jueves 22  de  febrero 2024
TURISMO

Destinos únicos para celebrar la Navidad

Puesdes celebrar la fiesta más esperada del año en un sinfín de lugares

Santa Claus no vive en el Polo Norte, sino que lleva una vida bastante cómoda en Rovaniemi, Finlandia, donde recibe a turistas de todo el mundo. Para los viajeros menos resistentes al frío no hay sólo uno, sino varios Santas que llegan en tabla de surf y pantalones cortos a Bondi Beach en Sydney. Quien quiera cambiar de aires en Navidad puede optar por algún viaje insólito, desde invernales bajo luz polar hasta veraniegos bajo las palmeras.

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Visitar a Santa Claus en Finlandia: Santa Claus vive en Laponia, concretamente en Rovaniemi. Naturalmente, Navidad es para él la temporada alta. Justo al lado, en la oficina de correos de Santa Claus Village, los visitantes pueden enviar sus felicitaciones de Navidad. En las tiendas del lugar se pueden comprar también regalos y souvenirs para los que se quedaron en casa.

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En la Isla de Navidad: Esta pequeña isla es de Australia, aunque está más próxima a Indonesia. En realidad, el ambiente es más bien poco navideño. En lugar de salir arañas del árbol navideño, vemos cangrejos andar por los caminos. Esa u201cpoblación u201d, según la oficina de turismo del lejano país, es la principal atracción de la isla.

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Cruceros: La mayoría de las navieras ofrecen viajes especiales durante la festividad navideña. Sea Carnival, Royal Caribbean o Norwegian, son muchas las opciones para viajar por el mar Caribe desde Miami o Fort Lauderdale en Florida. No obstante, si visitas Europa puedes optar por MSC y la oferta de un viaje por el Atlántico nororiental y el mar Mediterráneo, que incluye paradas en Canarias, Madeira y Marruecos, así como Italia, Grecia e Israel.

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A Islandia, bajo la luz polar: En esta isla situada en el Atlántico norte, los visitantes pueden ver luces de Navidad muy especiales. La posibilidad de ver la luz polar es mayor en el norte de Islandia, aunque en ocasiones las luces se pueden observar también en la capital Reykjavik, según la agencia de turismo. Quien quiera contemplar el espectáculo natural sin tener por ello que congelarse, lo puede hacer en los baños calientes de Myvatn Nature Baths, en el lago Myvatn, en el norte del país. Pero al bañarse bajo la luz solar, los visitantes no deben perder de vista el entorno para ver a Jólasveinar, la versión islandesa de Santa Claus.

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Santa Claus en moto por Berlín: Los Santa Claus de Berlín tienen poco que ver con el romanticismo navideño tradicional que vemos en otros lugares. En la capital alemana, el mítico personaje recorre las calles mayormente en motocicleta. Por eso, hay una asociación que organiza un recorrido por la ciudad, el tercer domingo de diciembre, para repartir juguetes, alimentos y otros artículos a los necesitados. Todos pueden participar pero hay dos requisitos primordiales: el viajero debe vestir acorde a la festividad y la moto portar detalles navideños.

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Surfing en Australia: El programa contrapuesto al frío del norte lo encontramos en la muy popular playa de Bondi Beach en Sydney. Hasta aquí llegan todos los años numerosos turistas para celebrar Navidad en la playa, en la que se ven escenas poco comunes, como Santa Claus en pantalones cortos jugando con las olas del mar sobre una tabla de surf. Sin embargo, quienes visiten estas playas en Australia tendrán que olvidarse de brindar con cava o champán porque las bebidas alcohólicas están vedadas en los balnearios.

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En Belén, donde todo comenzó: Luego de veinte siglos la ciudad es muy diferente a la que fue testigo del nacimiento de Jesús. Faltan las sinagogas y los cristianos son menos cada año. Hoy la mayoría de la población es musulmana. Abundan las mezquitas y la lengua que predomina es la arábica. No obstante, la celebración perdura y los visitantes son muy bien recibidos, luego de pasar el puesto fronterizo del muro que separa a israelitas y palestinos. No hay grandes tiendas ni muchos regalos que comprar. Tampoco grandes adornos en las calles, ni fastuosas cenas que comer, pero sí muchos deseos de preservar una celebración que mantiene el carácter reflexivo que se ha perdido en muchos lugares del mundo. La noche del 24, cuando el Nacimiento está a punto de ocurrir, cristianos árabes y peregrinos acuden a la iglesia de Santa Catalina a celebrar la Misa del Gallo. Hay cantos, rezos y lecturas en varios idiomas, además de mucha mirra que anuncia la solemnidad del momento, cuando la imagen del Niño Jesús es descubierta en la Gruta de la Natividad.

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