martes 24  de  febrero 2026
VISITA HISTÓRICA

La Habana se acicala para recibir a Obama entre el calor y una ola de rumores

Entre el calor y una ola de rumores, los habaneros esperan que el presidente estadounidense pueda hablar con gente de la calle, para que conozca la verdad

LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

Mientras funden una pequeña placa de hormigón armando, dos operarios vestidos con overoles azules sudan a chorros en las inmediaciones del Capitolio Nacional, lugar donde comienza el kilómetro cero de La Habana.

Se guarecen del calor bajo una palmera recién plantada en el renovado acceso al Paseo del Prado, mientras toman agua helada de un pomo plástico. Yamel, uno de los operarios explica: “Las obras del Capitolio no tienen nada que ver con la visita de Obama. La reparación se ha previsto para que sea sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Lo que la visita aceleró fue el arreglo de las calles aledañas. Es una remodelación compleja. Se esperaba terminar antes de 2017, pero al paso que vamos se termina en el 2020”.

Obreros trabajan en la reparación de baches en una calle de la capital cubana. (CORTESÍA)

Contiguo al Capitolio, radica el Gran Teatro de La Habana, al que le pusieron Alicia Alonso. De arquitectura neoclásica con leves tintes barrocos, fue reinaugurado el pasado 1 de enero. Frente al teatro, en el Parque Central, varios trabajadores, con mangueras de agua a presión, limpian el piso de granito alrededor de la estatua de José Martí.

A escasos metros, fanáticos del béisbol, en alta voz comparan estadísticas de peloteros cubanos que juegan en la MLB. También comentan sobre la designación de Víctor Mesa, como director de la novena local que enfrentará a los Rays de Tampa Bay, el martes 22 en un renovado Estadio del Cerro y discuten acerca del futuro de nuestra liga de béisbol.

“Un amigo leyó en internet que ya la Grandes Ligas abrieron el banderín para que los cubanos gasten el dinero en Cuba y es inminente el anuncio de la contratación de peloteros sin tener que marcharse del país. Parece que el negrón (Obama) lo va a confirmar cuando llegue a La Habana”, dice un señor en medio del bullicio.

Dos policías custodian la Plaza de la Catedral en La Habana. (EFE)

La pasión por la pelota y el deseo de compartir información sobre la pretemporada en la Gran Carpa los hace hablar al unísono. Las opiniones sobre el manager Víctor Mesa están divididas.

“Le ronca el mango. Después de toda la mierda que habló Mesa, lo ponen a dirigir el equipo Cuba. Algo que es una locura. Tú sabes lo que es parar la Serie Nacional para jugar un partido con el Tampa, que está de pretemporada y llegan relajados a divertirse, no a competir. Si se da el trato con la MLB deben botar a todos los ladrones y sinvergüenzas de la federación cubana de béisbol. Que acaben de profesionalizar la pelota y que pongan una academia de Grandes Ligas en Cuba. Entonces sí vamos a ver pelota de la buena”, indica Joel, asiduo a la peña beisbolera.

Las tiendas de artesanía ya están preparadas en La Habana. (CORTESÍA)

En la Manzana de Gómez, en la cuadra de enfrente, paralela al Parque Central, un contingente de la empresa militar Gaviota S.A., edifica un hotel cinco estrellas que será administrado por Kempinski, la lujosa cadena hotelera creada en 1897. Con sus cascos anaranjados, algunos obreros, como si fueran estatuas humanas, en sus manos muestran una lata de refresco y un sandwich de jamón y queso.

Lo hacen sin vocear, con la inconfundible manera que tienen los trabajadores en Cuba de vender las meriendas que a diario reciben. Ellos, como otros en la capital, ofertan el refrigerio a 25 pesos o un cuc. Ese dinero les ayuda a complementar sus magros salarios.

 Dos jóvenes cubanos conversan junto a las banderas de Estados Unidos y Cuba, en La Habana. (EFE)

Aleida, empleada de comunales, barre un espacio cercano al hotel Parque Central. A su lado, un jubilado vende a peso cucuruchos de maní salados. “Te soy sincera, a mí ni fu ni fa la visita de Obama. Me pagan lo mismo y por estos días tengo que limpiar más”, dice ella. 

El vendedor de maní desea que Obama pueda hablar con gente de la calle. “La de verdad, no con los funcionarios del partido o los disidentes. Que con sus propios ojos vea la porquería de país que tenemos. Por el revuelo que ha provocado su visita, la policía anda por todas partes, prohibiendo que los viejos vendamos maní o cigarros sueltos”.

Luego de pulir pisos, bancos de mármol y leones de bronce situados a lo largo de cuatro cuadras que terminan en la calle San Lázaro, casi besándose con el malecón, el Paseo del Prado ha recuperado su antiguo esplendor.

“Vamos a ver cuánto dura. Cuando Obama se vaya, la gente volverá a mear por el Paseo del Prado y regresarán los borrachos”, se queja Lucía, anciana residente en la zona.

Mezclado con turistas despistados, con shorts, sandalias y mapas desplegados, en busca de un bar específico o un museo, un joven con una camiseta de Neymar, casi en un susurro a los extranjeros que pasan por su lado trata de venderles cajas de tabacos. Del viaje a Cuba del matrimonio Obama tiene sus opiniones. 

“Todo es un paripé. Arreglan y pintan por fuera, pero las casas por dentro siguen destruidas. Ojalá yo pudiera chocar con Obama, pa’llevarlo a mi solar, abrirle los ojos y decirle, brother, no te dejes tupir por la muela bizca de esta gente (gobierno), aquí la realidad es otra. To’ el mundo se quiere ir echando”, expresa disgustado.

Y sí, La Habana luce más bonita en sectores puntuales de la parte antigua o en aquéllos que probablemente recorrerán los Obama. Por los alrededores del Latinoamericano han pintado varias manzanas y aún está caliente la nueva capa de asfalto. “Pero seguimos esperando el pollo por pescado y comiendo el pan malísimo de la libreta. Eso no lo puede resolver Obama”, comenta Arsenio en el portal de su casa, en la calle Pedroso, Cerro, a tiro de piedra del estadio.

En la barriada de Luyanó, medio en broma medio en serio, Roidel, estudiante, dice: “Asere, yo recogería firmas entre los vecinos pa' pedirle al One que pase por la cuadra, a ver si la arreglan. Lo que sí te digo que con cinco o seis viajes como ése la capital se endereza”.

No hay que ser muy perspicaz para percatarse que el lustre de la ciudad forma parte de una puesta en escena. La Habana profunda sigue con salideros de agua, escombros en las esquinas y edificios apuntalados. Y no es culpa de Obama.

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