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Cuenta el general Manuel Cristopher Figuera, exdirector del Sebin, que Nicolás Maduro hace un año, en los días posteriores a la juramentación de Juan Guaidó como presidente encargado, le ordenó detener a la señora Norka Márquez, madre del también presidente de la Asamblea Nacional. No había delito atribuible, pero eso a Maduro no le importa. Quería presa a la mamá de quien aparecía como su rival político. El delito que le inventarían era lo de menos. Para eso hay jueces y fiscales sin moral y sin alma. Maduro quería drenar su furia, desahogar su impotencia. Las imágenes de un joven político insuflando esperanza a las masas, era inadmisible para él. Necesitaba darle una lección, amedrentarlo, asustarlo. Así piensan los cobardes.

La tragedia para Maduro y la banda de delincuentes que lo acompaña es que Guaidó tiene coraje para repartir. Ni el adversario más mezquino puede negar la valentía de nuestro presidente.

La detención de la señora Márquez logró abortarla el general Figuera. El funcionario se resistió a acatar la orden. No iba a apresar a una dama hospitalizada ante una recaída del cáncer al que ha venido derrotando. El general le explicó a Maduro que difícilmente alguien comete un delito en la cama de una clínica. Fue cuando a Maduro se le ocurrió detener a Roberto Marrero, abogado, jefe del despacho de Guaidó. Contra él tampoco había delito, pero Maduro quería un preso, de inmediato. “Siémbrenle armas, drogas, lo que sea”, ordenó.

Es fácil cercenar la libertad a un ciudadano en la dictadura. El general Figuera colocó con Marrero un obstáculo: “No tengo armas para esa operación”. “Que lo haga hache de -así se dirige Maduro a Iván Hernández Dala, director de Contrainteligencia Militar-”. Veinte mil dólares se gastaron en dos fusiles R15 que fueron colocados en la residencia de Marrero. El montaje fue tan improvisado y sus ejecutores tan mamarrachos que en el allanamiento se equivocaron de residencia y entraron con los fusiles a la casa del diputado Sergio Vergara, vecino de Marrero. “Pues no, Roberto Marrero no vive aquí”, y tuvieron que salir los funcionarios con los mismos dos fusiles a sembrarlos en el apartamento del secretario del despacho de Guaidó. Era la madrugada del 21 de marzo de 2019. El teatro continuó con la rutinaria aparición de Jorge Rodríguez con una narrativa fantasiosa -y muy fastidiosa y predecible- orientada a responsabilizarlo de un plan conspirativo o traición a la patria o todas las anteriores. La pauta del guión de Rodríguez incluye obligatoriamente el insulto y la acusación a los presidentes de Estados Unidos y de Colombia.

Roberto Marrero continúa en prisión. Su juicio está en suspenso luego de que la juez Yixis Gutiérrez fue destituida porque para el régimen se estaba comportando de manera imparcial y no parecía inclinada a sostener este montaje.

Para la creación de delitos también funciona la dupla de Delcy Rodríguez y Cilia Flores. Ellas, por ejemplo, inventaron el audio de un hijo de Baduel con el que involucraron a cuatro generales como conspiradores. Todo bajo la coordinación de Jorge Rodríguez quien escribe la trama, llama a los abogados para que ajusten las leyes a su creatividad y mete a la gente en prisión.

El show de Diosdado Cabello es parte del equipo de apoyo. ¿Será que piensa que así va a llamar la atención de Estados Unidos para negociar? Mal espectáculo como siempre, esta vez versó sobre la detención en el aeropuerto de Maiquetía de Juan José Márquez, tío del presidente Guaidó. Ambos venían de regreso de la exitosa gira por América y Europa. Gira que tiene inseguros y enfermos a los usurpadores.

Este acto de soberbia, de absoluta impunidad les puede costar caro. Con la decisión de acorralar a Guaidó sin importar las formas, la dictadura está llevando a muchos por el camino del ataque. Lo que le han hecho al tío de Guaidó, es increíble, cruel y descarado. Después de tenerlo 28 horas desaparecido, simularon una audiencia de presentación para finalmente esperar que Diosdado contara detalles del montaje. Cabello sentenció: seguirás preso. Y después enumeró su interpretación de delitos: portar un chaleco antibalas, unos documentos en inglés -que por supuesto él no entiende-, la tarjeta de alguien que trabaja en el servicio secreto y … explosivo C4. Así lo dijo… Diosdado supone que el mundo va a creer que la aerolínea TAP y el gobierno de Portugal fue cómplice del tío de Guaidó y le permitió introducir y viajar con explosivos desde Europa a Venezuela.

Creen que se pueden seguir burlando del mundo democrático. Es desesperante y sin embargo pienso que se están equivocando Los mafiosos no pueden imponerse sobre la mayoría. Si no pregúntenle al presidente Pedro Sánchez que está mas enredado que un kilo de estopa por haber permitido que la torturadora sancionada Delcy Rodríguez pisara suelo español.

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