LA HABANA—"Para entender el impago de una multa habría que comprender, en primer lugar, las razones que conllevaron a la imposición de esa multa y la situación del presunto infractor", dijo María Isabel Jiménez, licenciada en Derecho y vecina de la barriada de Santo Suárez, en La Habana, Cuba. Ella fue consultada sobre por qué tantos cubanos llegan a las oficinas de Control y Cobro con multas duplicadas, que en su mayoría han sido impuestas por presuntas contravenciones de las medidas sanitarias por el Covid-19.

"Casi totalidad de la población cubana es vulnerable, y dentro de esa vulnerabilidad existen sectores en condiciones mucho peores, como los jubilados, las madres solteras y los asistenciados sociales", añadió Jiménez. El drama ha empeorado con el desabastecimiento de productos de primera necesidad, "que obliga a la gente a aglomerarse ante las tiendas durante horas, con enorme riesgo de contagio".

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"Vas a buscar comida y regresas con un posible contagio o una multa que representa el total del salario mínimo establecido tras la unificación de la moneda", criticó la abogada, quien fue multada por "mal uso de la mascarilla", por bajársela para beber agua después de dos horas de cola en La Época, una de las tiendas más populares de La Habana.

"El Gobierno se está haciendo millonario con las multas", es una de las expresiones que se escuchan con frecuencia en cualquier esquina habanera. Desde el inicio del estado de emergencia, en marzo del pasado año, las multas por propagación de epidemia avanzaron hasta la categoría de "virales".

Ajustadas a 2.000 pesos, las multas correctivas se imponen por llevar mal la mascarilla, no respetar la distancia social en una cola, o reunirse más de ocho personas en una vivienda, por citar solo tres ejemplos. Deben pagarse en el plazo de 30 días o de lo contrario se duplican. Centenares de ciudadanos han recibido penas de privación de libertad de hasta un año por la imposibilidad de pagar una multa que significaba la totalidad de sus salarios mensuales.

Muchos habaneros preguntados en colas ante oficinas de Control y Cobro de Multas, se quejaron de que a casi nadie se le notifica con antelación que su multa está a punto de duplicarse. La mayoría se entera el mismo día en que se termina el plazo.

En medio de una severa escasez de alimentos, medicamentos y el incremento de los costos de servicios públicos como agua potable, gas y electricidad, estas multas, que suelen imponerse desde la enraizada arbitrariedad de la Policía y funcionarios del Consejo de Defensa Provincial, dejan a los cubanos indefensos.

"Para reclamar una multa presuntamente injusta, primero tiene que ser pagada por el ciudadano; toda apelación tiene que realizarse con la previa presentación del recibo de pago de las oficinas de Control y Cobro de Multas", explicó una oficial de la PNR bajo condición de anonimato.

"De no pagar la multa duplicada, se pone el caso en manos de los tribunales, que generalmente imponen una pena de prisión", agregó esta oficial, quien no quiso ofrecer declaraciones sobre las quejas ciudadanas en referencia al proceder arbitrario de la Policía para castigar presuntas infracciones relacionadas con propagación de epidemia.

Una parte considerable de las multas impuestas a los cubanos han tenido como motivo una acción en la que ha incurrido hasta Miguel Díaz-Canel: llevar la mascarilla incorrectamente en medio de una aglomeración.

"Pagar una multa es otro dolor de cabeza. Ya no solo atraviesas el dolor cuando te la ponen, sino que puedes estar más de dos horas en una cola para pagarla. Es como si a La Habana entera le hubiesen puesto la multa", opinó Radamé Velázquez Castillo, vecino de Plaza y jubilado.

"De no ser porque mis hijos viven fuera de Cuba, estuviese preso, porque con mi chequera no puedo pagar ni la mitad de la multa. Por supuesto que la multa se duplicó, porque nadie quería indicarme cómo podía apelar. Me pelotearon y me encabroné y decidí que me metieran preso porque no iba a pagar nada. Un vecino cercano le escribió a mis hijos, porque yo no les había contado nada, y ellos entraron en pánico y mandaron el dinero. Le juro que estaría preso", agregó Velázquez Castillo, quien fue multado por violar el toque de queda por el retraso del transporte urbano.

Lo mismo le sucedió a Ariel Rodríguez, también vecino de Plaza. Estuvo casi dos horas esperando un ómnibus para regresar a su casa, y lo sorprendió el toque de queda.

"Me interceptaron las boinas negras con la Policía, y por más que les expliqué no entendieron. Directo a la multa, que solo puedes apelar en un tribunal. Están jugando con el dinero de las personas trabajadoras que se ganan el salario partiéndose el lomo".

Una funcionaria de una oficina de Control y Cobro de multas aseguró que "más de la mitad" de esas sanciones "están relacionadas con la pandemia; es decir, con la propagación de epidemias y violaciones de las medidas sanitarias".

"Incluso han superado a las de los cuentapropistas y cooperativistas, que eran los multados con mayor frecuencia en el país. Es lógico que a muchas personas se les duplique la multa de 2.000 pesos porque no tienen cómo pagarla y, aunque parezca ilógico porque al duplicarse empeora su situación, no pocos han dicho preferir ir a juicio y a prisión, porque es imposible pagar estas multas sin incurrir en otro delito", explicó esta funcionaria.

El salario mínimo en Cuba, luego de implementarse el ordenamiento monetario y cambiario, es 2.100 pesos mensuales.

"De dónde un cubano de a pie puede sacar 2.000 pesos, así, de ahora para ahorita. No me quedó más remedio que dejar que se duplicara. Lo próximo son los tribunales con riesgo de ser penado con cárcel", contó María Teresa Zúñiga, vecina del Cerro.

"Para imponer multas y cobrarlas sí que tienen todos los recursos: base de datos, conexión de internet, talonarios, cuños, firmas y mucha, mucha gente para hacerte llegar una advertencia de que tienes dos horas para pagar o se duplica. Pero sí vas a una OFICODA, al banco, o a Vivienda, o a la ONAT, allí no hay nada eso, lo que hay son peloteos y burocratismos", fustigó Zúñiga, a quien le impusieron una multa por ir con su esposo, dentro de su automóvil, con la mascarilla baja.

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