Cuentan que un atribulado Vladimir Padrino López ha expresado preocupación a sus amigos ante la imposibilidad de evitar que sus hijos se sigan afectando por el desprecio que el país siente por él. No ha sido suficiente sacar a su descendencia para Europa, disfrazar sus identidades y rodearlos de jóvenes millonarios a quienes solo les importa la variación del placer. Siempre alguien los olfatea, como si estuviesen marcados con una señal imborrable que será detectada donde estén. No es un secreto que muchos herederos de funcionarios del chavismo se avergüenzan de sus padres. Los que no, se han incorporado al mecanismo de corrupción y terminan pagando para no estar solos. Se rodean entonces de personajes descaradamente chulos.

Hijos de rostros civiles del régimen ven a sus padres como ladrones, mentirosos, oportunistas y cobardes. Eso debe ser muy duro, por mucha carga psicopática inescrupulosa que tengan los jefes de la dictadura.

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Pero el asunto con los militares es bastante peor. Su lista para ser odiados es más larga que la de los civiles porque Nicolás Maduro se sostiene sobre ellos, junto a las mafias que la FANB permite operar o que lo hace como socio de ellas. Los militares cohabitan también con colectivos violentos y grupos de seguridad construidos para matar, para aterrorizar, para torturar, para impedir que la gente que está harta, salga a las calles a protestar. La FANB ha quedado como el rostro de la cobardía, de la agresividad, de la ilicitud. El ejemplo del cinismo capaz de mantenerse en el poder para su provecho personal a conciencia de que millones huyen y miles mueren.

En la FANB que aún sostiene a Maduro no hay honor, ni hombría. Los altos miembros de la Fuerza Armada venezolana siguen apoyando a Maduro por dinero. Y los de la parte más baja de la pirámide lo hacen por inercia, por miedo y unos cuantos por comodidad. Padrino López a la cabeza de la FANB ha traicionado el principio fundamental de defender a la patria. Ha sido cómplice en la violación de nuestra soberanía. Ha organizado el ingreso de cubanos con acceso a información secreta de seguridad, se ha asociado con mafias rusas, ha entregado nuestras riquezas a chinos, ha permitido torturas y ordenado represión. Ha obedecido a mafias y colectivos. Se entiende entonces que ninguna familia decente quiera que su descendencia sostenga algún tipo de contacto o relación con un miembro del alto mando militar. Mucho menos con la de Padrino López.

Recientemente circuló en redes sociales la declaración de uno de los más de mil efectivos militares o miembros de equipos de seguridad que huyó de Venezuela y manifestó su reconocimiento y apoyo al presidente encargado, Juan Guaidó. El 23 de febrero pasado, los periodistas mostraron testimonios conmovedores de venezolanos desesperados corriendo por sus vidas. Algunos con gran dignidad se negaron a acatar la orden de reprimir y posiblemente asesinar a sus hermanos venezolanos. Otros, más pragmáticos, confesaron querer comida y una cama para dormir. Explicaron otros que los colectivos armados tienen privilegios por encima de los efectivos militares. El colectivo duerme en una cama, el soldado en el piso. Con ese mismo criterio son repartidas las tareas. Los ilegales comen primero. Las sobras quedan para los soldados.

William Cansino, exfuncionario de las violentas FAES, declaró en nombre de sus compañeros que emprendieron camino a Colombia –otros menos se fueron a Brasil–. El joven, con rostro fresco, afeitado y descansado (muy distinto al del 23F) expresó su desagrado por no estar recibiendo la respuesta que esperaban por su apoyo a Guaidó. Cansino explicó que ellos están refugiados en un hotel donde además reciben alimentos y asistencia médica de ser necesaria. (Ha debido agregar que hay agua y electricidad). Se queja entonces el exfuncionario de que no les den más nada, entiéndase dinero. “Nos sentimos desprotegidos, sin ningún respaldo. No nos dan respuesta, no nos visitan. Queremos que nos den para ayudar a nuestras familias”. Se lamenta también de que muchos de los militares se hayan visto en la necesidad de seguir hacia otros países para buscar trabajo. En descarga del joven militar hay que destacar que hizo hincapié en que la única solución es derrocar a Maduro.

Esta FANB visible de refugiados militares que se muestran pedigüeños, con poca lealtad y una moral endeble, vulnerable a ser quebrada por la obtención de dinero fácil, no es la que defiende una democracia. Es la que huye para sobrevivir.

La otra FANB, la honorable, es la que estamos esperando ver. ¿Existe?

@ibepacheco

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