Ayer me levanté moderno y de noche, al llegar a casa, me puse un capítulo de El Equipo A. Qué serie tan maravillosa. A Smith, George Peppard, acababan de darle un paliza tremenda los malos, lo tenían tirado en el suelo mordiendo el polvo y lo levantaron solo para propinarle algunos puñetazos más. Le había salido mal una emboscada, su coche estaba en llamas, y Fenix, M. A. y Murdock contemplaban la escena cabizbajos, esposados por una panda de forajidos. Entonces llegó el jefe de los malos para comunicarle a Smith que se disponía a matarlo con sus propias manos. El coronel se puso de pie con ceremonia, encendió un puro, le echó el humo en la cara al hampón y exclamó, sonriendo con todas las teclas al aire: “Me encanta que los planes salgan bien”. Por supuesto, lo cosieron a balazos.

Los ganadores están sobrevalorados. Lo meritorio es aceptar la derrota con una sonrisa. Esa mueca del que sabe que tal vez aún no esté dicha la última palabra. Los Blues Brothers, después de partirse los huesos contra un enorme edificio, se levantan entre los escombros, se sacuden el traje, y se echan a andar en un rotundo silencio. Es obvio que todo ha salido mal. Pero la actitud correcta es sacudirse el polvo del traje y erguirse con cierta elegancia. Todo menos perder la calma. No hay nada más ordinario que los nervios.

Te puede interesar

Ya. Ya sabemos que todo tiende a salir mal en cuanto le das la oportunidad de hacerlo. Lo que ocurre no son pequeños contratiempos. A menudo asistimos a inmensos desastres. Yo mismo hace un par de noches incendié mi equipaje, tratando de quemar con el mechero un hilito que salía de la maleta y me ponía de muy mal humor.

Esos hilos que cuelgan de una camisa, de una maleta o de un neceser. Te miran insolentes. Y yo no puedo evitarlo. Les cruzo la mirada y solo pienso en fuego. Es cierto. Arden a toda velocidad. Nada puede salir mal. Pues sí. Algo puede salir mal. Si el hilo actúa como mecha para desplazar el incendio a toda velocidad hacia la maleta, eso pinta feo. Si la maleta arde con inusitada alegría, si todo está lleno de humo y huele a rata kamikaze en llamas, y si no encuentras el maldito grifo en el baño a tientas, es obvio que te estás metiendo en un lío.

Como en mi otra vida fui bombero, lo solventé con ardor. Mojé el albornoz en la ducha y lo arrojé sobre la maleta. El resultado invita al optimismo moderado: Itxu 1 – Incendio 0. Maleta: empate. Albornoz: rescindido contrato. Es cierto que la salvé, pero también lo es que está quemada y huele a foundie de neumático de todoterreno. Por suerte las camisas están intactas, que ahí si podríamos entrar en la zona de grandes dramas.

Bien. Conozco a mucha gente que al enfrentarse a algo así se tiraría al suelo y se pondría a llorar y a patalear, y con la pataleta se le olvidaría hasta apagar el incendio. Yo fui consciente del desastre que había originado por un hilo desde el primer momento. Fui consciente de la peste que invadía mi habitación. Y fui consciente de lo inmensamente idiota que puedo llegar a ser cuando me lo propongo, sobre todo si cuento con el aliciente de un molesto hilo. Sin embargo, ni me planteé llorar. Me limité a abandonar el lugar de los hechos, que eran unos hechos realmente apestosos, y bajarme a tomar una cerveza para analizar con calma la situación. Siempre es bueno tomar cierta perspectiva.

Cuatro horas después ya había pasado todo, supongo. Y en cualquier caso yo tenía ya demasiado sueño como para extraer conclusiones. Había caído la noche. Mañana sería otro día. Dormí plácidamente. Y en efecto, tras la salida del sol comprobé que habíamos entrado en otro día. La maleta había dejado de oler a chamusquina, ahora emitía unos vapores más próximos a las lentejas pegadas de la semana pasada. Creo que si la cuelgo un par de noches del balcón el drama habrá terminado. Las maletas tienen muchísimo vértigo. Si se siente amenazada, dejará de oler a cosas impropias de la maleta de un hombre de bien. Es mi teoría. No lo intente en su casa.

A Smith, como a Fénix, hay que agradecerles que nos hayan enseñado a sonreír cuando todo va mal. No como una imposición forzosa, sino como una manera de ver la vida. Bien. Van a matarnos. Nos tienen rodeados. El plan ha fallado. Van a torturarnos y después matarnos. Bien. Así que riámonos un poco de estos imbéciles, antes de que empiece la fiesta funeraria. Démosle esa oportunidad a la juerga.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Está de acuerdo con que las policías de Florida entreguen los indocumentados a las autoridades de inmigración?

Las Más Leídas