¡Se me está agotando la paciencia...! Estoy segura de que no solo has escuchado esta frase, sino que también la has expresado. Te tengo los ingredientes: la paciencia es un sentimiento que depende de una mezcla de perseverancia y aceptación. Cuando logramos adquirir estas dos cualidades nos transformamos en personas que enfrentamos la vida con paciencia.

Es de extrema importancia ser paciente, porque una persona paciente sabe manejar circunstancias de su vida de forma tranquila y sin alteración, resiste las situaciones con valor, no se lamenta y cuando debe esperar ante algo sabe hacerlo con serenidad. Del mismo modo, te sentirás halagado por lo que logras con tu vida y por la forma inteligente en que manipulas las situaciones y no que ellas te manipulen a ti. Créeme que no siempre es suficiente contar hasta diez. Para aprender a tener más paciencia hemos de ver las situaciones externas como un adiestramiento. Piensa que todo en la vida tiene un principio y un final. Así como los momentos de felicidad nacen y mueren, también las adversidades, los momentos malos no son eternos. La paciencia es tu aliada para que cualquier problema sea más manejable y tenga consecuencias más controlables.

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En la niñez somo menos pacientes, el desarrollo del cerebro influye. El circuito prefrontal responsable de la autorregulación está desarrollándose hasta los 20 años, por eso los niños y adolescentes son más efusivos. El ambiente familiar y la crianza son clave.

En esta época moderna hay cierta alteración del significado original de la palabra paciencia. Con solo leer los anuncios de que podemos perder peso en 7 días o hacernos millonarios en 14 días, te darás cuenta de lo que te explico. Es muy importante abandonar la necesidad de controlarlo todo, ir más despacio, enfocarse en el momento presente, no alterarse por tonterías, poner más humor en tu vida y lo fundamental: creer en ti. No te des por vencido, reconoce que la única manera de ser paciente es ejercitando esta capacidad una y otra vez, debes confiar y tener certeza de que lo harás, que no claudicarás ante las situaciones, recordando que lo esencial no es las veces que te caigas y pierdas la paciencia, sino las veces que te levantas y eres paciente.

Cambiando el enfoque que le damos a nuestras emociones, comenzaremos a ser dueños de nuestra paciencia. En vez de darles a los demás el poder para que nos saquen de nuestras casillas, seremos nosotros quienes decidamos estar calmados o sobresaltados, y este antídoto te servirá para evitar que las incomodidades del día como el excesivo tráfico, las esperas en la oficina del médico, líneas del supermercado, el ruido tormentoso de la fiesta del vecino, el trabajo, los niños, etc., hagan estragos en tu estado de ánimo. Hay que reconocer que la paciencia es una forma de vida en donde reinan la tranquilidad y el equilibrio. Es constancia para aceptar con calma el dolor y las vicisitudes de la vida para nuestra evolución.

Recuerda siempre esta frase de George Savile: “Un hombre que es un maestro de la paciencia es maestro de todo lo demás”.

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