Estoy convencida que todos nos hemos cruzado alguna vez con alguna persona que se queja por todo, tiene ese hábito, es su forma de vida; y no podemos negar lo agotador de escuchar ese constante fluir de energía negativa en nuestros oídos.

Tenemos la tendencia a huir de ellos y es lo mejor que hacemos porque está comprobado científicamente que la exposición a personas que se quejan constantemente perjudica nuestra función cerebral. Las quejas excesivas programan al cerebro a volverse deprimido y ansioso, caemos en el círculo vicioso de la negatividad, estados de tristeza, de estrés y con todos estos estados emocionales liberamos hormonas como el cortisol. Esta hormona en pequeñas cantidades es necesaria y benéfica para el organismo, nos activa, pero liberada en grandes cantidades se vuelve muy dañina pudiendo provocar enfermedades al sistema inmunológico, infecciones y aumento de la presión sanguínea entre otras.

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Las personas que se quejan todo el tiempo sienten que son víctimas de todas las situaciones; y a pesar de que la queja no soluciona nada, al contrario agrava las cosas, muchas personas toman este camino no solo afectándose ellas mismas, sino haciendo padecer al resto que los rodea. Las personas quejosas son tóxicas, tienen el poder de contaminar todo a su alrededor y hasta influir de forma negativa en el estado de ánimo de los demás.

En ocasiones como válvula de escape no está mal utilizarla, el conflicto surge cuando nos hacemos adictos a ella y la convertimos en algo indispensable en nuestras vidas, ya que al enfocarnos en lo negativo la convertimos en un estilo de vida. El cerebro humano es muy eficiente y no le gusta trabajar de más. Cuando se reitera un comportamiento específico, como quejarse, las neuronas conectan unas con otras para facilitar el flujo de información. De este modo, es mucho más fácil reproducir ese comportamiento en el futuro; de hecho, es tan fácil que probablemente ni nos demos cuenta de que lo estamos realizando.

No todas las personas quejosas se han propuesto atormentar la vida de quienes los rodean, y aunque esto puede llegar a suceder, hay que tener en cuenta que en muchos casos se está utilizando la queja como forma de conectar con el mundo, porque es una conducta aprendida, porque las experiencias previas y relaciones con los demás han fortalecido esta actitud.

Si sientes deseos de quejarte, centra la atención en algo por lo que te sientas agradecido, mantén claros tus objetivos, piensa en el resultado que buscas. Si no puedes identificar un objetivo, existe la posibilidad de que quieras quejarte por quejarte, y ese es el tipo de hábito que deberías disolver, porque como el tabaco, el alcohol o ver la televisión todo el día, quejarse es perjudicial.

Puedes quejarte todo lo que quieras de cualquier situación, pero cuando te hayas cansado de quejarte, la situación seguirá siendo la misma. Lo mejor es emplear toda esa energía en buscar las posibles soluciones.

Recuerda esta frase del escritor Hugo Ojetti: “Quejarse es el pasatiempo de los incapaces”.

 

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