miércoles 4  de  marzo 2026

Una parte de nosotros mismos

Mi padre solía hablar de Venezuela y las circunstancias que históricamente la unían al pueblo de Cuba. Creo que con la excepción de México, espléndida geografía que ha anidado lo mejor de la cultura de la isla, haciéndola casi suya, Venezuela se levanta en mi memoria como otro el sitio de Latinoamérica donde la cubanidad ha dejado su huella indeleble.
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Resulta conveniente recordar que nuestra deuda se remonta al venezolano Narciso López, quien diseñara la bandera de la u201cestrella solitaria u201d junto al criollo Miguel Teurbe Tolón.

Hace ya algunos años, cuando pensamos que Miami Dade College debía expandir sus operaciones en el oeste del Condado, no hubo la menor duda en considerar a la Ciudad del Doral como nuestra próxima frontera académica.
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El Campus que tenemos allí tiene un componente significativo de los venezolanos que han hecho de aquella comunidad el refugio ante los avatares por los cuales atraviesa su añorada patria.
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Realmente la presencia de venezolanos entre nuestro alumnado resulta significativa en el resto de la institución. Son alumnos de alto aprovechamiento académico y muy perseverantes en sus metas.
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Recuerdo que durante la visita de Henrique Capriles Radonski a Miami Dade College, muchos de sus jóvenes coterráneos le hicieron saber, con suma pasión, que se preparaban profesionalmente en las aulas del College para luego asumir la responsabilidad de colaborar con la reconstrucción del tejido democrático de la nación, seriamente dañado.
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Durante aquel evento masivo y memorable pude constatar, una vez más, que el futuro de Venezuela estaba garantizado por el compromiso de las nuevas generaciones.

No podía ni soñar, entonces, que, unos pocos meses después, seríamos testigos de cómo los hermanos, primos o parientes de esos muchachos y muchachas de Miami, salían a las calles de Caracas y de otras ciudades venezolanas para reclamar, pacíficamente, los derechos que le han sido conculcados.
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Me duele mucho que esa nueva generación esté ofrendando su vida, en no pocas ocasiones, para construir la Venezuela que todos se merecen. No dejo de pensar que la reina de belleza abatida de un disparo puede haber sido la alumna que hoy me crucé en un pasillo del College.
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Todos tenemos la obligación de pensar en Venezuela, de solidarizarnos con sus ansias de libertad y democracia. No es un país distante y ajeno, son nuestros vecinos y estudiantes, es una parte de nosotros mismos que se desgarra.

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