miércoles 1  de  abril 2026
FLORIDA

Órdenes de restricción son cada vez más frecuentes en Miami-Dade

Esta disposición judicial no sólo es aplicada a casos de violencia doméstica, sino además puede proteger contra el acecho u acoso físico o sexual
Por Daniel Castropé

MIAMI.- Una de las figuras jurídicas más comunes en los últimos tiempos en el estado de la Florida, y particularmente en condados de mayor presencia latina como Miami-Dade, es la orden de restricción que, en términos generales, es una medida que ofrece protección a una persona frente a otra por razones de amenazas o acoso, en la mayoría de los casos.

Para el vocero del Departamento de Policía del Condado Miami-Dade, Álvaro Zabaleta, los casos a los que se vincula una orden de restricción “son muchísimos” y a diario son más los ciudadanos que, al sentir amenazadas sus vidas, recurren a una corte en busca de esa protección legal.

Zabaleta, quien por 12 años se ha desempeñado como portavoz de la Policía condal, afirma que con el avance de la tecnología son más frecuentes los casos que ameritan de una orden de restricción para salvaguardar la vida de personas que se sienten en situación de riesgo inminente.

“La manera más efectiva de acosar a una persona es a través del teléfono, ya sea por mensajes de texto o, en algunos casos, fotos amenazantes, por ejemplo, de un miembro de la familia jugando en el parque para dar a entender lo cerca que la otra persona estuvo de la familia de la víctima”, dijo.

Pero también una manera de “convertir en víctima de acoso” a una persona es mediante correos electrónicos o redes sociales. Hacerlo de persona a persona ya no es tan usual, “porque es más fácil moverse en la sombra, que tener que divulgar su rostro”, a juicio del oficial Zabaleta.

Aunque las órdenes de restricción más comunes son las dictaminadas contra una persona dentro de un proceso por violencia doméstica, generalmente por problemas en una relación de pareja, las estadísticas oficiales muestran un crecimiento preocupante en el número de personas que optan por una medida de salvaguarda de esta naturaleza, por otras motivaciones.

“Una orden de restricción establece una distancia para darle protección a la persona que se siente amenazada por otra que se encuentra acosándola, por ejemplo, un exmarido por alguna cuestión doméstica, un excompañero de trabajo, alguien que te molesta por las redes sociales, etcétera. Pero las órdenes por problemas domésticos no son las únicas”, agregó Zabaleta.

Un detective “acosado”

En Miami-Dade y el sur de la Florida muchos de sus residentes conocen al detective privado Joe Carillo, por su participación en una serie de casos de amplia difusión en los medios de comunicación, entre ellos algunos por denuncias de irregularidades en procesos electorales y otros relacionados con el rescate de adolescentes que han huido de sus hogares.

Hace alrededor de dos años, Carrillo se vio conminado a solicitar una orden de restricción en contra de una persona que, según él, lo estaba “acosando día y noche” a través de mensajes de texto, publicaciones en las redes sociales y una campaña de desprestigio que pretendió realizar en los medios de prensa.

Al respecto, Carrillo comentó: “Mi familia y yo hemos sido víctimas de un individuo que me ha hecho stalking [acecho]. El pasado 19 de diciembre un juez me concedió en la corte una orden de restricción de por vida contra este individuo. Eso quiere decir que él no puede acercarse ni a mí ni a mi familia”.

Sin embargo, las cosas para el conocido detective parece que no han salido como lo pensó al ser beneficiado con la medida emitida por el juez. “No pasaron más de dos meses cuando el mismo individuo, el 17 de febrero pasado, llamó telefónicamente a una persona con la que trabajo en un proyecto social tratando de hacer contacto conmigo”, afirmó.

Conocedor de las leyes, Carrillo se dirigió a la Policía del Condado en cuatro ocasiones para reportar lo sucedido. De acuerdo con el testimonio del investigador privado, “un policía vino a mí, apagó la cámara que tenía adherida al cuerpo y me dijo que eso era una pérdida de tiempo para él. Me lo dijo dos veces”.

Zabaleta, que al momento de la entrevista concedida a DIARIO LAS AMÉRICAS no tenía conocimiento de la denuncia pública que está haciendo el detective Carrillo, aseveró que si una persona viola una orden de restricción firmada por un juez puede terminar en la cárcel, pero el hecho tiene que ocurrir en presencia de la Policía.

Y agregó: “Nosotros no podemos tomar la palabra de una persona que diga, por ejemplo, que la persona estuvo en su casa, que ya se fue, y nosotros tenemos que ir a arrestarla. No se puede hacer eso porque todos los humanos no son honestos”.

“Siempre ocurre que las órdenes de restricción, en algún momento, son violadas. Un papel no implica que una persona vaya a parar automáticamente de molestar a la otra. La persona lo va a seguir haciendo de alguna forma y la víctima se va a sentir vulnerable porque no se siente protegida”.

Pero Carrillo dice sentirse inconforme y preocupado. “Hoy mi problema ya no es con ese señor que me viene acosando; es con la Policía. Lo que quiero es que a través de la ley, la Policía me proteja. Yo esperé dos años y medio para que me dieran esa orden. Si esa orden no se cumple, la Policía tiene que arrestar a esa persona y no lo ha hecho”, subrayó.

La recomendación del vocero de la Policía es categórica: “Les sugerimos a las personas que llamen a la Policía en el mismo momento en que están siendo molestadas. Si eso no ocurre así, la Policía no puede actuar y llevar a la cárcel a quien lo está molestando o acosando”.

Otro caso

Contrario a lo que puso a consideración de la opinión pública el investigador Joe Carrillo, en la ciudad de Naples, Florida, un hombre fue arrestado a principios de enero pasado después de que las autoridades establecieron que violó una orden de restricción en un caso de acecho agravado en contra de un excompañero de trabajo.

Juan Carlos Rivadeneira, de 55 años, recibió una orden judicial el 17 de noviembre anterior conminándolo a que se alejara de la casa, el lugar de trabajo y el gimnasio de un joven con quien trabajaba en un restaurante del centro de Naples, según el informe del arresto.

La noche en que la Policía hizo cumplir la orden de restricción, según las autoridades, el automóvil de Rivadeneira estaba parqueado en el gimnasio al que asistía el joven, a pesar de que ese era uno de los lugares que el “victimario” tenía prohibido.

El informe del arresto indica que Rivadeneira se presentó a la casa del joven y dejó postales religiosas y notas en su puerta alrededor de seis veces en el transcurso de un mes. Además, cámaras de seguridad mostraron diferentes momentos en los que Rivadeneira caminaba por el frente de la casa de la “víctima”. Otras veces le hacía seguimiento en su vehículo.

Un delito muy común

Bajo el Estatuto de la Florida, este delito se comete cuando una persona voluntariamente, en forma malévola y repetidamente sigue, acosa o comete “ciberacoso” contra otra persona.

El “ciberacoso”, que es la forma más común utilizada para molestar a otra persona gracias a los avances de la tecnología, se define como el envío de palabras, imágenes o lenguaje impropio a una persona por vía electrónica, que causa sustancial sufrimiento emocional y no sirve para ningún propósito legítimo.

Esta conducta se clasifica como un delito de tercer grado y se le asigna una clasificación de gravedad de ofensiva de nivel 6 bajo el Código Penal de Florida.

Si una persona es declarada culpable de acoso, un juez puede imponer “hasta un año de cárcel, hasta un año de libertad condicional, hasta 1.000 dólares en multas o una orden de restricción por hasta 10 años”.

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