MIAMI- Las medidas anunciadas por la administración Biden el jueves 22 de julio, que deberían sancionar con efectividad y severidad real al régimen cubano, dirigido aún desde las sombras por Raúl Castro, solo oxigenarían a la dictadura con más remesas y normas simbólicas para aplacar el enérgico respaldo y las denuncias de los cubanoamericanos en EEUU y en el resto del mundo.

Alemania, Canadá, Suiza, Holanda, Uruguay, Portugal y otros han condenado la brutal represión, muertes y juicios con sentencias de 20 años y más contra los manifestantes. Varios muertos, golpizas y más de 600 arrestos [las cifras deben ser mucho más altas, pero no trascienden por la censura y control del régimen] son el saldo preliminar de la respuesta del desgobierno al estallido social, el de mayor envergadura bajo la historia del totalitarismo castrista.

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Los planes de la Casa Blanca de enviar más personal diplomático a la embajada de Estados Unidos en La Habana, con el fin de reabrir y agilizar los procesos migratorios pendientes, es precisamente -entre otras cosas- lo que necesita y busca el régimen comunista de la Isla en estos momentos.

El estallido social, que comenzó en el municipio de San Antonio de los Baños el 11 de julio y que se extendió en solo horas a más de 40 localidades en todo el país, le demostró a la dictadura que el pueblo exige libertad y que está dispuesto a todo para lograrla; que ya la oposición interna no son grupos aislados [como han descrito siempre].

Cuando cientos de miles de cubanos decidieron enfrentarse a la sanguinaria dictadura y pedir su final en las calles, es porque millones dentro de la Isla comparten el mismo anhelo. Muchos no lo hacen debido -entre otras causas- al terror implantado por Fidel Castro durante décadas, a través de la Seguridad del Estado.

El régimen busca la descompresión social

Como hizo Fidel Castro en varias ocasiones ante la alta presión social existente en Cuba, ahora el régimen de La Habana intenta también liberar esa enorme tensión mediante la salida hacia EEUU u otros países de miles de manifestantes decididos a derrocar el sistema socialista cubano. Ya el ministro del Exterior Bruno Rodríguez citó en sus recientes declaraciones un posible éxodo de cubanos hacia Norteamérica, una tradicional estrategia de chantaje.

Una persistente represión resulta insostenible para la dictadura en estos momentos que enfrenta una ola de denuncias a nivel internacional contra la cruel represión el 11 de julio y días posteriores, represión que no ha cesado. Con el cinismo y la manipulación que siempre les ha caracterizado, ahora niegan los abusos y las muertes, pero las imágenes y videos con incuestionables evidencias grabadas por los manifestantes están dispersas por todo el planeta a través de las redes sociales.

El aumento de las remesas hacia Cuba es otra de las medidas que espera con ansiedad la cúpula represora en la Isla en medio de una enorme escasez de liquidez en divisas, sin créditos internacionales y una recesión económica crónica que padece el sistema socialista cubano desde hace décadas; agudizado por el impacto de la pandemia de COVID-19.

En estos momentos las dos principales fuentes de ingresos para el régimen son el turismo y las remesas. El turismo en la isla es prácticamente nulo desde marzo del 2020 con las restricciones impuestas por el virus; y las remesas cayeron un 55% en el año anterior, situación que tiene al desgobierno contra la pared.

El paño tibio de las “sanciones”

Por otra parte, las sanciones al jefe de la Fuerzas Armadas en Cuba, general Álvaro López Miera (ya sancionado por la administración Trump), y a la Brigada Especial del Ministerio del Interior (MININT), también conocida como Boinas Negras, es algo que no tiene repercusión para López Miera ni para los represores Boinas Negras, mucho menos para el régimen comunista que seguirá con igual mano dura e impune contra cualquier otro intento de estallido social.

Lo único que disminuiría el hostigamiento y la represión actual en Cuba contra opositores es si la administración Biden favorece las principales demandas de la dinastía Castro, algo que al parecer no es imposible que ocurra bajo el argumento de "ayuda para el pueblo".

La supervivencia del régimen está en juego con una economía destrozada, un descontento popular inédito y ninguna medida efectiva interna que pueda frenar la crítica situación que atraviesa.

Sin especificar cuáles son las propiedades e intereses de López Miera y de la brigada del MININT, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro los incluyó en su lista negra, lo cual les prohíbe acceder al sistema financiero estadounidense. Surgen entonces varias interrogantes con demasiadas dudas ¿Tenían estos represores acceso al sistema financiero estadounidense? ¿Poseían intereses económicos específicos en EEUU?

El senador Rubio evalúa las sanciones

El senador republicano Marco Rubio explicó en un reciente video que circula en redes sociales las verdaderas intenciones de la administración Biden [similares a las de Barack Obama].

“El grupo en la Casa Blanca que está encargado del tema de Cuba, en el Consejo de Seguridad Nacional y en el Departamento de Estado, es el mismo grupo que siempre ha estado a favor de una apertura hacia el régimen cubano. Muchos de ellos ayudaron a negociar y a implementar, y siguen abogando por la política que impuso Obama en el 2015, que fue un desastre”.

“Este grupo desde el principio de las protestas buscaba utilizar este momento como excusa y oportunidad para poder lograr lo que han pedido. Por eso vimos en las primeras horas, cuando comenzaron las manifestaciones, que los pronunciamientos de la Casa Blanca no fueron sobre la libertad, no fueron sobre los abusos, sino sobre un pueblo que estaba sufriendo por el COVID-19, por el hambre, por los problemas económicos. Ellos [los funcionarios de ese grupo] siempre han visto a Cuba como algo económico: si el pueblo tiene más dinero, quitamos el embargo y hacemos más negocios con el régimen, la vida de los cubanos va a mejorar y no habrá más problemas”.

“Ignoran por completo lo que ha exigido el pueblo en las calles: LIBERTAD! Eso es lo que están demandando”.

“Lo que vamos a ver aquí es que la respuesta a estas protestas será una apertura al régimen, lo que pide el régimen, un entendimiento. Eso es lo que esta gente quiere y no podemos permitir que eso ocurra. Eso sería una falta de respeto a las personas que están en las calles protestando, que han sufrido palizas, atropellos y hasta muerte. Es una falta de respeto a ese movimiento y sería un golpe muy duro a la causa de la democracia y la libertad en Cuba. ¡El pueblo cubano quiere LIBERTAD!”, concluyó el senador Rubio.

Los asesores del presidente Biden saben perfectamente que la gran mayoría de quienes protagonizaron el estallido social por toda Cuba no reciben remesas ni viven mantenidos por mercancías ni dinero desde el exterior, sino que sufren mucho más que el resto de la población las profundas calamidades que ha generado y ha agudizado el propio socialismo cubano.

La narrativa sobre las remesas serviría para beneficiar las arcas "vacías" de la asfixiada dictadura, con el respaldo de voces prominentes dentro del Partido Demócrata. El propósito -contrario a los reclamos de exiliados cubanos y de la mayoría del pueblo en la Isla- es crear ante la opinión pública mundial la [falsa imagen] de que la administración Biden ha endurecido su postura contra el régimen de La Habana y está dispuesta a castigarlo con dureza.

Si en algún momento, el gobierno del presidente Joe Biden se trazó el propósito de captar parte del voto cubano republicano en el 2022 o para un próximo período presidencial, sus posibilidades son ahora bastante escasas; incluso, durante las manifestaciones de apoyo en Miami y en otras ciudades de EEUU, muchos cubanos que dijeron haber dado su voto a los demócratas en las pasadas elecciones generales, afirman ahora en redes sociales y en entrevistas que no lo volverían a hacer.

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