MIAMI.- BELÉN GONZÁLEZ
Especial
Aproximadamente 20 mil estadounidenses son víctimas de esta rara enfermedad que provoca una desfiguración progresiva, especialmente en el rostro y las extremidades
MIAMI.- BELÉN GONZÁLEZ
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El exceso de la hormona del crecimiento en la sangre es responsable de un trastorno crónico y poco común conocido como acromegalia, que según las estadísticas tiene una prevalencia mundial de entre 60 y 70 casos por cada millón de habitantes.
En más del 90% de los casos, la acromegalia es consecuencia de un tumor benigno en la glándula pituitaria, encargada de excretar la hormona de crecimiento, denominada con las siglas GH, y se caracteriza por el crecimiento desproporcionado del cuerpo.
El término, que da nombre a esta enfermedad descrita por primera por el neurólogo francés Pierre Marie en 1886, proviene de las palabras griegas “akros” que se traduce como extremidad y “megas” que significa grande.
Este trastorno aparece en los adultos, de ambos sexos, aunque es algo más frecuentemente en las mujeres, y suele ser diagnosticado a partir de los 40 años de edad, pues se trata de una enfermedad de progresión lenta cuyos síntomas pasan desapercibidos durante una media de entre 4 y 10 años. Anualmente se diagnostican entre 3 y 4 nuevos casos de acromegalia por cada millón de personas.
Un cuerpo grande
Generalmente, las personas con acromegalia presentan un agrandamiento de manos y pies, así como de la mandíbula y la frente, pero además es común la presencia de alteraciones en los rasgos faciales, labios gruesos y dientes muy espaciados.
Existen además otros síntomas que se clasifican según las causas que originan el trastorno. Cuando la acromegalia es producto de un alto nivel de GH, lo usual es que la persona afectada experimente adormecimiento o ardor en manos y pies, síndrome del túnel carpiano, aumento del azúcar en la sangre, problemas cardiacos, hipertensión, artritis, bocio y apnea del sueño.
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Si el origen del trastorno es el hipopituitarismo, es decir, la deficiencia de la hormona pituitaria, se experimentan trastornos menstruales, disminución del deseo sexual y fatiga.
Cuando se trata de un tumor pituitario, llamado adenoma, que en la mayoría de los casos de acromegalia suelen medir aproximadamente 1 centímetro, los síntomas serán dolores de cabeza y problemas de la visión, que se ven agudizadas por la presión que la lesión produce en el área cerebral.
Luchando contra el trastorno
La acromegalia no tiene carácter hereditario, ni cura. Tampoco puede prevenirse, por lo que una vez diagnosticada requiere un tratamiento oportuno que contenga tanto el avance de la enfermedad como las complicaciones asociadas a esta condición.
Un nivel excesivo de la hormona del crecimiento en la sangre afecta la calidad y esperanza de vida, es por ello que el tratamiento inmediato es normalizar los niveles de GH.
Si el origen de la enfermedad es un tumor pituitario, el paso inicial es extirparlo, aunque deshacerse de un adenoma en su totalidad es difícil y puede acarrear complicaciones como daño en las partes sanas de la pituitaria, fuga del líquido cerebroespinal e infección.
Esta cirugía es la mejor opción en la mayoría de los casos, pues tiene un índice de la remisión de entre 80 y 85% para los microadenomas y de 50 a 65% para los microadenomas. Sin embargo, los pacientes pueden necesitan apoyo farmacológico tras la intervención para reducir los niveles hormonales anómalos.
Cuando el adenoma es grande y la cirugía no es posible, lo indicado es reducir su tamaño usando radioterapia, aunque se trata de una estrategia más bien lenta que puede causar daños en las estructuras que rodean la glándula pituitaria y los tejidos cerebrales.
A nivel farmacológico, las inyecciones intramusculares de los análogos a la somatostatina y los antagonistas de los receptores de la GH son las herramientas más usadas, pero estos son tratamientos a largo plazo, incluso de por vida.
Algunos casos conocidos
