Un 25% del presupuesto de 550 millones de Medicare se gasta en el último año de vida de las personas
El tema de este artículo, ciertamente difícil, lo considero muy apropiado para una columna sobre el éxito: morir dignamente con el menor sufrimiento posible para el paciente y la familia. nManejando hacia el aeropuerto JFK hace unos días, escuché una entrevista que trataba sobre la muerte de Valerie de la Harpe Butler. n
Esa brillante mujer fue diagnosticada con cáncer de seno a los cuarenta y pico de años, y enfrentó la enfermedad valientemente sometiéndose a dos mastectomías además de un agresivo régimen de radiación. nSobrevivió cuarenta años más y seis de esos años los pasó cuidando a su esposo que fue víctima de un derrame cerebral.
Le insertaron un marcapasos que le alargó la vida dejándola caer en una vorágine descendiente de demencia y miseria. nSe dio cuenta que la práctica imperante en el país de prolongar la vida sin importar cuánto sufre el paciente es errónea, inmoral y terriblemente costosa. nTomó la decisión que no iba a permitir eso cuando a ella le tocara decirle adiós a este mundo y por esa razón su muerte aunque no perfecta, fue calmada, sin sufrimiento y con mucha paz. n
Mi hermana y yo pasamos por esta misma situación cuando mi adorada madre sufrió un derrame cerebral en noviembre pasado y después de varios días nos enfrentamos con la decisión de insertarle un tubo para alimentarla artificialmente con todo el sufrimiento que eso conlleva, o la dejábamos morir en paz.
La decisión nos tomó un minuto: nuestra madre no iba a sufrir una muerte lenta y segura. Le pedimos al médico (que estuvo de acuerdo) que la desconectara. Una decisión difícil pero acertada. n
Mi objetivo en este artículo es motivarlo a usted a estar bien claro en cómo se le debe tratar al final de su vida. n
Una encuesta en California demostró que el 70% de las personas prefieren morir en sus casas y solo un 25% lo logra. El porcentaje en el país es aún más alto. nEscuchen esto: 40% mueren en los hospitales y 20% mueren en cuidado intensivo, usualmente una muerte horrible. n Según el libro de Katy Butler, hija de la señora Butler que mencioné al principio del artículo, el costo al país es enorme. Un 25% del presupuesto de 550 millones de Medicare se gasta en el último año de vida de las personas. n
Para que tengan una idea, en ese último año de vida, de un tercio a un 50% de los pacientes de Medicare entran en cuidado intensivo donde 10 días pueden costar $323.000, que a la vez le cuesta al sistema de salud un estimado de 158 a 226 billones de dólares al año. Tortura innecesaria. n
He llegado a la conclusión de que los intereses creados prolongan la vida de pacientes terminales solo para pasarle la cuenta al estado o a los seguros de salud. Esto nos perjudica a todos. nY lo triste es que tanto el paciente come la familia sufren innecesariamente durante todo el proceso. n
Esto es un crimen y exhorto a todos mis lectores que hablen de este tema con todos sus seres queridos y hagan los arreglos para evitar que esto pase. Yo lo tengo bien claro. nToda persona tiene el derecho de vivir una vida feliz, abundante y cuando llegue el momento, morir en paz, dignamente y sin sufrir innecesariamente.
Conferencista internacional y autor. u200b [email protected] n@Joachimdeposada