lunes 30  de  marzo 2026
MENSAJE CON PROPÓSITO

Sandro Castro amaga a criticar al régimen y asegura ser "un ciudadano más"

El empresario y nieto de Fidel Castro, en entrevista con la CNN, combina críticas a la dictadura con la defensa del capitalismo, en un contexto que evidencia privilegios y posibles maniobras de reposicionamiento

Diario las Américas | CARLOS ARMANDO CABRERA
Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI. – “Los cubanos quieren el capitalismo” y “Díaz-Canel ha hecho un mal trabajo”. Dos afirmaciones hechas por Sandro Castro, nieto de Fidel Castro, a la cadena de noticias estadounidense CNN, que por su origen trascienden la simple declaración y adquieren un peso político singular en el contexto cubano actual.

Pronunciadas desde La Habana, en medio de apagones, escasez y deterioro estructural, sus palabras irrumpen en un escenario donde el relato oficial ha sostenido durante décadas una narrativa opuesta. No se trata de una voz disidente, sino de un empresario cuyo apellido está ligado al poder que ha marcado el rumbo de la isla durante más de seis décadas.

La entrevista, realizada por el corresponsal Patrick Oppmann, construye un retrato atravesado por el contraste. El periodista documenta el acceso al edificio en penumbras, subiendo escaleras completamente a oscuras en medio de los apagones. Sin embargo, al llegar al apartamento, la escena cambia: el espacio cuenta con electricidad, electrodomésticos modernos, incluido un refrigerador de marca LG, lleno de alimentos y bebidas.

Durante la conversación, Sandro Castro aparece tomando una cerveza cristal, en un entorno que revela un nivel de acceso distante de la realidad cotidiana de la mayoría. A ello se suma su condición de empresario, asociado a uno de los bares más conocidos de La Habana, lo que acentúa la distancia entre lo que dice y el lugar desde el que habla.

Con 33 años, Sandro Castro también representa una excepción dentro de su generación. En un país donde amplios sectores jóvenes enfrentan enormes dificultades para independizarse o acceder a una vivienda propia, su realidad constata esa diferencia.

En una Cuba al borde del colapso económico, la propia entrevista deja ver la dureza de la vida cotidiana.

“Es durísimo, porque sufres miles de dificultades. Lo mismo un día no tengo luz, no tengo agua, no llega mercancía… es duro”, lamenta Sandro Castro.

Ante la pregunta sobre si su apellido representa una ventaja, responde:

“Es mi apellido. Estoy orgulloso de él, lógicamente, pero no veo esa ayuda de la que usted me habla” y a continuación afirma, “soy como un ciudadano más”.

El intercambio también aborda su relación con el legado familiar.

Al referirse a su abuelo, Fidel Castro, dice “me encanta. Era una persona con principios. Que Dios lo bendiga, obviamente” y asegura “también respetaba a los demás…es mi forma de pensar”.

Y en su diagnóstico evalúa la gestión de Díaz-Canel, el presidente designado de Cuba a quien, amparado en el privilegio que le confiere su apellido Castro, puede criticar abiertamente, sin temor a ser juzgado o reprimido como ocurre a los cubanos comunes.

“Para mí no está haciendo un buen trabajo porque hace rato tenía que haber hecho muchísimas cosas que no están bien y hoy en día nos están perjudicando”, dice sobre Díaz-Canel, en una crítica desenfadada.

A ello añade una afirmación respecto a la población: “La mayoría quiere el capitalismo, con soberanía”. Capitalismo que el conoce por los privilegios que disfruta viviendo en una sociedad socialista cerrada y totalitaria.

Más allá del contenido, el momento y la forma en que se produce la entrevista requieren ser interpretados. En un país donde el discurso público ha estado históricamente controlado, y solo se admiten las opiniones alineadas con el oficialismo, que una figura de la familia Castro exprese ese tipo de opiniones, aparentemente críticas al sistema, sugiere posibles hipótesis:

Ante la posibilidad un inminente cambio en Cuba que hasta el momento no se perfila cómo sería, los descendientes jóvenes de los Castro podrían estar tratando de tomar distancia del estigma que marca a esa familia. Quizás ese sea uno de los propósitos de Sandro Castro con estas declaraciones y otras que ha hecho donde aparenta un divorcio de la revolución por la que su abuelo y su tío abuelo aniquilaron a Cuba.

También podría tratarse de un intento por contemporizar con otros jóvenes de su generación a los que por ley natural les corresponderá asumir un papel protagónico en la reconstrucción de Cuba.

El reportaje de CNN parece apostar por la idea de un cambio que asoma desde dentro. Pero esa misma construcción abre otra lectura: la de quienes, sin romper del todo con el modelo, comienzan a ubicarse en un eventual escenario de transición.

Desde ahí, las palabras de Sandro Castro pueden leerse no solo como una crítica, sino también como una estrategia. Una forma de tomar distancia, redefinir su lugar en un entorno que podría cambiar y proyectar una imagen hacia dentro y fuera de la isla. En esa construcción aparece además una paradoja evidente: un discurso que se presenta como procapitalista en lo declarativo, mientras su posición dentro del engranaje vigente le permite beneficiarse de dinámicas vedadas para la mayoría.

No sería la primera vez que figuras cercanas al poder ajustan su lenguaje en momentos de presión. La historia política ofrece suficientes ejemplos de voces que intentan reconfigurar su papel sin romper del todo con sus orígenes.

Por eso, más allá del impacto inmediato de sus declaraciones, el análisis exige cautela. Sus palabras seguramente pretende sean vistas como señal de fisura, la mayor certeza es que se trata de un movimiento calculado dentro de una estructura que, pese a la crisis, sigue en pie.

En una Cuba marcada por la escasez, el desgaste institucional y el cansancio social, cada gesto adquiere un valor particular. Pero distinguir entre cambio real y reacomodo oportunista sigue siendo, hoy, una tarea pendiente.

Ahí radica el reto para el observador, y también para el periodismo: no quedarse solo con lo dicho, sino entender qué puede haber realmente detrás de ese discurso.

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