La toma de decisiones es una habilidad que supone responsabilidad, seguridad en uno mismo, implicación del equipo, rigor en la preparación, evaluación de los resultados y, sobre todo, sentido común, que no es más la inteligencia práctica.

No se puede ser un buen líder tomando decisiones si existe miedo al riesgo, dudas, indecisión, pero eso tampoco significa que haya que lanzarse a la piscina antes de comprobar si hay agua. El 14 de diciembre de 1911, el explorador noruego Amundsen y sus compañeros conquistaron el Polo Sur; llegaron 35 días antes que el malogrado Scott y sus cuatro hombres. La historia ha demostrado que Amundsen actuó como un profesional, mientras que Scott fue un aficionado que cometió numerosos errores en la planificación y durante el transcurso del viaje.

Las decisiones empresariales no siempre son tan trascendentes; es decir, no tienen por qué suponer la vida o la muerte de una empresa, pero siempre hay que saber elegir el camino apropiado por si acaso no existe una segunda oportunidad.

En la toma de decisiones es importante respetar estos pasos, si eres un líder inteligente:

  • Tenemos un problema. Para resolver un problema hay que empezar por reconocer que se tiene. El primer paso es definir claramente qué ocurre, qué va mal o qué se podría mejorar.
  • No estamos solos. Una cosa es ser el responsable de tomar decisiones y otra actuar al margen de los demás. El liderazgo requiere de un equipo al que liderar, cohesionado y motivado. Es necesario recabar distintas opiniones y escuchar atentamente qué tienen que decir los demás sobre el problema y su solución.
  • Hay que estudiar. Un aspecto previo a la toma de decisiones es analizar la información y estudiarla: buscar datos, estadísticas, conocer antecedentes y experiencias similares, saber qué hizo nuestra competencia… La intuición está bien, pero solo como un ingrediente más.
  • Pasar a la acción. El líder empresarial que ha cumplido con los tres puntos anteriores no temerá los escenarios inciertos. Tomará decisiones porque sabe que ese es su trabajo y que es lo que espera y necesita su equipo. Es consciente de que sus decisiones afectan a personas y nunca pasa por alto los efectos secundarios. El riesgo no le asusta, actúa como un ejemplo para los demás porque nunca pierde de vista los principios éticos y los valores que animan su liderazgo.
  • Evaluar los resultados. Tras la toma de decisiones, llega la reflexión. Evaluar el resultado es necesario para el futuro, y no solo en el caso de aciertos: los errores que se reconocen constituyen la más valiosas fuentes de aprendizaje. Ya que se aprende más de las dificultades que de los triunfos.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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