BERLÍN.-La caída del muro de Berlín desató una eclosión artística sin precedentes en una ciudad hasta entonces dividida y culturalmente amordazada. Aquel tsunami de libertad creativa es ahora un espejismo remoto, cada vez más amenazado por la estandarización y mercantilización de la capital alemana.

El Berlín de los años 90 -el de las casas ocupadas por artistas como la mítica Tacheles, el de los clubes de música techno como el Eimer y revistas alternativas como Frontpage, el de las primeras Loveparade- fue una tierra de oportunidades cuyos ecos continúan atrayendo a muchas personas a la capital alemana.

Ahora, a partir de este sábado y hasta el próximo febrero, la capital alemana es también el objeto de la exposición "Años noventa. Berlín", que trata de explicar cómo era aquella ciudad en ebullición, cuáles fueron sus escenarios y protagonistas y que, en última instancia, se pregunta qué ha sido de ella.

"Lo que pasó aquí en los 90 fue único, no tiene paralelos. De la noche a la mañana surgió una ciudad con millones de personas, libre y nueva", rememora Jörn Kleinhardt, uno de sus comisarios.

El 9 de noviembre de 1989 había caído el muro de forma inesperada y menos de un año después, tras un proceso mucho más rápido de lo que se había previsto, se consumó la reunificación. El Parlamento decidió en junio de 1991 que Berlín volvería a ser la capital, pero hasta 1999 permanecerían en Bonn el Legislativo y gran parte del Ejecutivo.

Ese fue el período de la explosión cultural, según Kleinhardt: "Las viejas jerarquías habían caído y las nuevas no se habían establecido aún. Era el momento de las casas ocupadas, de las galerías alternativas y los actos culturales" espontáneos.

Uno de los primeros paneles de la exposición muestra que "el caos resultante" de la reestructuración intraalemana ofreció "oportunidades sin precedentes" y muchos supieron sacarle partido al momento. El Berlín del este fue tomado por la juventud alternativa que se había ido congregando durante años en la zona occidental, y por cientos de curiosos y aventureros venidos de todo el mundo.

"Sin la caída del muro no hubiera podido producirse esta fase de anarquía que fueron los años 90", asegura a Efe Sören Marotz, otro comisario de la muestra.

Las cinco salas en que se dividen los 1.500 metros cuadrados de la exposición recorren los principales escenarios de aquella época, acompañados con ambientación musical coetánea como el "Born slippy" de Underworld que saltó a la fama con la película "Trainspotting", y repasan algunos de los rostros más significativos de la época.

En trece pantallas de gran tamaño se suceden, relatando en primera persona sus vivencias, personajes clave como el propietario del Eimer, Ben de Biel, el político izquierdista Gregor Gysi, el okupa Andreas Jeromin, la confundadora de la LoveParade Denielle de Picciotto y el policía Andreas Schlüter, de guardia la noche que cayó el muro.

De aquellos años parece que dista una eternidad: Tacheles ha sido cerrado fruto del fragor especulativo, el Eimer es historia, Frontpage dejó de publicarse y la LoveParade cambió de organizadores y empezó a celebrarse en otras ciudades, hasta que desapareció tras la tragedia de Duisburgo en 2010, en la que murieron 21 personas.

Berlín ya no es tan pobre ni tan sexy como aseguraban entonces orgullosos sus defensores, cuando la chispa rebelde y el potencial infinito de la ciudad ejercía un magnetismo irresistible para cientos de artistas y espíritus alternativos.

Dos décadas después, la capital ha sido en gran medida domesticada por los cientos de altos funcionarios del Gobierno alemán, los grandes directivos de internacionales que se han mudado a la capital y la multitud de hipster, locales e importados, que pueblan sus barrios de moda.

"Ahora es todo más comercial", está "más reglado" y "más estandarizado", lamenta Kleinhardt, aunque subraya que Berlín sigue siendo diferente, más "abierta" y "cosmopolita" que cualquier otra ciudad alemana.

La "influencia" de aquellos años, agrega, no se ha ido: la actualidad "se aúpa en los hombros de lo que supusieron los años 90". "Berlín vive aún en parte de su nombre de entonces", valora.

FUENTE: EFE

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