LA HABANA — La prolongada crisis económica y energética que atraviesa Cuba comienza a reflejarse con mayor fuerza en la salud mental de la población. Psicólogos y especialistas advierten de un aumento del agotamiento emocional, la ansiedad y la incertidumbre entre los cubanos, mientras la escasez de alimentos, los prolongados apagones y el deterioro de las condiciones de vida obligan a millones de personas a concentrar sus esfuerzos en resolver las necesidades más básicas.
La salud mental de los cubanos se deteriora al ritmo de la crisis que afecta la isla
Especialistas advierten que las dificultades para acceder a servicios básicos y la falta de perspectivas agravan el impacto psicológico sobre la población
Mayumis Núñez, de 44 años, conoce de cerca esa realidad. Desde hace tres semanas duerme en una cama improvisada frente al edificio donde vivió durante años, en Centro Habana, después de que parte del inmueble centenario colapsara y fuera declarado inhabitable.
La mujer asegura que la falta de descanso y la incertidumbre sobre su futuro son las cargas más difíciles de soportar. "Imagínate solamente el no tener un descanso. Saber que es un día y otro día y otro día", afirma.
Cada mañana sube hasta lo que queda de su apartamento para bañarse —si los apagones permiten el suministro de agua—, cambiarse de ropa y prepararse para ir a trabajar.
La vida cotidiana en Cuba se ha convertido en una sucesión de obstáculos. Conseguir agua potable, alimentos, transporte o simplemente dormir durante una noche completa son desafíos diarios para millones de personas.
La situación se agravó aún más este año tras las restricciones al suministro de combustible, que profundizaron la crisis eléctrica y los cortes prolongados de energía.
El impacto psicológico de la crisis
Más allá de las carencias materiales, especialistas en salud mental alertan de un creciente desgaste emocional provocado por la necesidad permanente de afrontar la crisis sin perspectivas claras de mejoría.
En el Hospital Calixto García, en La Habana, donde funciona desde hace años una consulta especializada en manejo del estrés, los médicos observan que los problemas económicos y la incertidumbre aparecen cada vez con mayor frecuencia entre los motivos de consulta.
Sentados en círculo durante las sesiones terapéuticas, estudiantes, jubilados y profesionales comparten preocupaciones similares: apagones, bajos ingresos, familiares emigrados y proyectos de vida aplazados.
Entre ellos está Claudia Sifredo, estudiante de Pedagogía de 29 años, quien reconoce que ha debido posponer planes personales, como independizarse de sus padres.
"Todo es caótico (...) esta situación actual es de tanto estrés y tanta incertidumbre que uno no sabe ni cómo llevar el diario", comenta.
La joven asegura que la terapia le ha permitido concentrarse en aquello que sí puede controlar. "Tengo que aprender cómo lidiar con ese entorno que no puedo cambiar ahora mismo", explica.
"Un estrés sobre otro"
La directora de Salud Mental de La Habana, Tania Peón, sostiene que buena parte de la población vive en un estado permanente de alerta.
"Las personas están en función de resolver necesidades básicas durante todo el tiempo", explica.
Ese esfuerzo continuo termina acumulándose y genera un desgaste progresivo. "Es un estrés sobre el estrés", resume la especialista.
Aunque las familias continúan buscando alternativas para enfrentar las carencias, Peón advierte que el agotamiento psicológico es cada vez mayor.
La especialista también manifestó preocupación por el impacto de la crisis entre los adolescentes.
"En el primer semestre de este año hemos estado observando un incremento de la conducta suicida de nuestros adolescentes", señala.
Aclara que este fenómeno no puede atribuirse exclusivamente a la situación económica actual, aunque considera que el contexto de incertidumbre y presión constante constituye un factor que agrava la vulnerabilidad emocional de muchos jóvenes.
Incertidumbre y agotamiento
Las señales de deterioro psicológico ya eran visibles antes del agravamiento de la crisis energética.
Una encuesta realizada en 2025 entre adultos cubanos detectó niveles "extremadamente severos" de depresión, ansiedad y estrés, además de una relación entre los prolongados apagones y el deterioro de la salud mental.
Leandro Wanton, guía turístico de 45 años, afirma que la frustración se ha convertido en una constante.
"Hay días que tú te levantas y quieres explotar", reconoce.
Junto con su pareja, Roberto Ronda, chef de 49 años, intenta mantener un pequeño negocio de comida en La Habana Vieja, aunque los cortes eléctricos afectan el funcionamiento del local, dañan los alimentos y dificultan cualquier planificación.
"No hay un sosiego, no hay un descanso. La salud mental se va desgastando", sostiene Ronda.
La incertidumbre también condiciona su visión del futuro.
"El futuro para mí es incierto", afirma, salvo que ocurra "un cambio radical" en el país.
Vivir resolviendo
A unos 150 kilómetros de La Habana, en Consolación del Sur, provincia de Pinar del Río, el campesino Fidel Maqueira pasa las noches vigilando sus bueyes para evitar robos y durante el día enfrenta los efectos de los apagones, la escasez de agua, la falta de insumos agrícolas y el aumento constante de los precios.
"Estamos viviendo una etapa muy mala. Estamos locos (...), no tenemos tranquilidad ninguna", lamenta.
Pese a ello, asegura que intenta seguir adelante "sin pensar tanto en los problemas" y resolviendo "con lo poquito que uno tiene".
Cuando cae la noche, Mayumis Núñez vuelve a acostarse frente al edificio semiderrumbado que durante años fue su hogar.
Al día siguiente repetirá la misma rutina: subir a lo que queda de su apartamento, prepararse para trabajar y volver a enfrentar otra jornada marcada por la incertidumbre, la escasez y la necesidad permanente de encontrar una forma de seguir adelante.
NULL
FUENTE: Con información de AFP
