martes 10  de  marzo 2026
PROFESOR UNIVERSITARIO

Desarrollo a largo plazo si, pero…

No estoy en desacuerdo con las proyecciones a largo plazo (son convenientes), pero el ritmo de los cambios en la actualización del modelo cubano no ha estado al nivel de las necesidades y urgencias de la economía y sociedad, ha faltado realismo 

Diario las Américas | EUGENIO RODRÍGUEZ BALARI
Por EUGENIO RODRÍGUEZ BALARI

Si importante es hablar del futuro, más urgente, necesario, sensible y útil lo es del presente.

En el proceso de actualización del modelo o reformas que en Cuba se llevan a cabo, se efectúan esfuerzos que apuntan hacia el diseño de un modelo de sociedad y un desarrollo a largo plazo. Tal cuestión fue ratificada en el séptimo Congreso del Partido y se comenzaron a debatir los proyectos de documentos en las bases de este, y las organizaciones políticas, de masas y sectores ciudadanos.

Es correcto y parece necesario que la nación diseñe con realismo su desarrollo perspectivo y el tipo de sociedad a que aspira; sin embargo y además de lo trascendental y complejo del asunto, es necesario considerar, que no es primera vez que se plantea una cuestión como esa; al ser ideas recurrentes en el proceso de la revolución, que por una u otras circunstancias, ese abstracto e intangible desarrollo no se llegó alcanzar y hoy no se vislumbra diáfanamente.

Sin pesimismo y menos pretensiones aleccionadoras, si proyectar un desarrollo perspectivo es necesario, también los son las necesarias informaciones o al menos criterios, sobre los resultados económico/sociales que se aspiran a alcanzar en el corto o mediano plazo.

Es un asunto no sólo de rigor gubernamental sino también psicológico para la ciudadanía, porque es imprescindible aproximar las soluciones a las necesidades concretas y hacer retornar la confianza en un modelo de desarrollo que sea realizable,  progresista, democrático y eficiente.

No es posible soslayar los acontecimientos que impactaron en el último cuarto de siglo, porque la sociedad sufrió e involucionó la economía, teniéndose que enfrentar situaciones muy adversas.

Ello trajo debilitamiento del optimismo sobre el proyecto socialista, retroceso económico, falta de perspectivas en los jóvenes, cambios económicos e institucionales con sus impactos sociales, aumento de la pobreza y emigración (en particular de los jóvenes), mercado negro, cansancio y un mayor grado de inseguridad social.

Los sentidos común y práctico, y el de las urgencias, no se pueden perder.

En tales circunstancias las autoridades, pragmáticamente, deben poner su mayor atención en la búsqueda de soluciones a corto o mediano plazo y otorgarle las mayores prioridades a aquellas decisiones o medidas (sin prejuicios ideológicos) que las permitan propiciar.

No estoy en desacuerdo con las proyecciones a largo plazo (son convenientes), pero el ritmo de los cambios en la actualización del modelo no ha estado al nivel de las necesidades y urgencias de la economía y sociedad, ha faltado realismo y el proceso se ha caracterizado por su lentitud, escasas inversiones, criterios reduccionistas, limitaciones de enfoques sistémicos y finalmente pobres resultados económicos y sociales.

No resulta fácil lograr consensos de entusiasmo respecto al proceso de transformaciones (aunque existan coyunturas favorables y ciertas expectativas domésticas e internacionales), que pueden llegar a desaparecer si desaparece el realismo.

Si consideramos las intervenciones y debates públicos, proyectados fundamentalmente hacia un futuro o al largo plazo; por supuesto que ello unido a la situación existente, limita la confianza respecto a las mejorías más próximas o urgentes.

No es posible abstraerse de que se trata de desarrollar un complejo proceso de transformaciones, en medio de críticas situaciones económico/sociales.

Pero es necesario que se valore, que si importante es hablar del futuro, más urgente, necesario, sensible y útil lo es del presente; porque si algo no debe subestimarse en Cuba es que el tiempo apremia.

De acuerdo con  la discusión de un Modelo de Desarrollo Económico y Social y con la elaboración de un Plan Perspectivo de Desarrollo hasta el 2030; pero aún es más necesario analizar (a camisa quitada), las transformaciones que se desarrollan, con los resultados que sean; porque son esas valoraciones las que sugieren o no las potencialidades que las transformaciones encierran, posibilitando prever sus alcances y limitaciones.

La gente está ansiosa por ver resultados tangibles y un mejoramiento del bienestar social (los jóvenes sobre todo), porque existe cansancio o poca confianza en los discursos, apelaciones, proyectos, documentos a largo plazo o promesas; por muy bonitos, coherentes o necesarios que sean.

Desde hace años las autoridades pusieron el énfasis en el sector económico, lo que fue correcto; como también defender los logros sociales alcanzados, en especial los sectores salud y educación, aunque la crisis económica los afectara.

No se disponen de estadísticas oficiales sobre el incremento de la pobreza, pero es significativo su aumento; por lo que resulta inquietante que a estas alturas del proceso de cambios, no estén diseñadas medidas o elaborada una nueva política social, en correspondencia con las transformaciones e impactos que se producen en el país.

Es claro que se enfrenta una época de retos y rectificaciones, donde es necesario se escuche a todos, se estimule el diálogo y se encuentren las mejores opciones al desarrollo y bienestar social.

Las ideas y argumentos están llamadas a jugar el papel fundamental en el futuro del país que los cubanos desean; por lo que es importante la amplitud, profundidad y transparencia del debate nacional.

Son tiempos para desplegar la inteligencia, encontrarse bien informado, efectuar análisis con integralidad y mirando lejos, hacer mayores y mejores análisis político/económicos, ejercitar de forma eficiente y flexible la tolerancia, despojarse de dogmas u otras consideraciones teórico/ideológicas, que han sido batidas o desechadas por el tiempo y los acontecimientos.

Las intransigencias o aferramientos políticos no han sido exitosos en la historia, porque generalmente obstaculizan salidas beneficiosas o  las soluciones deseadas.

El proceso surgido a partir de la revolución deja legados importantes (aunque la historia será) quien en definitiva se encargue de evaluarlos.

Me decía un amigo que existían elementos imbatibles y puntualizaba: el reconocimiento universal que existe hacia la nación cubana (antes apenas conocida y hoy respetada en todo el mundo), la plena independencia y soberanía del país, su papel e influencia en la comunidad internacional, la solidaridad  con otros pueblos y agregaba los significativos logros sociales en salud, educación, deporte y cultura.

Corresponderá a las nuevas generaciones continuar esforzándose para que el país continúe desarrollándose y logre elevar el nivel de bienestar de la sociedad cubana.

Cada generación tiene sus responsabilidades históricas y se desarrolla dentro de coyunturas domésticas e internacionales específicas; que por lo general la condicionan y determinan el alcance de su papel y proyecciones.

A pesar de que las revoluciones son acontecimientos escasos y verdaderamente atípicos y algunas de ellas se prolongan en el tiempo; este, el tiempo, en su indetenible de cursar es inexorable y se encarga de garantizar (en cualquier sociedad o sector de la misma), algo que es perdurable y siempre existirá, la ley generacional del relevo histórico.

Cuba no es una excepción en esa regularidad y hoy ello se aprecia en todos los ámbitos sociales; porque son personas jóvenes o cuando más maduras las que se encuentran desarrollando las fuerzas productivas, dirigiendo la economía, las ciencias y la técnica, o participando preponderantemente en las cuestiones culturales y de la superestructura política, institucional y jurídica.

Las condiciones fisiológicas de los humanos no permiten la inmutabilidad, porque todo está en movimiento y los elementos nacen, se desarrollan y desaparecen; y ese ciclo que en todo se manifiesta, es sencillamente permanente e irreversible.

Lo dialectico es opuesto a lo que no cambia y por ello seguiremos siendo testigos de nuevas transformaciones en lo económico y social; pero más temprano que tarde también se verán en lo institucional, jurídico y político, así como en las relaciones del país con la región y el resto del mundo.            

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