jueves 2  de  abril 2026
RESEÑA

Paloma San Basilio y Raúl, un bálsamo en tiempos de reguetón

Paloma y Di Blasio juntos por primera vez en un escenario han resultado ser una perfecta combinación de musicalidad y simpatía, un empaste de voces y estilos, un diálogo perfecto para arropar al público de diversas generaciones

Jorge Sánchez Grass

La presentación de este fin de semana de Paloma San Basilio y Raul Di Blasio en el Miami Dade County Auditorium constituye un acontecimiento musical que no debe dejarse pasar por alto en el panorama musical del sur de la Florida.

Paloma y Di Blasio juntos por primera vez en un escenario han resultado ser una perfecta combinación de musicalidad y simpatía, un empaste de voces y estilos, un diálogo perfecto para arropar al público de diversas generaciones y concentrar en un paseo por América varias décadas de canción y emociones.

Lo primero que debemos decir sin pelos en la lengua es que Paloma nos ha venido engañando a todos. La artista consciente de los tiempos que se viven, en los que cantar con su acostumbrada perfección no está de moda, se ha retirado a medias del ojo público y se ha dedicado a escribir novelas y vivir otro tipo de emociones. Lejos están los tiempos en los que su linaje y estilo se imponían en todas las dimensiones. Por eso Paloma ahora, medio en broma, medio en serio, aparece, se despide, se regresa y vuelve a venir, hasta que un día las aguas tomen su cauce o su adiós sea definitivo. Pero eso sí, digámoslo: Paloma San Basilio sigue siendo una intérprete impecable.

Di Blasio es arena de otro costal. Un pianista refinado que menciona a los clásicos que no toca porque ha entendido que hay todo un auditorio allá afuera esperando por esos temas populares, melosos, de no más partitura que la justa, que a la vez cumplen en los corazones de la mayoría una espléndida misión: ser inolvidables. Esos son los temas a los que Di Blasio les da en la misma costura. Ya hay muchos Chopin, Debussy y Mozart en el mundo, o al menos, gente que lo intentan con calificaciones notables. Lo que no abunda, aunque sea raro decirlo, es la manera genuina de hacer tuya una composición que ya está en el oído de todos. Ese ímpetu genial que con una sola nota arranca aplausos y conexión.

Juntos, Paloma y Di Blasio, son un bálsamo. El concierto que han mostrado este fin de semana en Miami quizás necesite una obertura más fastuosa como preámbulo o un poco más de atmósfera teatral para darle uso a todo el equipamiento y esplendor del espacio que les acoge; pero todo esta sugerencia podría ser subestimada de golpe con un solo argumento: los artistas no han apostado por otra cosa que no sea la buena música y esta idea por si sola ya es esencial.

Integralmente el guiño cubano a Ernesto Lecuona en la voz de Paloma fue magistral. "Noche Azul" alcanzó ese brillo apoteósico y dulce que solo desgranan las obras eternas. El obligatorio cierre con "No llores por mí Argentina" es definitivamente en Paloma imprescindible. La más alta calificación de Di Blasio trajo la sangre de su Argentina en tiempo de tango. "Adiós Nonino" fue dedicada por Piazzolla a su padre como mismo ha hecho Di Blasio con el suyo, en una suerte de homenaje estremecedor y vibrante, de una intensidad pianística memorable.

Este abrazo entre Paloma y Di Blasio, literalmente hablando, viene siendo como un retorno a las canciones del pasado o un ejercitar de nuestras neuronas musicales en tiempos de oprobio, reguetón y bobería.

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