El régimen comunista de Cuba, hoy sin su fundador y máximo líder, se encuentra acorralado por sanciones económicas que han afectado sus principales fuentes de ingreso, y con una creciente rebeldía interna que no da señal alguna de disminuir. Asimismo, ya se discute en las más altas instancias de varias capitales hemisféricas la posibilidad de su enjuiciamiento.

Esta realidad es el resultado de una milagrosa recuperación política por parte de la resistencia interna en la isla y del exilio cubano, que han sabido revertir los avances tácticos de la tiranía castrista que hasta hace muy poco parecían haber resultado en una victoria final de la dictadura sobre las fuerzas de la libertad.

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En diciembre de 2014, cuando Raúl Castro y el entonces presidente de EEUU Barack Obama anunciaron la normalización de las relaciones diplomáticas, los indicios eran que la tiranía comunista de Cuba tenía todas las de ganar. Un sector de hombres poderosos de la comunidad cubanoamericana había diluido el mensaje del exilio con una persistente oferta de apertura incondicional ante el régimen comunista. Esta petición, respaldada por una quinta columna promovida durante décadas por la tiranía de La Habana, aspiraba a presentar que el exilio cubano había renunciado a sus más sagrados principios. Se promovía la imagen de un Raúl Castro reformista, gobernante legítimo dispuesto a entregar el poder e inaugurar una nueva Constitución. No se hacía mención de los múltiples crímenes de lesa humanidad del régimen, ni de su continua represión.

¿Qué pasó entonces?

Que los cubanos libres no se rindieron, y la tiranía comunista no dejó de ser lo que es. En diciembre del 2014 parecía que la prioridad de un cambio democrático para Cuba en la política oficial de Estados Unidos hacia la isla había sido reemplazada por una confusa y ambigua agenda de apertura económica que relegaba a segundo o tercer lugar los temas de derechos humanos y democracia.

Los cubanos libres dentro y fuera de Cuba, con muy pocas excepciones, no apoyaron esto y se pronunciaron con determinación y pensamiento contra esta propuesta. Desde el mismo 14 de diciembre del 2014 el exilio se unió a la resistencia interna en rechazo a la legitimación de la tiranía comunista en la isla. Los congresistas cubanoamericanos y otros legisladores no cesaron en sus iniciativas, logrando mantener la Ley de Libertad Cubana, conocida también como Ley Helms-Burton, vigente a pesar de los enormes esfuerzos por terminar con ella. Esta fue la primera victoria.

Dentro de Cuba, organizaciones y líderes agrupados muchos de ellos en el Foro de Derechos y Libertades y en el Frente Nacional de Resistencia Cívica, alzaron sus voces contra esta ignominia e incrementaron las protestas públicas, sufriendo una brutal represión por parte del régimen castrista. Las Damas de Blanco fueron la vanguardia en este proceso.

Fuera de Cuba, en el exilio, el papel clave lo jugó la Asamblea de la Resistencia Cubana, coalición de las principales organizaciones de lucha histórica de la resistencia y los pinos nuevos. La Asamblea, consistente y estratégicamente, movilizó a la comunidad en diferentes manifestaciones públicas que mostraron suficientes números e intensidad para mostrar que el voto cubanoamericano clave estaba opuesto a la política de Obama hacia Cuba.

En abril de 2015, en Ciudad Panamá, la violenta represión de la Seguridad de Estado cubana contra una manifestación pacífica de una delegación de la Asamblea de la Resistencia cubana, así como la violencia de las turbas castristas contra civilistas cubanos que intentaban participar en la Cumbre de las Américas, le recordó al mundo el rostro verdadero de la dictadura Castrista.

Después de los eventos de Ciudad Panamá, continuó la movilización de la comunidad coordinada por la Asamblea de la Resistencia. Además de esto y en múltiples encuentros con las diversas campañas presidenciales, las organizaciones de la Asamblea proveyeron informaciones y análisis claves sobre la necesidad de rectificar la política norteamericana hacia Cuba. El 13 de abril del 2016 el exilio tuvo otra tremenda victoria al votar la ciudad de Miami Beach en contra de los deseos de su entonces alcalde de pedir la apertura de un consulado del régimen castrista en esa ciudad del sur de la Florida. Las diversas organizaciones del exilio cubano, así como cubanos residentes en el popular balneario, se hicieron presentes en un intenso y democrático debate donde se consolidó y se proyectó el rechazo de la comunidad a dicho proyecto.

Meses después, las organizaciones de la Asamblea estuvieron presentes e hicieron uso de la palabra en el histórico evento donde la Brigada 2506, bajo la presidencia de Humberto Argüelles, apoyó la candidatura presidencial de Donald Trump.

El voto masivo del exilio cubano por la candidatura de Trump debe ser entendido fundamentalmente como un plebiscito sobre la política de Obama hacia Cuba. Los resultados de este plebiscito fueron esenciales para la victoria de Trump en la Florida.

Después de la victoria electoral de Trump, los esfuerzos del exilio se enfocaron, desde los legisladores hasta las organizaciones, en el desmantelamiento de la política de entreguismo a la tiranía castrista.

Nuevas organizaciones, como la Fundación Inspira América, y el tenaz liderazgo de la Brigada 2506, ahora bajo la presidencia de Johnny López de la Cruz, han sido esenciales en esto. Las sanciones estratégicas anunciadas por la administración Trump contra los sectores militares y de inteligencia de la dictadura Castrista han sido efectivas.

Los argumentos presentados por los congresistas cubanoamericanos y otros legisladores, la contundente y sistemática campaña lanzada por la Asamblea de la Resistencia, el respaldo de los líderes políticos locales, resultaron en el fin de los impedimentos a la plena aplicación de la Ley de Libertad Cubana y el fin del turismo de cruceros, lo cual ha generado millones de dólares en pérdidas para la tiranía castrocomunista. Esta unidad entre los legisladores federales y las organizaciones de la comunidad, mayormente agrupadas en la Asamblea de la Resistencia, ha resultado también en pasos firmes para terminar con otra fuente que es sustento del régimen comunista de Cuba: el intercambio cultural.

Lección que debe ser aprendida, en base a todo lo anterior, por las fuerzas políticas americanas, posibles sectores reformistas dentro de la tiranía comunista de Cuba y demás observadores de la realidad cubana:

La causa de la libertad de Cuba no va a desaparecer hasta que se logre. Es una causa intergeneracional que ha logrado mantenerse viva y en lucha por 60 años. El rechazo al castrismo es profundo y tajante en una mayoría de la población cubana dentro y fuera de la isla. Sobre todo, es un grave error político subestimar el nivel de convicción y decisión del exilio cubano al respecto.

El exilio cubano está vivo y luchando, ha logrado contribuir efectivamente a la situación actual de crisis del régimen. Ahora, por parte del exilio y de la Resistencia son necesarias las iniciativas que allanen el camino a la fase definitiva de la lucha.

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