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BÉISBOL

El deporte como coartada

La confirmación de que la Serie de las Américas se disputará en Caracas y La Guaira ha sido presentada como un logro, en un intento por llenar un claro vacío

Por REYES UREÑA

En Venezuela el deporte dejó hace tiempo de ser solo una expresión de competencia, talento o desarrollo. Hoy funciona, y desde hace tiempo con mayor frecuencia, como un discurso para sostener la idea de que el país avanza, de que todo sigue su curso. La realidad, como tantas veces, va por otra vía.

La confirmación de que la Serie de las Américas 2026 se disputará en Caracas y La Guaira ha sido presentada como un logro. Un titular funcional que intenta llenar el vacío que dejó la pérdida de la Serie del Caribe, retirada al país por razones ajenas al terreno de juego, como sucedió en un pasado reciente y por causas similares. Pero ese contexto rara vez acompaña al anuncio.

Se informa del torneo que se albergará, pero no se explica el trasfondo. Se habla de sede, no de ausencias. Se celebra el evento, aunque Venezuela no estará representada por su liga profesional ni por jugadores afiliados al sistema Major League Baseball, al tratarse de un certamen fuera del Winter League Agreement. Un dato clave que suele quedar fuera del relato.

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No parece importar que las ligas más fuertes del Caribe, la dominicana, la mexicana y la puertorriqueña no estén, ni que las figuras habituales no participen.

Lejos de la normalidad

Lo relevante es la imagen: estadios operativos, discursos optimistas, una agenda que permita sostener la narrativa de normalidad. El deporte convertido en un show para maquillar una realidad que se busca ocultar, pero que es conocida por propios y foráneos.

Así se construye el guion. No se discute por qué Venezuela dejó de ser una plaza confiable ni se analiza la ruptura de acuerdos internacionales.

Al final, el deporte deja de servir para evaluar el estado del país y pasa a cumplir otra función: distraer. No se utiliza para medir, corregir o mejorar, sino para reforzar un mensaje repetido hasta el cansancio. Que todo está bien. Y cuando el discurso necesita del deporte para sostenerse, suele ser porque la realidad, por sí sola, ya no alcanza.

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