Un Código que, por demás, exige una conversación nacional más profunda.

FUENTE: Con información de Diario de Cuba

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