Muchos en Washington se preguntan si la muerte del líder iraquí de la organización terrorista ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi, realmente puede dar un impulso determinante a la reelección del presidente Donald Trump.

Después de todo, el tema de la seguridad nacional es una de las prioridades políticas de la Casa Blanca.

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No hay duda del éxito de la incursión de las tropas de operaciones especiales de Estados Unidos pero ¿tendrá acaso el mismo efecto que tuvo para el expresidente demócrata Barack Obama la muerte de Osama bin Laden, el fundador de Al Qaeda y autor intelectual de los ataques terroristas del 11 de septiembre, cuando fue abatido en mayo de 2011?

El anuncio proporcionó un impulso inmediato a favor de Obama en las encuestas, y es que un liderazgo fuerte es uno de los principales atributos de un presidente.

Ahora bien, aun cuando los demócratas votaron la semana pasada para dar luz verde a las audiencias públicas que eventualmente iniciarían un proceso de destitución para Trump, un tema que acapara la atención diaria de los medios, por el supuesto intercambio de favores políticos con Ucrania a cambio de ayuda financiera estadounidense, el mandatario podrá utilizar el argumento de que gracias a él se dio al traste con el liderazgo del terrorista que amenazaba la paz de Estados Unidos y del mundo.

El presidente Obama hizo de igual manera, referencia frecuente al asesinato de Bin Laden cuando estaba haciendo campaña para su reelección.

El crédito obtiene su justificación cuando, en última instancia, siempre es el Presidente quien autoriza operaciones de este tipo en el extranjero.

En su momento, Obama se arriesgó a lanzar una misión encubierta para atacar a Bin Laden, a pesar de que los servicios militares y de inteligencia estadounidenses solo estaban un 60 por ciento seguros de que el entonces líder de Al Qaeda era el hombre que había sido avistado en Abbottabad, en Pakistán.

Para Trump, la decisión representó un riesgo menor porque contó con la ayuda de un espía que proporcionaba inteligencia clave sobre Baghdadi desde su complejo en el noroeste de Siria, por lo que los jefes militares y de inteligencia estaban convencidos de que el líder de ISIS estaba en el sitio, antes de iniciar la operación.

Sin embargo, hubo muchos otros factores que Trump tuvo que tener en cuenta antes de tomar su decisión pues había la posibilidad de un potencial desastre dado que las tropas estadounidenses de operaciones especiales volarían un área hostil en una Siria ocupada por milicias vinculadas a Al Qaeda y donde los rusos y los sirios leales al Gobierno dominaban el espacio aéreo diariamente por operaciones de combate.

Cada escenario tuvo que ser examinado en detalle, incluido el informe a los rusos y los turcos de que el ejército de Estados Unidos estaría usando su área de influencia pues el complejo de Baghdadi estaba a solo cuatro millas de la frontera turca.

En otras palabras, era un entorno inmensamente complejo para una operación encubierta.

En una campaña de reelección, una acción de este tipo siempre ayuda a la causa de un presidente a menos que la operación hubiera fallado por una razón u otra.

Por ejemplo, las posibilidades de reelección para Jimmy Carter en 1980 fueron afectadas luego de que autorizara el fracasado rescate de los 52 rehenes estadounidenses retenidos por estudiantes militantes iraníes en la embajada de Estados Unidos en Teherán. Las fuerzas de operaciones especiales enviadas para liberarlos nunca llegaron a la capital iraní. Sus helicópteros aterrizaron durante una tormenta de polvo y un helicóptero chocó con un avión de transporte estadounidense, matando a ocho militares.

En este otro caso, para alivio de Trump, la misión del sábado 26 de octubre parece haber salido según lo planeado.

Así, aunque los demócratas estén llevando adelante su investigación de juicio político, la muerte de Baghdadi durante el primer mandato de Trump pasará a la historia como la operación militar más notable, desde el asesinato de Bin Laden.

Si bien es cierto que la muerte del líder terrorista no representa el fin de ISIS, así como la desaparición de Bin Laden no resultó en el colapso de Al Qaeda , igual Trump puede presentar el hecho como una victoria militar en el extranjero que puede exhibir como un logro en contra de los demócratas.

La incursión representó un momento político importante para el mandatario, que aprovechó al máximo cuando habló desde la Casa Blanca para anunciar la muerte de Baghdadi. Estaba tan complacido con la noticia que no pudo resistirse a tuitear, horas antes, que algo grande había sucedido.

Puede que haya otros posibles éxitos en el extranjero como un acuerdo comercial integral con China o la ansiada desnuclearización de Corea del Norte, pero es poco probable que cualquiera de estos objetivos políticos se alcance antes de noviembre de 2020.

Por lo pronto, la incursión militar contra el jefe terrorista en Siria representa la mejor carta de Trump a presentar sobre sus logros.

Preguntamos ¿Será suficiente para conjurar los peligros de juicio político y lograr la reelección?

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