ESPECIAL
@DesdeLaHabana
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LA HABANA.- Incluso en los años más duros del Período Especial en 199, con apagones de 12 horas diarias y una comida al día, Erasmo y su esposa Delia nunca dejaron de peregrinar hasta la capilla de San Lázaro, en la localidad del Rincón, al sur de La Habana, en Cuba.
El viernes 16, en la víspera del 17 de diciembre, pasada las 10 de la noche, Erasmo, vestido con camisa y pantalón de saco de yute, se desplazaba arrastrándose por el camino que conduce al templo del santo de los pobres, enfermos y mendigos, con una piedra atada a sus pies descalzos.
Su esposa y un grupo de devotos lo alientan a que siga adelante, limpian la carretera con ramas secas y dicen oraciones a San Lázaro. El esfuerzo físico es escalofriante. Erasmo, de 56 años, corpulento y con vientre voluminoso, suda a chorros.
Exhausto, inmóvil en el asfalto, con un quejido, pide ayuda. Bebe agua de un botellín plástico y un peregrino le ofrece un poco de ron peleón. Se da un trago largo, hace una mueca como si le quemara el alcohol que baja por su garganta y luego sigue arrastrándose por la calle.
“Ten fe, vamos que tú puedes, tienes que cumplir con el ‘viejo’”, le anima Delia, quien cuenta que “en 1992 nuestro hijo estuvo 40 días debatiéndose entre la vida y la muerte debido a un accidente de tránsito. Gracias a los rezos a San Lázaro salió adelante. La promesa fue ir a gatas y arrastrando una piedra hasta el templo todos los años”.
Peregrinaje
Falta casi un kilómetro para llegar a la iglesia del Rincón. Miles de creyentes, de todas las regiones del país, en medio de la oscuridad caminan hasta el santuario. Elizabeth, madre de un hijo preso por las protestas del 11J, confiesa que fue a rezar por su hijo y "a pedirle al milagroso que en 2023 el gobierno se compadezca de todos esos muchachos que pacíficamente salieron a protestar”.
Mientras tanto, la mujer sostiene en su mano un puñado de billetes arrugados de 20 pesos (80 centavos de dólar cada uno, al cambio oficial), que espera depositar en el altar.
“(El gobernante Miguel) Díaz-Canel debiera aprobar una amnistía general para los presos políticos. Sería una buena manera de reconciliarnos e iniciar un debate entre los cubanos a camisa quitada, más allá de su ideología o credo. Diciembre es un buen mes para perdonar. El viejo Lázaro va a escuchar mis ruegos”, comentó Elizabeth.
Alejandro, jefe de almacén, asiste al Rincón para cumplir su promesa cada año: “Si no fuera por el 'viejo' yo estaría en el tanque (prisión). Me acusaron de malversación y me querían sancionar a diez años. Le pedí a San Lázaro que si me libraba de la cárcel iba a cambiar. Y cambié”.
La fecha guarda un significado especial para los cubanos. Incluso en los años más radicales de Fidel Castro, cuando Dios también era un adversario ideológico y los curas eran sospechosos habituales del 'proceso revolucionario’, miles de devotos peregrinaban en la víspera del 17 de diciembre a renovar sus votos con San Lázaro.
Circunstancias
La posición del régimen siempre fue ambigua. Por un lado, no impide la celebración, aunque no la estimula. La prensa oficial no se hace eco de esa devoción. Sin embargo, el caótico transporte urbano se refuerza y la gastronomía estatal oferta entrepanes y agua mineral en puestos de ventas ambulantes por las inmediaciones del paradero de ómnibus de Santiago de las Vegas.
En 2022, con precios de escándalo, “la inflación va a terminar de sepultando al gobierno. Un pan duro con una lasquita de embutido medio verdoso lo venden en 150 pesos (seis dólares al cambio oficial) y un pomo de agua en 200 pesos (ocho dólares). Es un abuso. Voy al Rincón a pedirle al viejo Lázaro que acabe de una vez y para siempre con el sufrimiento de los cubanos, que tiene nombre y apellido”, expresó en voz alta una señora.
Para llegar a la iglesia del Rincón hay que atravesar un suburbio de casas bajas, algunas de maderas con tejas de barro. En los portales de las viviendas sus moradores colocan vistosos altares y en quioscos privados venden desde tentempiés y refrescos hasta cuadernos de plegarias y collares religiosos.
En las afueras del templo, que colinda con un hospital de leprosos que el papa Juan Pablo II visitó en 1998 durante su visita a Cuba, miles de personas acampan hasta el filo de la medianoche, cuando se efectúa la homilía a San Lázaro.
A esa hora, la gente se amontona a las puertas de la iglesia y depositan monedas, velas y flores en diversos sitios. El sacerdote comienza su misa con citas bíblicas y ora por los necesitados, los enfermos y los que sufren prisión. Al final de la ceremonia pide paz, concordia y prosperidad para el pueblo cubano. Los congregados aplauden y en voz baja rezan o hacen peticiones
Erasmo, aún extenuado por el esfuerzo físico, y su esposa Delia, murmuran una oración. Un cubano residente en Miami pide reunirse lo más pronto posible con su hija que vive en La Habana. Elizabeth reclama libertad para su hijo y los presos de las protestas populares del 11 de julio de 2021. San Lázaro los escucha a todos.

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