POR: Mariusz Kamiski.- Cuando a finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo XX cayó el Telón de Acero y la Unión Soviética empezó a desmoronarse, muchos de nosotros creímos que se acercaba la caída definitiva del comunismo en el mundo. Sin embargo, no fue así. El sistema criminal y opresivo, responsable de la muerte de millones de personas, desacreditado ante toda la humanidad, sobrevivió en Cuba.
Sin embargo, toda dictadura tiene su final. Y la caída definitiva de la dinastía roja de los Castro —la caída de un régimen que durante décadas destruyó la libertad, la familia, la fe y la dignidad humana— se está desarrollando hoy ante nuestros ojos.
Soy polaco y sé bien lo que significa vivir bajo un sistema de opresión comunista. Vengo del país del papa Juan Pablo II, del beato sacerdote Jerzy Popieuszko, del país del movimiento “Solidaridad” de diez millones de miembros, de un país que nunca aceptó el comunismo impuesto —y que derrotó ese comunismo. Mis años de juventud fueron precisamente esa lucha. Ganamos porque la verdad estaba de nuestro lado. Porque creíamos que el mal no puede durar eternamente, que el comunismo es un sistema criminal, ineficiente y contrario a la naturaleza humana.
Hoy, al mirar a Cuba, veo el mismo valor. En Bruselas me he reunido muchas veces con presos políticos cubanos, personas que pasaron largos meses en celdas, pagando el precio por la verdad. Son personas nobles e inquebrantables, verdaderos héroes. Sus testimonios son un relato conmovedor de sufrimiento, injusticia y violencia del Estado, pero también de profundo patriotismo, de fe y de la certeza de que el hombre no puede ser quebrado si permanece en la verdad.
Uno de los primeros temas importantes en los que trabajé en el Parlamento Europeo fue el debate del 18 de septiembre de 2024 dedicado a José Daniel Ferrer García. Tras su liberación de la prisión, lo recibimos de forma remota en una reunión de la comisión de derechos humanos. Escuchamos la voz de la dignidad, esa dignidad que el régimen comunista teme. Por eso Ferrer volvió a prisión, y el mundo volvió a exigir su liberación inmediata.
Hoy José Daniel Ferrer es un hombre libre, pero exiliado de su patria, privado del derecho que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 13, apartado 2, reconoce como fundamental: el derecho a regresar a su propio país. Ese derecho los comunistas lo arrebatan ilegalmente a millones de cubanos.
Lo mismo hicieron los comunistas en mi país: persiguieron brutalmente a quienes se atrevieron a llamar al comunismo por su nombre, los encarcelaron y, bajo la presión de la opinión pública, les entregaron un “pasaporte de una sola dirección”. Pero los polacos, también en el exilio, supieron organizarse, continuar la lucha y colocar la causa polaca en la agenda internacional. Por eso observo con alegría a mis amigos, Rosa María Payá y Orlando Gutiérrez Boronat, y la energía y entrega con las que trabajan por la libertad de sus compatriotas.
Hace unos meses tuve el honor de coorganizar en Bruselas el Foro Parlamentario Transatlántico por una Cuba Libre. Junto con parlamentarios de cuatro continentes, con una sola voz exigimos la liberación de los presos políticos y expresamos una evaluación claramente negativa del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (PDCA).
¿Por qué? Porque el régimen de La Habana no solo pisotea los derechos de los cubanos. También amenaza la seguridad europea. Miles de cubanos —bajo el control de los servicios comunistas— participan en la agresión criminal de Putin contra Ucrania. De esta manera, el régimen demuestra no solo su desprecio por el derecho internacional, sino también su desprecio por la vida de sus propios ciudadanos: los utiliza como un “recurso” con el que paga a su patrón en Moscú.
Las acciones hostiles de La Habana deben ser denunciadas. Por eso, hace unas semanas, a mi invitación, tomaron la palabra en el Parlamento Europeo el congresista Mario Díaz-Balart, el senador Alexis Calatayud y el congresista Carlos A. Giménez, así como diplomáticos, políticos, representantes de los servicios y expertos ucranianos. Hablaron con claridad: el régimen de La Habana participó en cada intervención militar de Moscú, cada vez que el Kremlin lo exigió. Esto demuestra la plena dependencia de los comunistas cubanos: dependencia política, económica, militar y de inteligencia. El Parlamento Europeo reconoce este hecho alarmante y lo confirmará en una resolución en el aniversario de la agresión rusa.
Sí, el régimen de La Habana tiene aliados entre aquellos que son conocidos por su brutalidad y desprecio por los derechos humanos: en Moscú y en Minsk. Pero al mismo tiempo cooperan también los bielorrusos democráticos y los cubanos libres, apoyados no solo por mi grupo político de Conservadores y Reformistas Europeos, sino —como demostraron las últimas votaciones— por la clara mayoría de los eurodiputados. Me alegra haber podido contribuir a ello.
Solo cambios duraderos e irreversibles pueden mejorar realmente la situación del pueblo cubano. Las concesiones al régimen solo prolongan su existencia: le dan oxígeno, dinero y legitimidad. El pueblo cubano no es el beneficiario de esas concesiones. El pueblo cubano sigue siendo hoy prisionero de una dictadura comunista. Por eso apelamos a Kaja Kallas, Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores, para que no repita los errores de sus predecesores socialistas. El Parlamento Europeo, en documentos importantes, adoptó la petición que preparé para que ningún fondo europeo llegue al régimen comunista y para que las acciones existentes sean auditadas por el Tribunal de Cuentas Europeo. Mi llamamiento —y el de mis colegas conservadores— a suspender el acuerdo PDCA se ha convertido hoy en el llamamiento de todo el Parlamento Europeo.
Es una vergüenza para la política europea que debe terminar. El régimen comunista en Cuba se sostiene exclusivamente gracias a la represión. Las cárceles están llenas de presos políticos. La Habana está reforzando su cooperación política y militar con Moscú y Minsk. Miles de mercenarios cubanos apoyan la agresión rusa. Lituania emite órdenes de búsqueda contra saboteadores cubanos. Y, al mismo tiempo, la Unión mantiene el acuerdo de cooperación y gasta millones de euros en su aplicación. Por ello, exijo la suspensión del acuerdo PDCA.
Pertenezco a la generación de Solidaridad y sé lo que significa luchar por la libertad. Aunque miles de kilómetros separan a Polonia de Cuba, la lucha de los cubanos por la libertad me es profundamente cercana. Los polacos siempre han estado del lado de quienes luchan por la libertad. Los cubanos conocen bien la perseverancia de mi compatriota, Carlos Roloff Mialowski, que nunca perdió la fe en la lucha por una Cuba independiente. Quiero decirlo claramente: los cubanos no están solos en su lucha por la libertad. Nosotros, que hemos pasado por la oscuridad del comunismo, estamos hoy a vuestro lado. La libertad siempre vence. Y así será también en Cuba. ¡Viva Cuba libre!