Juan Guaidó está preso. Aún no lo está físicamente de la dictadura castro-chavista operada por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, pero esto es más grave, Guaidó está preso del mayor acto de mezquindad que la denominada clase política puede cometer contra un pueblo que sufre crisis humanitaria. Guidó está preso del Estatuto para la transición a la Democracia de la “mayoría opositora” en la Asamblea Nacional de Venezuela para la que no es presidente de la República. La gravedad de esta ya inocultable situación política, hace urgente pedir a la Asamblea Nacional que libere a Guaidó para liberar a Venezuela.

La Asamblea Nacional reconoce a Juan Guaidó sólo como presidente de la Asamblea, pero no lo reconoce ni lo deja actuar como presidente encargado de la República, o sea, como jefe del Estado y del Poder Ejecutivo. Para eso ha impuesto en los artículos 7, 25 y 26 del denominado Estatuto para la transición a la Democracia, que asumirá el Presidente Encargado y habrá gobierno de transición sólo “una vez cesada la usurpación de la Presidencia de la República de Venezuela por Nicolás Maduro Moros”. De manera que si Maduro no se va, no hay presidente encargado ni gobierno de transición.

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Los encargados de cumplir el Artículo 233 de la Constitución lo violan y han creado “vacío de poder” porque Venezuela no tiene presidente, ya que Nicolás Maduro es un usurpador y Juan Guaidó no es ni será reconocido como presidente encargado “hasta que cese la usurpación de la Presidencia por Nicolás Maduro”. Esta situación que por su persistencia ya no parece un error, es la más conveniente para sostener y mantener al dictador y a la dictadura en un escenario de gran simulación donde nada es lo que parece.

El presidente de la República de Venezuela, de acuerdo al Artículo 236, de la Constitución tiene -entre otras- las atribuciones de: “dirigir la acción del gobierno”; “nombrar y remover el Vicepresidente Ejecutivo, nombrar y remover los Ministros”; dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios….”; “dirigir las Fuerza Armada Nacional en su carácter de Comandante en jefe y ejercer la suprema autoridad jerárquica de ellas y fijar su contingente”; “ejercer el mando supremo de las Fuerza Armada Nacional, primer oficiales….”; “administrar la Hacienda Pública Nacional”…;”nombrar y remover funcionarios”, y más. Guaidó no ejerce estas funciones porque está con las manos atadas.

En la lucha para terminar con la usurpación del poder que ejerce de facto el dictador Maduro como títere de la intervención castrista en Venezuela, internamente son necesarias “medidas de gobierno” que sólo pueden ser tomadas por el Presidente Encargado con su “Gabinete de Ministros” y conformando “Gobierno”. Como jefe de las Relaciones Exteriores de la República junto con su canciller estará en la obligación de pedir a Cuba el inmediato retiro de sus fuerzas de ocupación de territorio venezolano y llevar este pedido a los organismos internacionales con el respaldo de los países que lo han reconocido y en caso de contumacia pedir y dirigir una “fuerza internacional” para tal propósito.

La dictadura usurpa el poder con acciones de criminales que se han apoderado de los mandos militares y que violan la Constitución, situación que debe tener principio de solución con el presidente encargado y su ministro de Defensa “destituyendo los mandos militares usurpadores y nombrando nuevos mandos”, “ordenando promociones de oficiales”, ejerciendo como “Comandante en Jefe”.

Con presidente encargado, además del ámbito internacional y militar, se ejercerá gobierno desde la crisis humanitaria hasta la economía. Se deberán crear las condiciones mínimas para la recuperación de las libertades individuales, la liberación de los presos políticos, el retorno de los exiliados, la recuperación del estado de derecho y las condiciones para elecciones libres y limpias.

Liberar a Guaidó quiere decir permitirle ser presidente encargado de inmediato, ayudarlo a formar gobierno de unidad nacional y apoyarlo de verdad dejando de lado la “política de dos caras”.

Pero liberar a Guaidó es muy peligroso porque con pueblo, gobierno y respaldo internacional acabará la dictadura y al hacerlo consolidará su gran imagen política. Esto le permitiría ser el mejor candidato y eso parece lo más peligroso para la casi docena de candidatos potenciales que hoy controlan la Asamblea Nacional y que hasta ahora prefieren la sobrevivencia de la dictadura que permitir a Guaidó que la derrote.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

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