LA HABANA.-La última vez que Lázara y sus hijos comieron carne de res fue hace seis años, cuando compró cinco kilogramos en el mercado negro que fluye en la capital de Cuba. “Ahora una libra de carne de puerco está a 300 pesos. Y el que quiera comprar carne de res, si no tiene dólares, tiene que robarse una vaca. Una comida cualquiera no baja de 350 pesos en los negocios particulares”, cuenta mientras pela tres plátanos verdes con un cuchillo sin cabo.

Con una pinza, Lázara gira la llave del gas. Busca el mechero encima de la repisa y prende la llama de su vieja cocina. “Hace tiempo que quiero comprarme una nueva. Esta tiene más de 25 años, ya no da más. No tiene ni botones para encenderla. Es un peligro”. Luego en el sartén vierte un chorrito de aceite vegetal. “El litro me costó 600 pesos por la izquierda. Lo tengo que alargar por lo menos un mes. Apenas comemos frito. Y no es por cuidar la salud. Es por necesidad”.

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Cuando se calienta el aceite, Lázara comienza a freír las mariquitas de plátanos. Su hija prepara una ensalada de aguacate y pepino. “El aguacate me costó 60 pesos, 25 pesos la libra de pepino, 36 pesos tres plátanos, a 12 cada uno. Un paquete de perritos (salchichas), 170 pesos. Puré de tomate me quedaba, no tuve que comprarlo. Para comer arroz blanco, perritos en salsa, mariquitas y ensalada he gastado 300 pesos. Hoy no podemos quejarnos. Casi siempre es arroz, una vianda y frijoles si tengo. Comer en Cuba es un lujo. Este es un país para locos”, asegura.

Lázara es madre soltera con dos hijos. “Tengo un ‘osorbo’ (mala suerte) que pa’ qué. Mujer, negra y pobre. A recogerse”, dice e intenta sonreír. Prende un cigarro. Mueve la cabeza de un lado a otro. Siente que vive una pesadilla en tiempo real. “No es fácil. El padre de mis hijos nunca me ha girado un centavo. Cuando no está preso lo andan buscando. No me gusta que me cojan lástima. Lo único que quiero es una oportunidad. He trabajado toda mi vida y no tengo nada. Las carencias me superan”, confiesa y añade:

“Mi hija mayor estudia en un tecnológico y le hacen ‘bullying’ (burlas) por los zapatos feos y remendados que lleva. Al varón igual en la secundaria. Ninguno de los dos tiene (teléfonos) celulares ni ropas de marca. Y se alimentan poco y mal. La única proteína que comemos es huevo, salchicha, picadillo de soya y el pollo, cuando toca por la libreta o me disparo una cola de siete horas. No se ve mejora por ninguna parte. Y yo si no tengo familia que me envíe un puto dólar ni que me saque de este infierno. Díaz-Canel y su gente son unos incompetentes. Tienen a la gente pasando hambre y después quieren que el pueblo los aplauda”.

Los sin derechos

Lázara devenga un salario de 2.640 pesos limpiando el piso en un policlínico al sur de La Habana. Para buscarse un dinero extra, lava ropa y revende pacotillas [baratijas] en el mercado informal. “No puedo ir al cine, al teatro o un cabaré. Todo el dinero que busco se va en comida”.

Al otro extremo del país, en la provincia de Guantánamo, Arletis, secretaria y madre de tres hijos, explica que “fuera de La Habana la situación es aún peor. Los apagones son de ocho y diez horas diarias y solo quienes tienen parientes en ‘la Yuma’ (EEUU) pueden comprar en las tiendas en MLC. Muchos hombres y mujeres están enviciados con el alcohol y un montón de muchachitas jóvenes se van pa’ La Habana a prostituirse. En Guantánamo comer arroz, frijoles, un huevo hervido y fufú de plátano es cosa de privilegiados. Y si haces una directa en Facebook quejándote de la situación, la Seguridad del Estado te desaparece”.

Arletis tiene un salario de 3.200 pesos y su esposo de 4.500, entre los dos ganan 7.700 pesos. “Y la estamos pasando negra. Mis hijos hace tiempo que no comen chucherías [golosinas] y ya ni tomar refresco podemos, porque un refresco gaseado cuesta cien pesos".

Negocio redondo

Miriam, maestra jubilada, recibe 200 dólares mensuales y su familia, además, le compra leche, alimentos y artículos de aseo en sitios online como Supermarket o Katapulk. "Aunque estoy muchísimo mejor que la mayoría, ‘conseguir’ comida es un dolor de cabeza en Cuba. Tengo que cuidar a mi madre, postrada en un sillón de ruedas, pero gracias a mis familiares en Miami, no le faltan medicinas y pañales desechables, entre otras cosas que necesita una persona en su estado. Todo eso cuesta un montón de dólares y los precios en esos sitios son de infarto. Un verdadero abuso".

El régimen castrista ha montado un auténtico negocio con la emigración cubana. Los ordeñan como si fueran vacas. Empresas militares como GAESA y pequeños negocios de pesos pesados del régimen están enfocadas en captar los dólares que llegan de Estados Unidos. Han creado un holding empresarial que reinvierte los más de 3.000 millones de dólares, que, según analistas económicos, entran por concepto de remesas, en la construcción de hoteles de lujo y campos de golf exclusivos para extranjeros.

“Es un negocio sumamente lucrativo”, comenta un ex funcionario de CIMEX, empresa militar que administra cientos de tiendas en divisas en todo el país. “Al igual que Putin sufraga la guerra con Ucrania con el dinero de las exportaciones de petróleo y gas a los países de la UE, el gobierno cubano se financia con los negocios, la mayoría espurios, que han montado alrededor de las divisas, ya sea con la exportación de servicios médicos o el envío de remesas. Con las utilidades, que son en el orden del 240 al 500% en el caso de los artículos que se venden en comercios minoristas, y el sueldo de los profesionales de la salud donde se embolsillan el 70 u 80 por ciento, diseñaron esquemas financieros en paraísos fiscales y han invertido casi 20.000 millones de dólares en la construcción de hoteles en los últimos doce años”.

En opinión del ex funcionario de CIMEX, "todo ese entramado fue creado por Fidel con la apertura de Cubalse y Palco, dos empresas administradas por Abraham Maciques a finales de la década de 1970. Luego su hermano Raúl Castro continuó el mismo esquema. GAESA es un gobierno dentro de un gobierno. No los controla nadie. Se desconocen sus ganancias. Son dueños de la mayoría de los negocios, que incluyen hoteles, gasolineras y la empresa de telecomunicaciones ETECSA”, afirma y añade:

"Las tiendas virtuales son negocios personales de altos funcionarios del gobierno. No cualquier funcionario. Solo los históricos o allegados a Raúl. Ramiro Valdés ha montado su chiringuito con COPEXTEL que tiene una tienda online que vende hasta motos eléctricas. Por un trabajo publicado en CubaNet, se supo del negocio de Flora y Fauna de Guillermo García, conocido por la venta de caballos de raza, cuando a los excursionistas los trasladan en ómnibus a Varadero o a los cayos, se detienen en una cafetería de su empresa situada en la Autopista Nacional, a la entrada de Jagüey Grande, Matanzas, para que los turistas merienden”.

No hay opción

A Susana, arquitecta, sus parientes desde Madrid le recargan una tarjeta Visa que le permite comprar en Katapulk desde Cuba.

“Estas tiendas virtuales fueron diseñadas para exprimir a los emigrados. Los cubanos que vivimos en la isla no podemos comprar con la tarjeta MLC ni siquiera con dólares en efectivo. Es necesaria una tarjeta extranjera. Los precios son escandalosos. Una bolsa de cinco kilogramos de leche en polvo importada de Estados Unidos en casi 70 dólares; diez litros de helado, elaborado en la localidad habanera de Punta Brava por Lácteos Clamanta Gustó, en 49 dólares, y dos perniles de cerdo de 22 kilogramos en 167 dólares. Es un robo, pero las tiendas MLC están desabastecidas. No tengo otra opción”, admite Susana.

El ex funcionario de CIMEX, asevera que negocios como Katapulk dejan en evidencia la esencia totalitaria del régimen. “Con una crisis económica bestial, inflación galopante y un Estado que no tiene divisas para comprar alimentos al cash en USA, la pregunta es ¿por qué el gobierno no autoriza a emprendedores privados o a firmas extranjeras que importen alimentos desde Estados Unidos y puedan venderlos directamente? Las leyes del embargo no impiden a los particulares importar comida destinada a Cuba. Katapulk es un buen ejemplo. Supongo que no lo permiten para que sus lucrativos negocios no tengan competencia”.

Lázara, madre soltera de dos hijos, cree que algo debe hacer el gobierno para aliviar la situación económica. “No es solo la comida. Son muchas cosas más. Demasiadas necesidades. Los ratones cuando están acorralados se reviran. Con el hambre no se juega”.

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