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@DesdeLaHabana

LA HABANA. El pasado viernes 6 de marzo entró un frente frío en La Habana. Una brisa fresca y ligeramente húmeda corría por la ciudad. El cielo gris, encapotado, amenazaba lluvia. Estaba en el Parque Central, chateando por WhatsApp con la periodista sin mordaza Iliana Hernández Cardosa. Habíamos concertado una entrevista y pensábamos vernos en el más famoso de los parques cubanos.

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En un chat, Iliana me envía una foto del mal tiempo en Cojímar. Me da dos opciones: o cambiamos la entrevista para el lunes, debido al mal tiempo, o si prefiero, puedo ir hasta su casa. Valía la pena hacer una visita a Cojímar, antigua villa de pescadores que el escritor Ernest Hemingway inmortalizó en su novela El viejo y el mar. Hemingway visitaba con frecuencia esa localidad, a siete kilómetros del centro de la capital, para charlar sobre la pesca de la aguja con su amigo Gregorio, dueño del velero Pilar.

Si usted desea ir a Cojímar tiene que regatear con los taxistas privados que se apostan a un costado del hotel Saratoga. Iliana me lo había advertido: “Cobran cinco o seis pesos convertibles”. Un tipo con un abrigo más apropiado para una nevada en Nueva York que para un invernal día en La Habana, al verme se frota las manos y me pide diez cuc. “Brother, no soy cubanoamericano ni turista”, le digo e inicio el regateo. Al final, una señora y yo acordamos pagarle seis cuc, tres cada uno.

Nos condujo hasta un destartalado Moskovich de la era soviética que cancaneaba al arrancar. El trayecto a Cojímar no llega a quince minutos. Pero el taxista justifica el precio por “lo duro que están las cosas en Cuba” y Cojímar es un poblado aislado donde apenas funciona el transporte público”.

Cuando llego a casa de Iliana, estaba haciendo una directa por Facebook para CiberCuba, medio digital con el que colabora. Es una mujer hiperquinética, de pronunciación pausada y cuerpo esbelto cultivado en el gimnasio y la práctica de deportes desde la niñez. Al finalizar su directa, nos sentamos en un sofá del amplio portal y comenzamos la entrevista.

Aclárame una duda, ¿tú naciste en Baracoa? (Villa fundada por los españoles en 1511, Baracoa es un municipio de Guantánamo, provincia situada a más de 900 kilómetros al este de La Habana).

No, yo nací en la ciudad de Guantánamo, el 3 de julio de 1973. En mi ciudad natal estudié hasta el doce grado (preuniversitario). Allí también me gradué de bailarina y recibí clases en una escuela de circo. Me hice artista, porque en ese tiempo quería marcharme del país y pensaba que era el camino más viable para lograr mi objetivo.

¿Cuándo lograste salir de Cuba?

El 13 de agosto de 1996, rumbo a España.

¿En ese momento pensabas que era un boleto de ida y vuelta?

No, que era un viaje definitivo. Nunca creí que iba a regresar. Te cuento. En 1994 estaba trabajando en Guantánamo como modelo en Cuenta Conmigo, un programa de Solvisión, emisora local de televisión, cuando desde La Habana me llaman familiares y me dicen estaban preparando para irse del país, durante la crisis de los balseros. Pero ocho millas mar adentro se rompe la precaria embarcación y tuvimos que virar. No pude irme en esa travesía y me quedé trabajando en las playas habaneras del este, con Yuri y Alain, dos hermanos que actualmente residen en Estados Unidos.

En diciembre de 1995 viajo a Guantánamo, a pasar el fin de año y el invierno con mi familia. En febrero del 96 por un amigo me entero de que están preparando una salida por la Base Naval de Guantánamo. Me apunté, pagué mi billete y el suyo. Un fracaso que me costó 37 días en prisión, después de dos noches perdidos en zonas cercanas a la Base, sin agua ni comida, descalzos, tras haber estado una noche entera intentando llegar por mar. En esa época habían eliminado la ley de prisión preventiva para quienes intentaban salir ilegalmente de Cuba y me libré de 3 años de prisión. Regresé a La Habana y cuando unas amistades españolas supieron que había arriesgado mi vida para irme a través de la Base Naval de Guantánamo, me ayudaron a salir hacia España.

Desde joven siempre quise marcharme. Entonces desconocía la labor de la disidencia interna. No sabía que se había emitido un documento titulado La Patria es de Todos ni que existía Oswaldo Payá y su Proyecto Varela, tampoco otros movimientos de activismo político. Al igual que la mayoría de los cubanos, estaba desinformada. Internet sonaba a algo mágico, surrealista. Como muchos jóvenes en Cuba, mi obsesión era emigrar.

Llegaste a España en el verano de 1996. ¿Te radicaste en Madrid?

Sí, en Madrid. Antes estuve en Soria y estando allí, me entero que el dueño de un centro nocturno en Madrid estaba buscando una bailarina. El hombre me contrató y comencé a trabajar, bailando. El baile es una de las cosas que más me gusta en el mundo y además me pagaban por ello.

¿Fue tu único trabajo en España?

No, bailaba los fines de semana y de lunes a viernes trabajaba en una inmobiliaria. En esa etapa era el boom del ladrillo y también me dediqué a vender casas, era una especie de corredora de viviendas. En 2007 conocí al hombre que más tarde sería mi pareja y me fui a vivir con él a Valladolid. Aproveché ese tiempo para estudiar, me hice técnica en prótesis dental. En 2011 obtuve la ciudadanía española.

Muchos cubanos cuando viven en la Isla, por el control de la información, el alto costo de Internet y el miedo a la Seguridad del Estado, no se interesan por los temas políticos. Pero una vez en el extranjero, comienzan a implicarse en la política y exigen democracia y cambios económicos en su patria. ¿En tu caso cuándo comienzas a interesarte por la situación política de Cuba?

Cuando uno reside en el exterior, con pleno acceso a internet, a las personas que en Cuba no les interesaba lo que pasaba en su país, vivían ajenos a las violaciones de los derechos humanos por parte de los órganos represivos y la dictadura, cuando viven en una sociedad libre, al recibir y procesar información nueva, comienzan a interesarse por el presente y futuro de su país. No olvidar que en las escuelas cubanas te adoctrinan y que el régimen diseña una narrativa histórica adecuada a sus intereses.

En mi caso, el blog Generación Y de Yoani Sánchez influyó mucho. A partir de 2007 yo pasaba tiempo en Cuba con mi ex pareja, que era empresario, y comencé a intercambiar criterios políticos con amigos de confianza. Ellos me contaron del enfrentamiento de Eliécer Ávila con Ricardo Alarcón en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), en 2009. Estando en España veo en la televisión que la bloguera Yoani Sánchez gana un premio, luego que es detenida y empiezo a buscar más informaciones por internet. Además del blog de Yoani, seguía La Mala Letra, de Regina Coyula y Octavo Cerco de Claudia Cadelo.

Me convertí en lectora y comentarista habitual en La Joven Cuba de Harold Cárdenas, quien por cierto ahora me tiene bloqueada. Me enfoqué más en La Joven Cuba porque ahí el debate era con personas que defendían al régimen contra todos los que desde el exterior expresábamos nuestro sentir. En ese momento tenía un alto nivel de vida, podía ayudar a personas que estaban dando la batalla desde dentro, recargándoles el teléfono móvil o haciéndoles llegar donaciones. Decidí respaldar a Claudia Cadelo. Pero fue por poco tiempo porque de repente ella cerró su blog y cortó con todo. Tal vez no pudo aguantar la presión de la Seguridad del Estado, no todo el mundo puede aguantarla y lo entiendo, no es fácil.

No tenía a quien respaldar cuando descubrí a Eliécer Ávila en el programa Estado de Sats, canal audiovisual que también descubro. Recordé que era el muchacho de la UCI del cual había oído hablar en 2009. Me puse en contacto con él, hice lo mismo que con Claudia y en uno de mis viajes a La Habana le conocí personalmente. Eliécer me llevó a conocer a Rodiles y así fueron creciendo mis relaciones de amistad con la disidencia cubana. Todo esto lo hacía a escondidas de mi ex marido, él sabía de mis inquietudes y me aconsejaba que no me involucrara demasiado.

Pero es inevitable hacerlo cuando eres una persona tan pasional como yo. Cuando vi que a Eliécer mucha gente lo saludaba y reconocía en la calle, le pregunté si no había pensado en hacer algo, organizar un grupo aprovechando su popularidad en Cuba y me dijo que también lo había pensado. Así fue como poco a poco le fuimos dando forma a Somos +, nombre que salió de unos checos en una de las visitas que hizo Eliécer a Europa y que nos venía como anillo al dedo: es cierto que somos más los que queremos cambios para Cuba, pero también es más el miedo a enfrentar al régimen.

¿Cuándo decides repatriarte?

En 2011 mi vida dio un giro de 180 grados. Rompí mi relación de pareja y pude dedicar más tiempo al activismo político, aunque mis viajes a Cuba ya no eran tan seguidos. En 2013 se crea un grupo amplio de personas que integraban el movimiento Somos +, estábamos trabajando con seriedad, hasta que en 2016 por primera vez me detuvieron. Casualmente fue un 8 de marzo, hace cuatro años. Estábamos en una reunión de activistas en (el municipio) Playa y al terminar José Daniel Ferrer iba a ir a la Embajada de Estados Unidos y a mí me iban a dejar en mi casa. Pero cuando íbamos por la 5ta. avenida nos detuvieron. A José Daniel lo llevaron en un coche patrulla y a Rafael García y a mí en otro. Pude grabar momentos de la detención, un video que subí a Facebook. En la unidad de (el municipio) Regla el represor que se hacía llamar El Polaco me amenazó con que iban a prohibirme la entrada a Cuba. Y como ya estaba lo de la repatriación, al día siguiente fui a pedir mi repatriación en Guanabacoa. El proceso fue rápido, duró solo cuatro meses.

¿Estabas consciente de que regresabas para involucrarte en el activismo ciudadano y político?

Sí, claro. Al ver que me amenazaron, dije que prefería estar dentro de Cuba haciendo periodismo independiente y activismo político en la calle que fuera de mi país debatiendo en las redes sociales. Cuando vivía en el extranjero mi activismo político solo era en la redes, comentar y polemizar en diferentes sitios, pero ya dentro de Cuba mi labor es más efectiva. Hago periodismo ciudadano hablando con la gente. Soy una persona abiertamente anticastrista. Quiero un cambio político en mi patria. Apuesto por la libertad de expresión, el multipartidismo y la democracia. Y lo asumo.

La mayoría de los cubanos que tienen una situación económica desahogada, como era tu caso, si deciden repatriarse, es para montar un negocio o vivir lo mejor posible en Cuba. Tú regresas a involucrarte en el activismo político y a hacer periodismo contestatario. ¿No te arrepientes de haber dejado atrás una vida cómoda en España para sufrir acoso y detenciones en tu país?

No, no me arrepiento. Lo hago porque lo creo y lo siento. A todo el mundo le gustaría vivir bien. Pero yo elegí hacer algo por mi país. No soy masoquista ni mártir. Mi plan era estar seis meses en Cuba y seis meses en España. Pero desde 2017 los órganos represivos me prohíben salir de Cuba. Con sus detenciones, amenazas y decomisos de mis pertenencias ellos han radicalizado mis posiciones. Entonces aquí me tienen. Y no pienso claudicar ni mendigar mi derecho de viajar al extranjero.

¿Cuándo empezaste a realizar periodismo audiovisual?

Cuando me repatrié, me di cuenta de la poca actividad que había en el Movimiento S+ dentro de Cuba y decidí hacer algo. Se me ocurrió un programa audiovisual y empecé a darle forma. Es cuando sale Lente Cubano del cual hice catorce programas, todos costeados con mi bolsillo. Cada programa me costaba alrededor de mil pesos convertibles. Era un espacio multitemático. Se hablaba de moda, de temas juveniles, entrevisté a artistas famosos como la reguetonera Señorita Dayana, El Micha, el dúo Yomil y el Dani, entre otros. Después comencé a hacer directas en Facebook. Y desde 2018 colaboro con CiberCuba, un sitio que ahora mismo tiene casi millón de lectores. Me muevo en diversas temáticas, casi siempre temas sociales y políticos. Cada directa mía suele tener más de 30.000 Like.

En 2015, Iliana Hernández corrió Marathon des Sables, una carrera de supervivencia de 240 kilómetros, en varias etapas, por el desierto del Sahara. "Durante toda la carrera estuve acompañada de mi bandera cubana, es una experiencia única, se la recomiendo a todo el que pueda hacerla, ahí pruebas tu fortaleza mental más que la física. Después del Marathon des Sables te comes el mundo, no hay nada que te detenga. Me cambió la vida y fue un eslabón importante en la decisión de luchar con todas mi fuerzas por la libertad de Cuba. Cuando consigues terminar una carrera como ésa, enfrentarte a la Seguridad del Estado lo encuentras fácil. Soy corredora de fondo, pero no soy de hierro y cuando estoy de bajón me digo 'Iliana, tu puedes con todo'. Me levanto y sigo.

Le encanta cocinar, no así las labores hogareñas. Considera que no nació para limpiar, lavar, fregar, planchar... Siempre ha conseguido que le echen una mano en esas faenas. A su pasión bailar, hacer deportes y montar bicicleta, se suma la realización de audivisuales. Tiene varios proyectos en mente. “Quiero hacer una serie sobre lo duro que para las cubanas, en particular las disidentes, resulta ser cabeza de familia y llevar las riendas de su hogar. También sobre el pobre nivel de vida de la mayoría de los opositores. Pretendo desarmar la tesis del régimen que asegura que muchos entran en la disidencia por dinero”.

Pasada las siete de la noche nos despedimos. Cae una lluvia fina y la temperatura ha bajado. En su casa de Cojímar ha quedado Iliana Hernández, quien se prepara para otra directa en Facebook. En las redes sociales divulgará las detenciones y actos represivos de la Seguridad del Estado contra periodistas, artistas independientes y activistas políticos. Y saldrá a la calle a recoger la opinión de la gente.

A pocos días de haber ofrecido esta entrevista a DIARIO LAS AMÉRICAS, el lunes 9 de marzo, Iliana Hernández fue nuevamente arrestada por la policía política cubana, junto a otros activistas después de ser acosados por un grupo de ancianos que les gritaban improperios mientras Hernández y demás opositores abogaban por la liberación del joven artista Luis Manuel Otero Alcántara.

Al día siguiente del arresto, Hernández fue liberada.

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