Desde el punto de vista de la psicología un error ocurre cuando tienes ciertas expectativas sobre las cosas, de cómo vas a actuar y finalmente resultan otras. En general, se denomina error a todo juicio o valoración que transgrede el criterio que se reconoce como válido.

Tomar decisiones es algo que hacemos diariamente, puede ser sobre asuntos sencillos o trascendentales, por ende, cada vez que tomemos una decisión estamos sujetos a cometer errores. Es importante que seamos conscientes de lo proclives que todos los seres humanos somos a equivocarnos y la importancia de asumir los errores como una genuina oportunidad para aprender.

Una de las tareas más difíciles para el ser humano es admitir los errores infringidos, posiblemente porque esto implica tener que arrepentirse, aceptar las consecuencias y admitir nuestra equivocación. Reconocer nuestros errores habla de nuestra responsabilidad como seres humanos, no es sencillo, pero si lo practicamos con el tiempo descubriremos que es la mejor forma de aprender de la vida.

Usualmente no cometemos errores a propósito, porque si al momento de tomar una decisión supiéramos que es un error no la tomaríamos. Oscar Wilde escribió que "la experiencia es el nombre que todos le dan a sus errores” y acertó porque hacer algo errado de vez en cuando es parte crucial del aprendizaje sobre nosotros mismos y nuestra vida. Encontrando la lección oculta que trae tu error inmediatamente transformarás la situación de una experiencia negativa, a una experiencia de aprendizaje.

Es saludable proyectar generosidad hacia el error para no sentir frustración, miedo o ira que son las emociones que comúnmente nos invaden cuando lo cometemos, y es que todos no reaccionamos de igual forma, debemos aprovechar la experiencia para aprender y continuar avanzando. Es de sabios aprender de los errores. Duele equivocarnos, pero equivocarse trae muchas ventajas, si aprendemos a mirar lo que sucede con ojos de sabiduría.

Las leyes de Murphy son muchas y entre ellas encontramos: no importa lo que salga mal, siempre encontrarás quien, después, que te diga que sabía cómo evitarlo, y otra dice que las cosas salen mal en el peor momento, muy cierto; la presión, el cansancio o el estrés nos hacen más tendentes a cometer errores y nos quitan tiempo para reconocerlos y arreglarlos. La mejor forma es evitar riesgos en los momentos de mayor nerviosismo.

No te preocupes por el error una vez que lo hayas cometido, preocúpate en solucionarlo. Prepárate para que la próxima vez que tengas ese problema, no tengas una excusa sino una experiencia. Un conocimiento para superarlo.

Trata de recordar que no somos el error, todo sucede por una razón, aunque muchas veces lo entendemos con el pasar del tiempo, y aunque quizás puedas sentirte juzgado, recuerda que tu único juez siempre será tu conciencia. Nosotros mismos nos ubicamos en condiciones de desventaja frente a los errores y aunque muchas veces traen efectos irreparables, tener la paz de haber dado el paso de aceptación y reconocimiento, ya te hace grande.

Alexander Pope dijo: “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”. Seamos las tres cosas.

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