MIAMI.- Los géneros cinematográficos nunca mueren, solo se transforman. Muchos creyeron que el western se terminaría con John Ford, Sergio Leone o Sam Peckinpah, pero el lejano oeste sigue siendo un escenario fascinante en la modernidad, revitalizado para el público en historias como Hell or High Water, Logan o Americana. Este es el caso del noir, un género que tuvo su boom entre la década de los 40 y 50 donde detectives con gabardina, callejones oscuros, bares de mala muerte y mujeres voluptuosas seducían a los espectadores. Parte de su permanencia en el tiempo se debe al ethos que lo anima: personajes que se mueven en una delgada línea gris entre lo legal e ilegal, corrupción rampante en las instituciones que sostienen la sociedad (desde lo más externo como la policía, hasta lo más profundo como el clero) y un protagonista roto que ya ha visto demasiado y no quiere involucrarse demás en su trabajo. En pocas palabras, un contexto que sigue y seguirá vigente en muchas partes del mundo. Es en este setting donde se desarrolla Honey Don’t, la nueva película que dirige Ethan Coen.
Película "Honey Don't": entre el deseo y la sangre
Ethan Coen y Tricia Cooke vuelven al ruedo con Honey Don’t, la segunda entrega de su “Lesbian B-movie trilogy”, un híbrido entre comedia negra y neo-noir protagonizada por Margaret Qualley
Ambientada en Bakersfield —un pueblito de California atrapado en el tiempo—, la historia comienza con el misterioso asesinato de una de las clientes de Honey O´Donahue (Margaret Qualley), una investigadora privada abiertamente lesbiana y con un carácter férreo. Manteniéndose al margen de la investigación oficial, Honey comienza a unir cabos sueltos de este y otros casos en los que está trabajando descubriendo una conexión entre los crímenes y una misteriosa iglesia local liderada por el reverendo Drew Devlin (Chris Evans). A partir de ese momento Honey se embarca en una pesquisa solitaria mientras vive un romance turbulento con la oficial de policía MG Falcone (Aubrey Plaza) y lidia con los cortejos estériles del detective de homicidios Marty Metakawich (Charlie Day).
Honey Don´t es el segundo guión que escriben Ethan Coen (The Ladykillers, No Country for Old Men, Burn After Reading) y Tricia Cooke (quien ha trabajado a su lado como editora en The Big Lebowski, O Brother, Where Art Thou?, The Man Who Wasn’t There, entre otros proyectos). Al igual que su predecesora, esta historia también tiene como protagonista a Margaret Qualley y se centra en la deconstrucción de un género cinematográfico específico con los típicos elementos de humor negro que suelen caracterizar las películas en las que ambos han colaborado. En esta ocasión, toman el noir cambiando los callejones oscuros por caminos arenosos bajo el sol implacable de California, la Femme Fatale vestida de rojo por una oficial de policía taciturna, los mercenarios implacables por idiotas que no saben ejercer la violencia, los pimp por un reverendo egocéntrico hipersexualizado y al detective estoico por una lesbiana con mucho estilo y una función erótica exaltada. Una mezcla bastante inusual que articula una historia harto conocida (un asesinato que parece fortuito donde nada es lo que parece, un detective renuente que termina inmiscuido en un caso que se toma “demasiado personal”, crimen organizado, sensualidad, etc), pero que funciona muy bien gracias a un juego de perspectivas entre personajes, haciendo que, al final de la película, sea el espectador el que resuelva el misterio (jugando con la gratificación del protagonista desde otras esferas atípicas).
La dirección de Ethan Coen, como ya es costumbre, tiene una precisión envidiable para moverse entre géneros, pasando de la seriedad del noir a la sátira entre un plano y otro (haciendo que una escena “sexy” se transforme en un chiste o que un asesinato horrible se vuelva ridículo con un simple corte). Al mismo tiempo, sabe cómo hacer que el público no se tome muy en serio lo que sucede, pero sin por eso renunciar, de vez en cuando, a abrir un espacio para la crítica sobre ciertos temas álgidos. Gracias a la excentricidad de la historia, los personajes histriónicos que la habitan tienen carta blanca para explorar los límites del guión sin correr el riesgo de alejarse demasiado de un tono establecido —huyendo de la paradoja de la “camisa de fuerza” que suelen sufrir los largometrajes enmarcados en un género específico. Esto, junto con un montaje maravilloso de Cooke, le imprimen a Honey Don´t un ritmo violento donde “siempre está pasando algo” —marcando distancia con los conflictos que se cuecen a fuego lento de este tipo de historias—, logrando que la película se sienta mucho más larga y compacta de lo que pareciera en 89 minutos.
Por supuesto, las actuaciones de Honey Don´t son su principal atractivo. Margaret Qualley está maravillosa y nos da un registro muy diferente a trabajos anteriores. Paradójicamente, a pesar de todas las escenas íntimas, acá vemos una versión menos sexualizada, más “estilizada” y madura de ella. Sin duda, directo al olimpo de los detectives del neo-noir. Charlie Day funciona como un running gag y, sin necesidad de ir más allá de eso, está en su punto. Aubrey Plaza también está en la misma línea de Qualley, bajándole la intensidad a la sexualidad que suele transmitir, optando por dar vida a un personaje mucho más tosco y crudo. Chris Evans, un poco en la estela de su trabajo en Scott Pilgrim vs The World, es una parodia andante y en sus interacciones con varios personajes secundarios nos regala los mejores chistes de la historia. La gran sorpresa fue Lera Abova, quien encarna genuinamente a la Femme Fatale, operando como un oscuro objeto del deseo dentro del contexto tan particular que tiene la película.
Honey Don’t nos demuestra la versatilidad de Coen y Cooke como guionistas y del neo-noir como género. Detrás de situaciones absurdas, personajes extravagantes, crímenes enrevesados y un telón de fondo árido, la película explora entre chiste y chiste temas delicados y vigentes como la violencia intrafamiliar, la manipulación religiosa, la homofobia y las consecuencias del abandono paterno. Detrás de la frialdad y pragmatismo de Honey se esconde el reflejo de una persona profundamente sola que anhela conseguir algún tipo de conexión real a través del sexo, pero que le aterra tener que pagar el precio que viene con la vulnerabilidad de tener que abrirle el corazón a alguien. Una paradoja que todos alguna vez hemos tenido que atravesar y que muchas veces se transforma en el mayor misterio por resolver de nuestras vidas.
Lo mejor: el tono del humor y las situaciones absurdas que presentan, las actuaciones de Margaret Qualley, Chris Evans y Charlie Day. El desarrollo de la historia y sus vueltas de tuerca. Los temas que explora de forma sutil.
Lo malo: a pesar de que el guión sigue las convenciones del noir, la resolución del conflicto peca del deus ex machina y el desenlace se siente “tasajeado” (aunque el casi epílogo termina de cerrar la historia a la perfección)
Sobre el autor
Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guión, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes, miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.
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